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Por Salvador Di Stéfano - La inflación no cede,
el dólar sigue reptando y la tasa de interés en niveles
estrafalarios. Todo va en la misma dirección. Hay causas estructurales y
coyunturales, se atacaron muchos problemas, pero las subas ponen muy nervioso
al mercado y se vive incertidumbre.
La inflación en el mes de marzo sería del 4% y rondaría el 10% para el
primer trimestre. Se están utilizando todas las herramientas monetarias para
detenerla. Sin embargo, el resultado no se ve en lo inmediato. La
circulación monetaria está congelada, representa solo el 6% del PBI y no hay
registros de niveles tan bajos de dinero en la calle.
La tasa de interés de política monetaria se ubica por encima del 67%
anual y está representada por las Leliq. Sin embargo, la tasa de plazo fijo no
pasa del 45% anual. Estos instrumentos están muy bien remunerados, la inflación
para todo el año 2019 se espera en el 38% anual. La mediatización de la tasa de
Leliq hace que los inversores se vean con las manos vacías cuando hacen un
plazo fijo y ante esta situación compran dólares.
El crédito cayó a niveles inimaginables y ya representa sólo el
14,8% del PBI. Hace seis meses que el crédito no crece en términos reales. Las
carpetas de las empresas no logran mejorar su clasificación con activos que no
ajustan por inflación, una tasa de inflación del 50% anual y una devaluación
del 100% anual.
Todo lo monetario se hizo de acuerdo a manual de procedimiento, pero la
suba de tarifas públicas, combustible y la mayor presión tributaria nos lleva a
una inflación desbordante.
Por otro lado, la falta de inversión en la economía alarma. El PBI en el
año 2018 cayó el 2,5% anual, las inversiones cayeron el 5,8% anual. El consumo
privado el 2,4% y el consumo público el 3,3% anual. Lo mejor pasó por las
exportaciones que tuvieron un comportamiento neutro, las importaciones cayeron
el 5,1%. En conclusión, el país no muestra una mejora en el rubro inversiones,
y el consumo lejos de acompañar te hace retroceder. En los 3 años de Gobierno
el PBI cayó el 1,8% en 2016, creció el 2,4% en 2017 y cedió el 2,5% en 2018.
¿Qué está sucediendo entonces con los actores de la economía? La
respuesta es muy simple, los capitales privados entre los años 2015 y 2018
abandonaron el país, los activos de los argentinos en el exterior huyeron por
un monto total de U$S 105.488 millones. Es dinero de privados que optó por
emigrar de Argentina y radicarse en otros países. El stock total de activos
fuera del país suma U$S 377.254 millones y representa el 98% del PBI.
Paralelamente a esta salida de fondos, el gobierno de Mauricio Macri
llevó adelante gestiones para volver al mercado internacional de crédito,
saldando cuentas viejas, pero también tomando deudas nuevas. La deuda externa
argentina, incluyendo sector público y privado creció en U$S 110.509 millones
entre el año 2015 y 2018. El stock total de deuda pública y privada asciende a
u$s 277.921 millones 72% del PBI.
Podríamos decir que en el gobierno macrista se fueron capitales por U$S
105.488 millones y el endeudamiento creció en U$S 110.509 millones. Una
ecuación extremadamente desfavorable para los ciudadanos de este país.
El dinero que se fue de Argentina dejó al país con menos inversión,
ahorro y empleo. La deuda que tomamos hipoteca a las generaciones actuales y
futuras ya que todos tendremos que hacer un gran esfuerzo para honrar la deuda
contraída.
Argentina no tiene un problema económico, atraviesa un severo problema
de confianza, no hay forma de lograr crecer económicamente si los propios
argentinos emigran con su dinero al exterior.
Después de 12 años de gobierno kirchnerista, en donde se terminó la
gestión con cepo al dólar y restricciones severas para sacar el dinero del
país, la nueva administración otorgó libertades en el movimiento de capitales,
que le permitieron salir a todo el que lo deseara. Durante la actual gestión se
hizo un exitoso blanqueo de capitales, que permitió que se declarasen activos
por u$s 116,8 millones, este dinero lejos de ingresar quedó mayoritariamente
fuera del país.
En el primer año de su gestión, la administración de Cambiemos tuvo una
mala cosecha de trigo y maíz, y una buena de soja. En el segundo año desmejoró
en soja, pero tuvo buenas cosechas de trigo y maíz. El tercer año tuvo la peor
seca de los últimos 50 años. En todos los casos los precios fueron decrecientes
para soja y maíz. En el año 2018 exportamos lo mismo que en 2015, las
importaciones fueron unos 18% inferiores.
El gobierno de Macri no recibió las inversiones necesarias para que la
economía crezca, entre 2018 y 2015 el PBI cayó el 2%, y la inversión estuvo
ausente. Los capitales privados fugaron más de U$S 100.000 millones, y la deuda
creció en más de U$S 100.000 millones para honrar deudas impagas del anterior
gobierno, financiar el déficit fiscal e iniciar un plan de obra pública. Todo
esto no contagió al sector privado, y el resultado es un país cuyos indicadores
macro son similares a los del año 2015.
El Banco Central pudo recuperar reservas reales, pero de ningún modo
pudo contener la suba de precios en la economía, que aumentaron no por un mal
manejo monetario, el problema es que la lluvia de inversiones nunca llegó, y
quedaron con paraguas en la mano y tiempo seco.
Sin inversión es imposible tener una inflación baja y un tipo de cambio
estable. El Gobierno no solo no logró seducir a los inversores del exterior,
los inversores locales sacaron sus dólares de Argentina. Atravesamos una gran
crisis de confianza, la proximidad de las elecciones con competidores y planes
tan opuestos no hacen más que exacerbar la volatilidad del dólar en el mercado.
El tipo de cambio no debería subir porque estamos frente al ingreso de
dólares de la cosecha y la llegada de fondos frescos del FMI, sin embargo, si
los argentinos siguen fugando capitales, la suba del dólar está asegurada.
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