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Por Claudio Zlotnik - Algunos economistas que en las últimas jornadas
se cruzaron con Guido Sandleris coinciden en el diagnóstico: lo notan golpeado.
Preocupado por la situación. "Muy humilde y hasta empático con quienes la
están pasando mal por la crisis", enfatiza uno
de los consultores que hace unos días compartió una cena con el banquero
central.
No es para menos. A punto de
cumplir seis meses, el "Plan Sandleris" está bajo fuego. El paquete
lanzado al inicio de octubre último tenía como único objetivo la estabilización
del tipo de cambio. Algo que quedó en duda: solo en lo que va de marzo, el
precio del dólar subió 12%,
cuatro veces más de lo que, en promedio, rinde un plazo fijo.
Un panorama radicalmente distinto al de hace
apenas un mes, cuando el vicepresidente del Central, Gustavo Cañonero, les
pedía a los periodistas que lo dejaran "disfrutar el momento" de una
breve paz cambiaria.
El alza del tipo de cambio se aceleró en las
últimas jornadas, a pesar de que el Banco Central intentó morigerar esa
tendencia con una fuerte suba de la tasa de interés de referencia, lo que le
agrega una dosis adicional de incertidumbre a la situación.
¿Se agotó el plan de estabilización? Algunos de los economistas con mayor reputación en
la City han sido muy críticos en los últimos días. La credibilidad en el
esquema se cortajeó, sin dudas. "Confianza cero", dice un banquero
para graficar el momento.
Postulados en
revisión
Lo cierto es que algunos de los postulados de
Sandleris han quedado sepultados por la realidad. Sobre todo aquello de que el
severo apretón monetario serviría para aplacar al dólar. Y que la inflación
mostraría una tendencia bajista, mes tras mes.
Primero Alfonso Prat Gay y luego Ricardo Arriazu
-solo por mencionar a dos de los economistas más escuchados en la City
porteña-, han disparado contra la férrea estrategia encarada por el Banco
Central, pero impuesta por el Fondo Monetario Internacional.
Prat Gay calificó de
"diabólico" al esquema de bandas cambiarias consensuadas con
Washington. Arriazu directamente acusó de "talibanes flotadores que no
entienden que Argentina piensa en dólares" al staff
del Fondo que impuso las reglas adoptadas por el BCRA.
Semejantes definiciones no hicieron más que
ahondar las dudas y la incertidumbre sobre lo que podría sobrevenir en las
próximas semanas. ¿Puede repetirse la pesadilla del año pasado, con un billete
verde disparado? Algo que tendría, sin dudas, impacto económico y social, pero
sin dudas también político.
Mauricio Macri sabe que no hay chances de
reelección con una nueva devaluación, lo que implicaría un rediseño del
escenario electoral.
Frente al recalentamiento del
mercado cambiario, en la Casa Rosada y en el Banco Central llaman a la calma.
El argumento se enfoca en que las subas de esta semana se explican por la ola
negativa que hundió a las monedas de la región y a otras emergentes, como la
lira turca.
Y confían en que, a partir de la próxima semana,
la oferta de billetes verdes se acomodará con las liquidaciones de los
exportadores de soja. Minimizan la posibilidad de un escenario donde haya
retención de divisas por parte del "campo".
Según el economista Miguel Kiguel, ese aporte
debería acercar entre u$s50 y u$s75 millones diarios que hoy no están. A los
que se sumarán los u$s60 millones que otorgará el FMI a partir de mediados de
abril. Pero para ese momento, en los plazos que vive la Argentina, falta una
eternidad.
Tasas de
interés, con la pólvora mojada
Aunque el campo haga su aporte, desde algunos
bancos internacionales observan debilidades. Aun incorporando la volatilidad en
los mercados emergentes, el contagio violento hacia la Argentina se analiza
como una fragilidad sobre una partitura que se creía a prueba de balas.
Y, lo peor, radica en que la tasa de interés -el principal arma del BCRA para defenderse
de un ataque- dejó de disciplinar al "mercado". Al menos en estas
dosis.
"Hoy en día resulta muy barato apostar en
contra de la Argentina", resume el analista de un banco europeo con sede
en Wall Street. "El mercado cambiario se mueve con muy poco dinero",
concluye, dando una pista de lo que sucedió en las últimas jornadas.
En el Gobierno tomaron nota de que un grupo de
fondos de exterior desarmaron sus posiciones en Lecap (deuda en pesos) para
dolarizarse y sacar las divisas del país. Un carry trade negativo.
Llegado a este punto, el tema de debate pasa a
ser si aun en un nivel de 68,3%, la tasa sigue siendo baja. Ocurre que, a
diferencia de lo que sucedía al inicio del Plan Sandleris, ahora no todos están de acuerdo con que la
tasa siga teniendo el mismo poder disuasorio ante el mercado cambiario.
El argumento de los escépticos es que si el
Central respondiera a esta volatilidad del dólar con una suba
fuerte de las tasas, podría producirse un efecto opuesto al buscado.
El comentario entre inversores y banqueros es
que una medida de ese tipo podría ser leída por el mercado como una señal de
debilidad, algo así como un "manotón de ahogado" que genere pánico e
induzca a una salida de capitales a un ritmo mayor que el observado hasta
ahora.
La debilidad del esquema armado por el FMI -y
aceptado por el Banco Central- radica en que cuando se da esta dinámica, la
mesa del BCRA se queda atada de manos. No puede intervenir para atenuar la suba
del tipo de cambio. En la Argentina, un dólar en continua
alza trae problemas.
