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Según los cálculos del Indec, el flujo constante de la fuga de capitales
llegó a completar un stock de u$s190.087 millones al cierre del 2018. Esa sería
la cantidad de dólares que los argentinos tienen guardados en cuentas en el
exterior o en sus colchones. Respecto al cierre del 2017, esa cantidad
implicaría que durante el 2018 salieron, para la fuga, u$s23.748 millones para
atesoramiento por fuera del sistema.
El director de Eco Go, Martín Vauthier, destacó que esos u$s190.087
millones equivalen a 58 años de inversión extranjera directa, es decir
productiva, tal el ritmo que mostraron durante el 2018. Y dijo: "Esto es
la consecuencia de décadas de tasas negativas y licuaciones de los ahorros de
los argentinos: el pequeño ahorrista siempre compra dólares independientemente
de la tasa".
Y agregó: "Si de una vez por todas decidimos construir una moneda,
en forma gradual estos más de u$s190.000 millones van a ir volviendo. En
magnitud, este stock es equivalente a 58 años de Inversión Extranjera Directa
al ritmo de 2018 (us$3.242 M en términos brutos). El potencial es enorme".
Un informe de Proyecto Económico coincidió en que más allá de la tasa y
del precio del dólar, la fuga continúa incesante: "Los manuales de
economía suelen atribuir la salida de capitales por motivos financieros a la
falta de estímulos al ahorro en pesos (tasas de interés) o a procesos de
elevadas expectativas devaluatorias. No obstante, el 2018 y el 2019 han
demostrado que la salida de capitales tiene componentes estructurales. El
brusco salto cambiario y su limitado efecto sobre la Formación de Activos
Externo de los argentinos (FAE), así como la absoluta ineficiencia para
contener los capitales de cartera, los cuales mostraron sistemáticamente
valores negativos, recién revertidos en febrero (u$s175 millones), dan cuenta
de ello".
La fuga de capitales sigue siendo una de las principales explicaciones
de los desbalances externos. Durante el 2019 las consultoras privadas prevén
que haya continuidad de la compra de dólares, en parte por las tensiones que
suelen agregar los años electorales por la vía de las incertidumbres respecto
al programa financiero del próximo Gobierno. Por otro lado, también juegan las
dificultades oficiales para disciplinar la dinámica de precios y las altas
obligaciones que genera el endeudamiento externo. Así es que en sus
proyecciones más pesimistas, los privados llegan a prever atesoramiento por más
de u$s20.000 M.
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