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Por Luis Beldi - Los mercados anticipan una
buena rueda del miércoles, pero no una euforia como la que se vivió el lunes.
En Oriente las bolsas estaban operando cerca de la medianoche con leves alzas.
El Nikkei de Tokio, que era el indicador que más preocupaba, estaba subiendo
casi 1 por ciento. Todas las bolsas de Europa en las operaciones previas a la
apertura operaban con signos positivos. El que más duda despertaba era el FTSE
100 de Londres por el problema irresuelto del Brexit. El dólar seguía
equilibrado ante el euro y los bonos norteamericanos acumulaban leves alzas.
Todo esto no oculta que el mundo tiene un problema. El buen humor no
logra asentarse. Hay un fondo de temor a que la actividad económica
caiga. Las señales positivas recibidas hasta ahora son insuficientes y por
eso las tomas de ganancias en los mercados son rápidas.
A pesar de la mejora de la producción manufacturera de China, todavía
está en una nube lo que sucederá con la guerra comercial que mantiene con los
Estados Unidos.
Christine Lagarde hizo declaraciones pesimistas. Según la directora
del FMI, si bien la Reserva Federal ayudó al no subir las tasas, el riesgo de
una caída de la actividad en el mundo está al acecho y auguró que los países
emergentes no la iban a pasar bien.
La Argentina, por supuesto, es el país más vulnerable de la región y por
eso hay dudas acerca de lo que sucederá el miércoles. Los inversores no
saben si la caída del dólar de más de 1% -que fue inferior a la baja en Brasil
y México- se debió al movimiento que nació en el exterior o a las medidas del
Banco Central con las tasas de interés.
Por ahora, son pocos los bancos que subieron las tasas. Habrá que
ver qué sucede a medida que vayan venciendo los plazos fijos. Pero la situación
con las Leliq produjo un panorama económico que, si hubiera sido aplicado por
un gobierno intervencionista, no hubiera extrañado. El Banco Central
concentra 70% de los préstamos del sistema colocando Leliq a cambio de plazos
fijos. Esto habla de una estatización de depósitos y de créditos.
El mercado se pregunta si no es un precio demasiado elevado para
contener el valor del dólar y si es una condición necesaria para ganar las
elecciones de octubre. Por eso, la suba de las tasas los impresiona cada vez
menos.
Se están quemando todas las naves para mantener al dólar en la parte más
baja de la flotación y ponen en segundo plano la reactivación. Por otra parte,
desde el Gobierno todos los días siguen convocando a exportadores para
preguntarles cuanto van a liquidar por exportaciones. Las respuestas son de
cortesía, porque nadie sabe cuáles serán sus costos ni cuál será el valor del
dólar. Saben que se mantiene estable un tiempo y después se dispara. Y que, si
bien las medidas cada vez son más extremas, su efecto desaparece pronto.
Creer que las elecciones se ganan con un dólar bajo es suponer que la
divisa extranjera es la culpable de todos los males de la Argentina, cuando es
un simple mensajero del humor de los inversores que no ven oportunidades
de radicarse en el país porque no se han hecho las reformas necesarias para
bajar el gasto público y disminuir costos y cargas impositivas.
La duda sobre el precio del dólar en unas horas quedará develada:
¿seguirá la baja, encontró un piso o rebotará? La respuesta parece obvia. Otra
pregunta es si este nivel del dólar es posible de mantener. La respuesta la
tienen los inversores y ahorristas de plazo fijo que enfrentan vencimientos de
sus plazos fijos en abril por $600 mil millones. La mitad de todos los plazos
fijos del sector privado en el sistema bancario.
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