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Por Miguel Ángel
Boggiano - El 30 de agosto de 2018 el dólar mayorista cerró en $38,73 y el 28 de
febrero de este año cerró en $39,13. Es decir que en esos 6 meses, el dólar
apenas subió un 1% en comparación con una inflación del 26,94% (no olvidemos
que sólo en septiembre y octubre del año pasado tuvimos una inflación mensual
del 6,5% y 5,4% respectivamente).
Si sumáramos una inflación del 4% para marzo, estaríamos acumulando un
32% en los últimos 7 meses. Con esto, para mantener el poder adquisitivo de 1
dólar del 30 de agosto del año pasado, el dólar debería estar valiendo $51,12,
que no es otra cosa que el techo superior de la banda, diseñado justamente para
que vaya ajustando por inflación.
Lo
importante para destacar es que después de este letargo de 6 meses, el dólar
trepó un 12% en marzo, encendiendo las alarmas del Gobierno y también de
aquellos individuos que venían acumulando intereses en pesos en plazos fjios.
Las preocupaciones del Gobierno responden a que el aumento del dólar
reduce sus chances electorales; las preocupaciones de los ahorristas responden a que
ese aumento reduce el poder adquisitivo de sus ahorros. Y estos últimos pueden
potenciarlo. ¿Cómo es esto?
Una tasa de plazo fijo del 45% anual equivale a una tasa mensual del
3,15% (para sorpresa de algunos, no se divide por 12 sino que se saca la raíz
doceava de 1,45). Es decir que el recorrido del dólar en el mes de marzo, les
sacó de un plumazo casi 4 meses de intereses a aquellos que venían apostando al
plazo fijo en pesos. ¿Qué sucede entonces?
En el sistema financiero hay $1,13 billones en plazos fijos que al tipo
de cambio del viernes equivalen a u$s 26.000 millones. De ahí, la mitad están
colocados a 30 días. Con lo que es correcto estimar que el equivalente en pesos
a unos u$s 3.500 millones en plazo fijos vencen cada semana (suponiendo que
venzan de forma pareja a lo largo del mes).
Si
solamente un 20% de los ahorristas en plazo fijo decidiera ir al dólar,
tendríamos una demanda de u$s 700 millones por semana, que opacarían por
completo los u$s 60 millones diarios que podrá ofrecer el Banco Central a
partir de mediados de abril con el visto bueno del FMI.
¿Cómo
saber qué porcentaje de los privados decidirá no renovar plazos fijos? No hay forma
de saberlo. Pero la escalada de marzo le hará repensar a los que tienen plazos
fijos próximos a vencer si deciden quedarse o pasarse al dólar. De acá el
cambio de normativa del Banco Central del jueves pasado: busca que los bancos
puedan colocar el 100% de los depósitos en plazos fijos en Leliqs, de modo que
puedan ofrecer tasas de interés más atractivas.
Esta última jugada del Banco Central es cuanto menos de alto riesgo:
el BCRA se transforma,
en la práctica, en el único tomador de pesos del sistema financiero, ahorca aún
más al crédito privado y le pone más presión a la olla. Sólo sale bien si
aparece pronto una nueva oferta de dólares, como se espera que aporte el agro.
Pero la realidad es que la medida implica una virtual estatización del sistema
financiero en la que el BCRA parece estar apostando “all-in” al peso. Por las
dudas, quedémonos en dólares.
Conclusión: los barriles
de nafta están a mano. Sólo dependerá de los ahorristas prender un fósforo.
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