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Por Gustavo Ber - Luego de evidenciarse señales de agotamiento en
la capacidad de elevar la tasa de Leliq para
¨domar¨ al dólar, los inversores se encuentran atentos a las próximas
estrategias de las autoridades económicas en busca de poder devolverle mayor
tranquilidad a la marcha de la divisa aún en un incierto año electoral.
A pesar de la disparada de más de 23 puntos porcentuales desde los
mínimos, que ya ubica a la tasa de política monetaria por encima del 67% anual,
dicha herramienta ya no tendría efecto en convencer a los inversores en
mantener sus apuestas en pesos, y así es que se observa una incipiente mayor
dolarización.
Más que continuar reforzando dicha estrategia, a través de un mayor
endurecimiento del apretón monetario, la nueva hoja de ruta apuntaría a mejorar
el mecanismo de transmisión de la tasa en el sistema financiero.
Ello se debe a que el fuerte repunte de la Leliq no ha sido acompañado
por la tasa Badlar, que actúa como referencia para los ahorristas en plazo
fijo, y es crucial que las autoridades encuentren las herramientas necesarias
para inducir a los bancos a mejorar rápidamente la remuneración para poder
lograr renovaciones.
La urgencia de dicha inciativa se debe a que los ahorristas de plazo
fijo representan una importante ¨demanda potencial¨ de dòlares que podrían
sumarse a la de inversores - en especial de fondos extranjeros - que decidieron
cerrar apuestas en títulos en pesos y aceleraron el repunte del dòlar en las
últimas semanas.
Aùn cuando la divisa todavía se encuentra por debajo de la media de la
zona de no intervención, la marcada volatilidad intradiaria y el continuo
reacomodamiento alcista que acumula recientemente despierta importantes
preocupaciones, en especial ante la incertidumbre electoral y las
vulnerabilidades económicas.
En vista a ello, la nueva apuesta de las autoridades sería incentivar
una mayor oferta de divisas que pueda contrarrestar una demanda que - aún
cuando todavía resulta limitada - está tomando el mando de la plaza cambiaria,
y es por ello que cotidianamente despierta inquietudes al regular el ritmo del
dólar.
No sólo proximamente se pondría en marcha la subasta de dólares del
Tesoro a razón de U$S 60 millones diarios, estrategia validada por el FMI, sino
que se espera que aún cuando el campo pueda liquidar sin demasiado apuro la
cosecha estaría sumando en promedio un monto al menos similar a la plaza.
De dicha manera se apuntaría a poder volver a transitar una etapa de
mayor calma, que no implica que el dólar deba ni quedarse planchado ni mucho
menos retroceder terreno, dado que frente a un escenario de aún elevada
inflación sería en el tiempo recorrer una vez más un peligroso camino hacia un
atraso cambiario.
En ese sentido, el objetivo debería ser en la dinámica del dólar una
convergencia ordenada hacia la evolución de la inflación y de las tasas a
fin de que la ¨fiebre¨ por la divisa - habitual en períodos electorales de
elevada incertidumbre como el actual - no recrudezca al sumar nuevos tenedores
de pesos y ello pueda desembocar en otra crisis cambiaria, con adversas
implicancias económicas, políticas y sociales.
Lograr poner ¨paños fríos¨ a la demanda de dólares actual, y en especial
a la potencial, debería ser el obetivo de máxima hasta las elecciones, dado que
el actual ambiente no ofrece espacio para que los inversores puedan recuperar
la confianza, la cual es el verdadero remedio para desactivar las presiones
cambiarias.
Ello se refleja en un elevado riesgo país de 780 pb. que no ha logrado
reducirse ni siquiera con los recursos del FMI para atender los compromisos de
deuda de este año y parte del próximo, ya que existen dudas sobre el programa
financiero 2020, y de los siguientes años, que deberá atender la futura
administración.
Ni siquiera los menores rendimientos internacionales, tal como refleja
el bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años por debajo del 2,40% ante la promesa de
la Fed de suspender la suba de tasas este año por las crecientes
preocuperaciones de una desaceleración económica global, están permitiendo
recuperar el acceso al crédito externo, a diferencia de otros emisores
emergentes que aprovechan estas ventanas de financiamiento.
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