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Por Francisco Seminario - En Wall Street prevén dos semanas
"dolorosas", hasta que lleguen los dólares del Fondo Monetario
Internacional y el Tesoro inicie sus ventas diarias de 60 millones, a partir
del 15 de abril. Hasta entonces, es probable que la volatilidad cambiaria de
los últimos días se mantenga como reflejo de la exposición argentina al riesgo
y de una sensibilidad extrema del tipo de cambio a los vaivenes del mercado
global.
Sin embargo, el saldo más preocupante entre los analistas de Wall
Street no es la turbulencia del corto plazo, que puede ser una "fiebre
pasajera", sino que el salto cambiario alimenta una mayor inflación, que a
su vez impacta en la demanda y en las expectativas económicas en el año en
que se decide quién ocupará la Casa Rosada durante los próximos cuatro años.
Al final del camino siempre están las elecciones como factor de
incertidumbre, ante una decisión que parece plantear modelos antagónicos. Es
decir, el riesgo político tiene raíces en la cotización del dólar. Y ese
indicador se movió con sobresaltos en los últimos días, hasta rozar el récord
de 45 pesos. "Es un ciclo vicioso", afirmó desde Nueva York Siobhan
Morden, jefa de estrategia para América latina en Nomura Securities.
"Serán dos semanas dolorosas hasta que el Tesoro aporte los
dólares", dijo la especialista en alusión a las subastas diarias que
se harán a partir de mitad de abril con una parte de los recursos del próximo
desembolso del FMI, por 10.870 millones de dólares. El
ministro Nicolás Dujovne anunció la medida días atrás, en una
entrevista con Infobae y otros medios argentinos en Washington. "Desgraciadamente,
la Argentina está totalmente expuesta al risk-off en los mercados
globales", agregó Morden sobre la estampida de los inversores cuando el
riesgo empieza a ser percibido como excesivo.
Las definiciones de los expertos del mercado neoyorquino agregan un
elemento emocional a su análisis de las variables económicas. El problema,
afirmó Alberto Ramos, analista para América latina en Goldman Sachs, "es
el sentimiento" de los argentinos con respecto al plan económico del
Gobierno. "Hay que ganar los corazones y las mentes de las personas,
porque sin confianza ningún programa puede funcionar", sostuvo en diálogo
con Infobae.
El nerviosismo, según Ramos, tiene mucho que ver con un rasgo muy
argentino de asociar las turbulencias del mercado cambiario con una situación
de crisis y buscar de inmediato refugio en el dólar. En ese sentido, no ve que
se estén aplicando políticas erradas, pero sí percibe una situación que
"se deterioró tanto que ahora es difícil de arreglar".
El remedio, sostuvo el estratega regional de Goldman Sachs, pasa por los
mismos ejes que fijó la administración de Mauricio Macri como
prioridades y que consensuó con el FMI en el marco del acuerdo stand by para
la estabilización económica. Esto es, alcanzar este año el equilibrio fiscal,
sostener una política monetaria restrictiva para anclar el tipo de cambio y
consolidar el superávit comercial. "En la macro estamos bien, no hay
una alternativa mejor", dijo Ramos. "Es imperativo continuar con el
ajuste fiscal y darle continuidad a las políticas", concluyó.
En la evaluación binaria que hacen en Wall Street, la alternativa a la
continuidad es la ruptura con el actual programa económico, algo que descuentan
los analistas ocurriría en el caso de un kirchnerismo nuevamente instalado en
el poder. "Ese es el gran temor", sintetizó Alejo Czwerwonko,
estratega de UBS para América latina.
A Roberto Lavagna lo ubican por ahora en la columna de la
continuidad, que además del equilibrio fiscal y la política monetaria
restrictiva del actual gobierno incluye lo que el analista de UBS describió
como "un diálogo decente con el FMI". En el mercado de Nueva
York siguen con suma atención las pistas que puedan arrojar las encuestas.
Czerwonko apuntó además que la debilidad de los activos argentinos en
los últimos días tuvo mucho que ver con "factores domésticos" como la
incertidumbre electoral, la inflación persistente y la falta de signos vitales
en la economía, pero también, y en gran medida, con condicionantes externos.
"El mundo se está desacelerando y hay nerviosismo entre los
inversores ante lo que puede ser un fin de ciclo" a nivel global, dijo el
analista en diálogo con Infobae. "Además surgieron dudas en Brasil sobre
la capacidad del gobierno para avanzar con la reforma del sistema
previsional", agregó.
Los próximos datos de las economías norteamericana y europea van a ser
clave para determinar si hay un cambio de tendencia. Hoy por hoy, según
Czerwonko, "lo que pasa afuera no ayuda".
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