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Por Alejandro Mayoral Guillermo Toranzos Torino (Analistas
económicos) - La incertidumbre sobre el futuro económico social requiere de
la experiencia histórica para tomar decisiones y resolver los problemas de
corto plazo. A los efectos de analizar la perspectiva del riesgo futuro país,
podemos dividir el pasado
En los años 80, en el marco de la dinámica de la economía
mundial, la economía argentina no tuvo un buen desempeño. El comportamiento del
PBI fue negativo y fluctuante, y el promedio de la década registró una caída
del -1,6%. El déficit fiscal promedio fue del -7,4%. En cuanto al déficit de
cuenta con respecto al PBI, tuvo una media de -3,1%, aproximadamente. Los
términos de intercambio promedio fueron relativamente bajos. El tipo de cambio
real era más alto que en los 90 y que ahora. La deuda externa argentina fue
elevada con relación a los 90, si bien a finales de esta última década subía en
forma considerable, lo cual se refleja en el decenio siguiente, en el cual
alcanza el 75,9% del PBI, en el marco del default declarado en el 2001.
En los años 90, el PBI presentó un crecimiento promedio del 4,1%,
y el déficit fiscal se reduce, alcanzando un promedio del -2,0% del PBI,
mientras que el déficit de cuenta corriente cae al -2,5% y es financiado por la
cuenta capital, a través de fuertes inversiones directas en el marco del
programa de estabilización que se implementó en el año 1991. La confianza que
generó el programa y mejora de la productividad compensaron un tipo de cambio
real más bajo, como los términos de intercambio, en un contexto con alta tasas
de interés reales en los Estados Unidos. No obstante, la tasa riesgo país se
mantuvo alta, 10,9 puntos porcentuales, por la inercia de fines de los 80 y
desconfianza al sistema monetario vigente.
En los 10 primeros años del 2000, como consecuencia de abandonar la
convertibilidad y del default, en un contexto externo de reducción de la tasa
de interés de los Estados Unidos y de un cambio estructural en la economía
mundial, con la aparición de China, se produce una mejora en los términos de
intercambio y en el tipo de cambio real. En este período la variación del PBI
promedio fue del 2,6%, el déficit fiscal se transforma en positivo, 0,4%, y el
de cuenta corriente de la balanza de pagos fue positivo en un 2,4% debido a la
mejora en la balanza de mercancías a partir de los mejores precios en los
commodities y por la vigencia del default. El riesgo país promedio estuvo en
11,5 puntos porcentuales, debido a su fuerte crecimiento durante la crisis
subprime.
En los últimos 9 años, se observó un comportamiento errático del
producto, y su desempeño muestra una caída en el nivel de crecimiento a una
tasa promedio del 1,6%, en un contexto en el cual el déficit fiscal vuelve a
crecer al -3,6% y con déficit en la cuenta corriente promedio del -1,1%, con
fuerte tendencia a subir, ya que en el 2017 y 2018 sobrepasó el 5% del PBI.
Adquiere relevancia la reducción del superávit de la balanza
comercial y su déficit en el 2017, afectada por importante pérdida de la
cosecha de granos. Lo expuesto se produce en un contexto de tasa de interés
real del bono a 10 años de los Estados Unidos no significativamente alta,
buenos términos de intercambio con relación a los primeros 10 años de 2000 y
una caída en la apertura de la economía. La deuda externa, si bien se redujo en
promedio, con respecto a la década anterior, se registró un fuerte aumento
durante los años 2017/ 2018. La apertura económica bajó con respecto a la
década anterior.
El riesgo país estimado fue de 6,3 puntos porcentuales. Al día de
hoy, la situación internacional en cuanto a conflictos comerciales ya ha sido
en cierta medida descontada en el comportamiento de los mercados. Por otra
parte, la tasa de interés de los bonos americanos es posible que siga levemente
positiva en términos reales, lo cual favorece el precio de los
commodities. El tipo de cambio real debería subir, a la luz del
nivel de endeudamiento externo creciente en el corto plazo. Si bien se puede
esperar una mejor performance de la balanza comercial, a partir de la recesión
y de la mejora en exportación de productos agrícolas y agroindustriales,
principalmente.
El nivel de la deuda externa llevará indefectiblemente a una
reprogramación de la misma con el Fondo Monetario. Se debería esperar que,
aun con la permanencia de la actual administración o una variante moderada tal
como el Peronismo Federal, a este indicador de riesgo país le resulte difícil
traspasar hacia abajo los 6,5 puntos porcentuales en los próximos dos años.
Este piso se elevaría por encima de 10 puntos si los mercados no confían en la
forma de conducir la administración, ya que la reprogramación se haría en un
clima de demandas sociales crecientes de corto plazo y modalidades poco
amistosas en la relación con los mercados e instituciones internacionales.
En base a lo expuesto se pueden sacar algunas conclusiones adicionales
sobre el crecimiento sustentable a largo plazo:
1) Por el errático comportamiento económico y político de la Argentina, el
país amplifica los ciclos negativos internacionales en comparación con otros
países similares.
2) La única forma de bajar el riesgo país, y por lo tanto la tasa de
interés, es reducir la deuda respecto del PBI, para lo cual es necesario crecer
con las exportaciones. Se debería contar con un tipo de cambio real efectivo
más alto, evitándose sub o sobrevaluaciones bruscas.
3) Mantener el déficit fiscal en valores bajos en relación al PBI,
altos valores de déficits gemelos son incompatibles con la estabilidad y el
crecimiento.
4) No hay forma de crecer sin sustituir dólares financieros por
dólares de inversiones directas, para bajar costos estructurales y mejorar el
tipo de cambio real, en el marco de acuerdos y programas convergentes
adicionales.
Se debe concluir que si no se consigue reducir la inflación a niveles de
un dígito anual, resultará poco factible el flujo de inversiones productivas, y
por lo tanto la exportación no tendrá cambios estructurales que mejoren su
performance. El riesgo país será un indicador clave para evaluar esta
situación.
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