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Por Pablo Wende
- La diferencia de rendimiento entre los bonos argentinos que vencen antes de
las elecciones presidenciales y aquellos que lo hacen después, en particular en
2020, está en su máximo nivel. El salto es tan grande que la conclusión es
casi obvia: los inversores dudan sobre la voluntad o la capacidad de pago de la
deuda por parte de la Argentina a partir del cambio de gobierno.
En la licitación que efectuó el último martes, el Tesoro pagó una tasa
del 4,5% para colocar Letes que vencen el 25 de octubre, o sea un par de días
antes de las elecciones. El ministerio de Hacienda renovó USD 600 millones
a ese rendimiento y además colocó títulos en pesos.
Sin embargo, un título como el Bonar 2020, que vence en octubre del
año siguiente, ya rinde 14,3% anual en dólares. En el medio tiene pagos
semestrales de interés. Este bono cotizaba a cerca de USD 100 a
principios de año, pero cayó a USD 95,5 a pesar de que falta muy poco para su
repago.
Durante la segunda mitad de 2018, la diferencia entre los vencimientos
de 2019 y 2020 se ubicaba aproximadamente en el doble: 4% versus 8 por
ciento. Ahora ya representa un rendimiento que es más del triple.
Otros bonos emblemáticos en dólares también presentan rendimientos que
ya superaron el 14%, como es el caso del Bonar 24. El castigo sobre este
título es curioso, considerando que ya este año empieza a devolver capital, a
razón de un quinto por año. Esto significa que la duración promedio del título
es mucho menor. No obstante, los inversores igual lo castigan duramente.
El reflejo de esta debilidad es un riesgo país que vuelve a rozar
los 800 puntos básicos. Y claramente con estos rendimientos resulta
imposible salir a colocar deuda, ya sea a nivel soberano, como también
provincial o bonos corporativos.
La debilidad de la deuda coincide además con la disparada del dólar, que
esta semana llegó a rozar los $45 en el mercado minorista. ¿La venta de bonos
produce la suba del tipo de cambio? En parte se puede dar este fenómeno, pero
no es una explicación completa. Pero sí es cierto que el desarme de carteras de
activos locales presiona sobre el tipo de cambio, ante inversores que deciden
llevarse los dólares fuera del mercado local.
Claro que al mismo tiempo la devaluación produce más incertidumbre y eso
gatilla la venta de títulos por parte de inversores locales y externos. La
lectura es que un dólar semi descontrolado hará más difícil la gobernabilidad. Y
también aumenta más dudas respecto a quién ganará las elecciones de octubre.
Ante ese panorama, el comportamiento lógico es salir a vender activos
argentinos o comprar dólares.
La expectativa está puesta ahora en la mayor liquidación de divisas de
los cerealeros y la venta de dólares por parte del Tesoro, con parte de lo que
prestará el FMI en breve. Si ayuda a equilibrar el mercado cambiario o
incluso baja la cotización de la divisa, es posible que se produzca un rally al
menos temporal tanto en acciones como en bonos. El Gobierno apunta a un
alivio para el segundo trimestre en las variables financieras, que también lo
ayudaría a llegar mejor parado a las PASO en agosto y luego a las elecciones
generales en octubre.
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