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Por Claudio Zlotnik - La primera señal
apareció el viernes 29 de marzo. Se repitió el lunes siguiente. Y también el
miércoles 3, tras el feriado. En los principales bancos del sistema financiero
notaron un salto en la demanda de dólares por parte de los pequeños ahorristas.
Lo que en la jerga se conoce como "el chiquitaje".
En algunas entidades
percibieron que esas compras de billetes verdes se triplicaron. En otras, se
llegó a multiplicar por cuatro. La estimación de los banqueros es que durante
esas jornadas se expendieron entre u$s80 y u$s100 millones diarios.
No se trata de un monto que pueda, de por sí,
provocar un terremoto en el sistema financiero. Al menos, no en el corto plazo,
pero claramente se trata de una dinámica
si se prolongara en el tiempo tornaría inviable el plan económico de
estabilización financiera. En otras palabras, que no alcanzarían los
dólares para satisfacer ese nivel de demanda.
La conclusión que sacaron en las entidades
financieras refiere a que esa ola de compras fue encabezada por pequeños
inversores, quienes -apenas cobrado el sueldo, en la mayoría de los casos con
incremento por la entrada en vigencia de los acuerdos paritarios- no dudaron en
ingresar al home banking para pasar a dólares una porción de su dinero.
Para los financistas, se trató de una reacción
defensiva de quienes, una semana antes, habían sido testigos pasivos de un
nuevo salto del tipo de cambio.
El cuadro se completa con una retracción de la
oferta. Por ahora, la esperada liquidación de la cosecha de soja no ha dejado
de ser una promesa. Los volúmenes de liquidación lucen pequeños, pero la
cosecha recién ha comenzado.
"La gente ya se
quemó el año pasado. La mayoría perdió con la devaluación. Nadie pensó que el
billete verde subiría 100%. Y, ahora, apenas se mueve, los que pueden
compran", razona con lógica el director de uno de los
bancos líderes de la City porteña.
"Hay de todo:
están quienes atesoran porque se les vence un plazo fijo y aquellos que compran
ahora especulando con una suba sostenida para vender apenas necesiten el
dinero", completa el banquero.
El rápido reflejo de los clientes es monitoreado
de cerca en los bancos. Y también desde el BCRA. Tanto, que hay comunicaciones
informales, pero regulares, entre las instituciones más grandes y Reconquista
266.
Otro banquero, también con un puesto clave en la
casa central de una de las entidades más grandes del país, da algún detalle
adicional de lo que percibió en las últimas jornadas. "La gente reacciona
al instante. Durante los días que sube el dólardesde temprano, las
compras de los pequeños inversores se notan a partir del mediodía",
cuenta.
El financista, veterano ya, rememora que, unas
décadas atrás, la gente observaba la pizarra de los bancos, para ver si la
cotización se movía y recién ahí tomaba una decisión. Desde hace algún tiempo,
la velocidad de las decisiones viaja a la velocidad de la luz.
Esa demanda de billetes verdes se canaliza desde
dos lugares: las cajas de ahorro y los plazos fijos. Por eso la obsesión del
Gobierno por mantener la estabilidad cambiaria: hay una porción del ahorro de
los argentinos que es muy sensible a los cambios en la cotización de la divisa
estadounidense.
De hecho, puede
afirmarse, sin riesgo a la equivocación, que el mercado cambiario argentino es
el único caso mundial donde la ley de oferta y demanda se aplica al revés: se
exacerban las compras cuando sube el precio.
Esta realidad es la
que le da marco a quienes creen que sería prácticamente indetenible una espiral
alcista del dólares cuando el "chiquitaje" entra en pánico.
Palpitando la demanda preelectoral
Los distintos escenarios sobre dolarización
masiva, en medio de la incertidumbre económica y la campaña electoral, son
evaluados periódicamente en los principales bancos y en los despachos
oficiales.
Según comentan dos banqueros, tanto ellos como
funcionarios del BCRA coinciden en que, en el peor escenario, la dolarización
podría trepar en los próximos meses a los u$s15.000 millones.
Ese monto luce optimista, incluso manejable, si
se lo compara con algunos ejercicios realizados por respetables consultores del
microcentro porteño.