La regla consensuada con el FMI dice que el
Central sólo podría vender divisas cuando la cotización sobrepase el techo de
la banda cambiaria, que hoy ronda los 51 pesos. Es decir, al dólar todavía le
queda un 13% de recorrido alcista sin que la autoridad monetaria pueda
intervenir. En el contexto inflacionario que atraviesa el país, ese dato
luce desolador.
Con las manos atadas para intervenir en el
mercado, quedan, sin embargo, algunas medidas que podrían mejorar la situación.
El objetivo central es, naturalmente, que haya pesos que se vean tentados a
permanecer en colocaciones de moneda nacional.
Del lado de los bancos, se analiza que el monto que obligatoriamente deben
dejar como encaje en el BCRA pueda tener un mayor porcentaje de Leliqs.
De hecho, ese había sido uno de los factores
clave para el éxito inicial del Plan Sandleris en octubre: al permitírsele que
la totalidad de los encajes por los nuevos depósitos pudieran estar integrados
por estas letras, las entidades trasladaron la suba de tasas a los plazos
fijos, sacándole presión al tipo de cambio.
La otra medida -de la que hace semanas se está hablando con los bancos- también
apunta a inducir a una nueva suba en el interés que pagan los plazos fijos. Si
bien hoy la tasa pasiva es relativamente alta -42% para los pequeños
ahorristas-, mantiene una diferencia de más de 20 puntos con lo que remuneran
las Leliq.
Para las entidades, semejante diferencial se
traduce en renta pura, pero para el Central el esquema no cierra, porque no
permite que las altas tasas atraigan a los depositantes.
La solución al problema sería pasar de
licitaciones semanales a mensuales. Los banqueros argumentan que ellos no
pueden pagar más por un plazo fijo a 30 días si el instrumento que les permite
hacerlo -es decir, las Leliq- vencen a una semana. Por lo tanto, en la
mesa chica de Sandleris avanzan en una medida para satisfacer ese reclamo.
De esa forma, se lograría que parte de los pesos que circulan en el mercado se
canalicen hacia colocaciones alternativas al dólar. La pregunta, claro,
es si aun así será suficiente como para calmar a un mercado nervioso.
El efecto
inflacionario
Aun cuando el dólar lucía tranquilo, la
inflación ya se había instalado como un tema muy preocupante. La inercia
alcista que muestran los precios -sobre todo en el rubro de los alimentos- no
había sido prevista por Sandleris y su equipo. Reconocidas consultoras, como
Elypsis y MacroView (Melconian & Santángelo), midieron que la inflación de
marzo se acercará al 4%.
Y ahora, con esta renovada
presión cambiaria, el escenario podría empeorar. De hecho, los lácteos -uno de
los rubros que más pesan en el índice de precios minorista- vienen con nuevos
aumentos a partir de la primera semana de abril. Algunos de esos incrementos
superan nada menos que el 10%.
Como se sabe, la constante suba de los precios y
la consabida pérdida de poder adquisitivo de los salarios han venido socavando
la imagen positiva de Mauricio Macri, de cara a las próximas elecciones. Un
dato que es seguido muy de cerca por los inversores internacionales.
Se da entonces el peor de los
escenarios. Un círculo vicioso: hay fondos de inversiones que salen de la
Argentina atemorizados por el escenario electoral; ese movimiento sube el tipo
de cambio, lo que a su vez presiona sobre la inflación, que erosiona la
imagen de Macri, lo que asusta a los inversores.
Esta realidad suele ser criticada en algunos
bancos. Hay analistas que contemplan que ese círculo vicioso es alimentado por
la propia Casa Rosada, cada vez que fomenta la polarización con Cristina
Kirchner.
A los ojos de los inversores extranjeros, la ex
mandataria suele ser vista como el peor de los cucos. Y cuando -como ocurrió en
la mañana del miércoles- Macri azuza que "volver atrás sería una
catástrofe para la Argentina", no hace más que alimentar el monstruo.
Darles argumentos a los financistas para sacar los dólares.
"¿Quién se quiere quedar a contemplar si en
octubre gana él o Cristina? Algunos fondos de Wall Street prefieren mirar el
resultado del partido desde sus casa", resume uno de los consultores
preferidos de la City, ante una consulta de iProfesional.
Otro consultor destaca un hecho positivo,
"pero que hay que cuidar". Se refiere a los depósitos en pesos que
los argentinos atesoran en los bancos. El volumen de plazos fijos creció
$400.000 millones desde que se puso en marcha el "Plan Sandleris". Se
trata del dinero que podría buscar refugio en los dólares durante la campaña
electoral.
Dos banqueros consultados
destacaron que, hasta ayer, los depósitos se mantuvieron en calma. Que no se
elevó el nivel dolarización, algo tan característico de los procesos
electorales en la Argentina.
Con la agitación cambiaria,
esta es una de las variables a monitorear. Los financistas están atentos a que
no se adelante esa dinámica que, a lo sumo, se espera que suceda más adelante,
cerca de las elecciones. De suceder ahora, alegan, la situación financiera
podría empeorar y las chances de Macri, erosionarse.
¿Se adelantarán los "mercados" -como
suele suceder- a ese escenario tan temido? Era "la" pregunta que,
hasta la noche del miércoles, nadie podía responderse. Por las dudas, en
Reconquista 266 cruzaban los dedos. No había mucho más por hacer. Aunque
parezca mentira.
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