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Por Carlos
Burgueño - Aguantar. Hasta abril. Combatir con las armas ya conocidas y confiar
en que la oferta de dólares mejorará desde ese mes. Esperar que terminen las
alzas de precios derivadas de la acumulación de incrementos tarifarios. Y luego
contraatacar. Esa es la estrategia oficial para las próximas jornadas y que
dentro del Gobierno de Mauricio Macri se repite como un credo. Más allá de las
dificultades, y de una visible falta de confianza en el público ante el posible
éxito de la táctica monetaria y financiera; se afirma y se repite con ahínco
que en poco tiempo los primeros resultados positivos comenzarán a verse. Y que
para el momento en que los argentinos vayan a votar al próximo Presidente, la
situación será mucho mejor y más proclive al optimismo que la actual.
Se asume que este primer trimestre del 2019 es el segundo peor momento
económico de toda la gestión de Mauricio Macri, luego del período septiembre-
octubre del año pasado. Y que hay algo de culpa en que la situación se perciba
como negativa. En primer lugar se reconoce que el país será siempre más
castigado que cualquier otro emergente cuando haya movimientos internacionales
fuertes. Es lo que sucedió ayer, en una jornada inaugurada con la decisión del
gobierno turco de imponer controles de capitales, seguido por la polémica en
Brasil por las limitaciones que el Congreso impone a la reforma previsional que
impulsa Jair Bolsonaro y que provocó la amenaza de renuncia del ministro de
Economía Paulo Guedes (ver pag. 19). Ambas situaciones internacionales
derivaron en una nueva crisis para las monedas emergentes, donde el país (sin
que haya mediado ninguna novedad local) se contagie y sufra más que ninguna
otra la salida de la moneda local a favor del dólar. La mala percepción sobre
el corto plazo de los inversores internacionales del mercado de capitales y su
decisión de salida a cualquier precio, provocaron el sufrimiento del peso
local; y su devaluación de ayer de 2,86%. Sobre este punto, dentro del Gobierno
hay una mirada algo optimista. Con el listado de los compradores de dólares de
las últimas cinco jornadas sobre la mesa (especialmente las últimas tres), afirman
en despachos de la Casa de Gobierno que los que se están yendo del mercado
local son fondos de inversión de alto nivel especulativo que ingresaron con el
dólar deprimido del período mediados de enero y comienzos de febrero. Y que, en
consecuencia, su salida serviría para limpiar el mercado de demanda de dólares
locales. Se aseguraba en el equipo económico, que la huida de este tipo de
inversores era esperada para antes de las elecciones; pero que, ante el
panorama internacional y local (y luego de haber hecho una buena diferencia en
pesos), decidieron adelantar la decisión de salida y dolarizar sus posiciones
previa transferencia de ganancias al exterior. Según la interpretación oficial,
cuanto antes se libere el mercado argentino de estos operadores, más cerca
estará la tan ansiada estabilidad cambiaria. Hay otro dato que se aporta desde
el oficialismo: los particulares casi no participaron de las últimas corridas
contra el peso, por lo que se supone que el proceso dolarizador de esta parte
de la sociedad demandante de divisas estaría ya casi al límite. La soledad con
la que operaron las casas de cambio demostrarían esta tesis. Por el lado de las
grandes empresas, se asegura en el Gobierno que tampoco estarían en una
posición de alta demanda de divisas; ya que, se supone, estarían más
interesadas en las colocaciones a plazos en pesos a la espera de tener que
liquidar aumentos salariales en moneda local, que de demandar dólares caros que
luego deberán vender ante la seguridad que, recesión mediante, la llegada de
pesos desde el mercado interno se verá más que limitada.
En medio de estas especulaciones sobre la demanda de dólares y sus
actores en el mercado; desde el Gobierno se confía en la doble gran apuesta de
abril. Por un lado, se insiste hasta el infinito, que desde la semana próxima
llegarán los dólares. Primero, lentamente, los de las primeras liquidaciones de
la cosecha; luego los del FMI y finalmente los provenientes del resultado
positivo entre importaciones y exportaciones. Y que este aumento en la oferta
de divisas, hacia mayo, se convertirá en una realidad sólida que le
proporcionará al Gobierno armas que hoy no tiene para combatir la defensa de la
estabilidad del tipo de cambio. Se reconoce que en el mientras tanto la
situación parece complicada y que el contexto internacional y local no ayudan.
Y, se habla y protesta todo el tiempo, por el regreso del “dólar histeria” en
el país; algo que en Argentina es un insumo básico del comportamiento del
mercado cambiario. Cualquiera que quiera gobernar el país y manejar su
economía, debe aprender a convivir con esto.
El segundo factor al que se apunta como molesto, es la acumulación de
incrementos del cuadro tarifario entre febrero y abril; lo que afecta
directamente a la gran meta del gobierno de Mauricio Macri: dominar la
inflación. Se considera que el cuadro de aumentos provocará la mitad del alza
del IPC en el primer trimestre del año, tendencia que continuará durante abril.
Las estimaciones varían, pero se habla de no menos de 7 puntos del indicador que
en ese período serán culpa de la decisión oficial de apelotonar los incrementos
de luz, gas, agua y transportes en esta época del año; en una estrategia
arriesgada para liberar de estas presiones al período electoral que comienza
con las PASO del 11 de agosto. El problema que comienza a percibirse en este
esquema, es que la presión inflacionaria generada por el esquema de incremento
de tarifas (sumada a la presión por el inicio de las paritarias del 2019);
podrían ocasionar una nueva generación de efectos alcistas sobre los precios,
provocando un efecto alcista extra en el IPC del período junio- agosto. Ni
hablar si el factor dólar no se controla y continúa su efecto sobre los
precios. Justo el tiempo en que la inflación debería mostrar una baja sólida.
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