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Por Carlos
Burgueño - El Gobierno deberá apelar a
todos sus argumentos de seducción para convencer al Fondo Monetario
Internacional (FMI) que le
permita utilizar al menos parte del dinero proveniente del organismo para
contener eventuales corridas contra el dólar. Según lo que dejaron en claro el
encargado del caso argentino Roberto Cardarelli y el delegado en Buenos Aires
del FMI, Trevor Alleyne, en varios encuentros (tanto durante su estadía en
Buenos Aires en la revisión de febrero) como en las últimas semanas en
Washington; el dinero proveniente del acuerdo del stand by no podrá ser
utilizado para ejercer el poder de policía cambiaria por parte del Tesoro de la
Nación. Según el dúo responsable del caso argentino, es el Banco Central el que
debe diseñar y ejecutar la política cambiaria con los recursos con que cuente,
mientras que el Ministerio de Hacienda deberá adaptarse a la situación. El FMI
aceptó en septiembre pasado, a regañadientes, la aplicación de la “zona de no
intervención”, pero considera que ahora es un instrumento útil para llevar
tranquilidad al mercado del dólar. Y que, en consecuencia, debe respetarse en
sus mínimo y máximo ya establecidos, y dejar a la divisa flotar libremente
entre esas bandas. Mientras tanto, el dinero que será girado desde el FMI
deberá servir para mostrar al mercado reservas más fortalecidas y una situación
financiera más sólida. Pero no aplicar esos recursos para contener al dólar.
Esto incluye los fondos que se utilizarán para las subastas de divisas que
desde el Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne comenzarán a aplicarse desde
el próximo 15 de abril
Las afirmaciones fueron hechas por los técnicos del organismo a dos
bancos privados y dos economistas locales en la Argentina durante la presencia
de la misión del FMI en la Argentina, y a al menos tres economistas argentinos
y latinoamericanos que visitaron la sede del organismo en las últimas dos
semanas. En todos los casos, una de las muchas consultas fue la eventual
respuesta que tendría la conducción del Fondo ante el pedido de permiso para
usar (al menos parte) de los dólares del stand by para contener eventuales
corridas. Aunque hay esperanzas oficiales de que en algún momento haya una
flexibilización en la, hasta ahora, pétrea posición del Fondo, existe la idea
de explicar con detalles (otra vez) la psicología del mercado cambiario
argentino y la necesidad de tener armas sólidas para enfrentar ataques
especulativos contra el peso. Por armas entiende el Gobierno reservas contantes
y sonantes que puedan ser utilizadas rápida y ágilmente para espantar con la
acción directa, demandas abultadas de divisas en jornadas complicadas. La
Argentina hará así otro esfuerzo más para intentar convencer a los decisores
del FMI de la necesidad de ver con ojos argentinos la manera de buscar la
estabilidad del dólar en el siempre complicado mercado cambiario criollo. El
último que lo intentó fue el expresidente del Banco Central, Luis Caputo, que
usó más de 10.000 millones de dólares entre agosto y septiembre del año pasado,
operación que fue bombardeada por el FMI y fue una de las causas de su pronta
salida del cargo.
Para hoy se esperan buenas noticias desde Washington. El board aprobará
el primer desembolso de dinero del año, pactado en unos u$s10.870 millones,
previa aprobación de las metas pactadas por el Gobierno argentino para el
primer trimestre, siguiendo la recomendación favorable que envió al directorio
Cardarelli hace dos semanas. El dinero debería figurar dentro de las reservas
contabilizadas por el Banco Central de Guido Sandleris, y desde el miércoles a
la vista de todo el público, con uso restringido.
El arduo debate del uso del dinero para ejecutar política cambiaria, y
el resto de los muchos temas que Argentina y el FMI deben discutir ocuparán el
tiempo de Sandleris y el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, cuando se
encuentren en Washington con Lagarde, Cardarelli y el director gerente para el
Hemisferio Occidental, el mexicano Alejandro Werner. Será desde el viernes de
la semana próxima, cuando participen de la reunión de primavera del FMI. En los
innumerables actos en los que estarán acompañados por la anfitriona Christine Lagarde y
el director gerente del Fondo, Alejandro Werner, todos se mostrarán como
integrantes de uno de los experimentos más importantes en la historia del
organismo. Puertas adentro, las discusiones prometen ser serias y definitorias.
Desde Buenos Aires se esperarán con ansiedad las respuestas de estas negociaciones.
Convencer al organismo resultará fundamental para comenzar a diseñar el período
que va de junio a octubre y la posibilidad de enfrentar tormentas cambiarias en
un tiempo donde los argentinos elegirán quién gobernará el país desde el 10 de
diciembre.
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