Así y todo, si se
diera una demanda de ese volumen -creen en los bancos- el tipo de cambio podría
saltar tranquilamente hacia el techo de la "zona de no intervención",
que hoy roza los $51.
El gran tema que quita el sueño a los banqueros,
y que los obliga a plantearse escenarios casi a diario, refiere a lo que podría
suceder con los plazos fijos en pesos.
Coinciden los financistas y las autoridades
oficiales que son esas inversiones las que ahora, en medio de la campaña y la
incertidumbre, podrían correr al dólar.
De hecho, se trata de la misma búsqueda de
refugio que suele verse en la Argentina cada vez que hay elecciones, una
carrera que se potencia cuando se define el nombre del próximo Presidente.
Todos en la City recuerdan que, durante 2011, el
mismo año que Cristina Kirchner fue reelegida con el 54% de los votos, la
dolarización en los meses previos a las elecciones alcanzó la friolera de
u$s3.000 millones. Durante 2017, previo a las legislativas, hubo meses con
montos similares, que incluso fueron superados el año pasado. Ya sin comicios
pero sí con la desconfianza por la crisis.
La ecuación cambió en los últimos meses, una vez
que ocurrió la devaluación y se puso en marcha el súper apretón monetario. Los
argentinos pasaron a disponer de menos pesos en los bolsillos para comprar
dólares. Salvo cuando cobran el sueldo o si cancelan los plazos fijos. Por
ahora, y de manera incipiente, se dio algo de la primera opción.
Sin embargo, los banqueros están atentos a lo
que pueda suceder con las colocaciones superiores al millón de pesos, que son
ahorros de las empresas o bien depósitos de los Fondos Comunes de Inversión
(FCI).
Según una estimación de la consultora MacroView
(Melconian & Santángelo), de los $777.000 millones de los plazos fijos de
más de $1 millón, los individuos poseen $261.000 millones y las empresas, el
resto, es decir, unos $516.000 millones.
Sobre la demanda potencial de dólares para los
próximos meses se vienen haciendo distintos ejercicios. iProfesional tuvo acceso a una simulación
realizada en conjunto por dos bancos líderes del sistema. Les dio que, como
máximo, podrían dolarizarse unos u$s15.000 millones hasta las elecciones.
La mayor parte provendría de los grandes
inversores locales e internacionales e, inclusive, de aquellos que poseen el
dinero en los FCI.
"En los momentos de stress que se dieron en
los últimos años, los plazos fijos no cayeron más que el 10%. Ahora suponemos
que podría darse una baja de hasta 20% e, incluso, del 25%. Pero así y todo
sería manejable", insiste un reconocido director de uno de los bancos
líderes, en diálogo con iProfesional.
La economista Marina
Dal Poggetto, directora del estudio Eco Go, tiene números más pesimistas.
¿Cuántos pesos se pueden ir al billete verde? En un ejercicio teórico donde el
riesgo político escala y se potencia la dolarización de carteras, el total de
pesos que podrían ir a buscar activos en esa moneda estaría en torno a los
$1,26 billones.
Algo así como
u$s30.600 millones al tipo de cambio actual, frente a reservas netas por
u$s21.000 millones.
El escenario de Dal Poggetto incluye que el 35%
de los plazos fijos podría dolarizarse ($400.000 millones). Y que inversores
que tienen en su poder bonos en pesos (en su mayoría Lecap) podrían vender
alrededor de $600.000 millones. Este billón de pesos (entre plazos fijos y
bonos en pesos) es el que potencialmente podría ir a la divisa si se incrementa
la incertidumbre preelectoral.
Algunos banqueros tienen otro punto de vista.
Más que a la compra masiva de dólares, a lo que le tienen miedo es a una
eventual salida de depósitos en dólares del sistema bancario. "Es la gran
preocupación", admite el mismo banquero, que pide resguardo de su
identidad.
En la actualidad, los
depósitos en dólares del sector privado totalizan u$s30.000 millones. Se
mantienen en un nivel próximo al récord. Y los financistas
cruzan los dedos para que, a pesar de la campaña, esos billetes se queden donde
están.
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