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Por Carlos Burgueño - Guido Sandleris tendrá hoy el que quizá sea
el encuentro más importante para el futuro de la economía argentina hasta las
elecciones. Será en la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) con el
primer subdirector gerente del organismo, el norteamericano David Lipton,
virtual número dos de Christine Lagarde.
Un hombre más conocido en Buenos Aires como el
artífice ideológico de la prohibición explícita de que el Gobierno de Mauricio
Macri utilice parte del dinero del organismo para frenar una eventual escapada
del dólar. La misión del presidente del Banco Central será entonces sondear con
el pétreo funcionario del Fondo la posibilidad de algún tipo de flexibilidad en
su posición dura contra la alternativa de poder disponer de algo del dinero del
FMI para ejecutar “política cambiaria responsable”, según la máxima acuñada en
la Argentina antes del inicio del viaje a Washington.
Sandleris y otros funcionarios participan del
encuentro anual de primavera que el Fondo Monetario y el Banco Mundial
organizan en Washington, y que hoy tendrá una apertura formal.
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El acto inaugural del evento será la primera sesión
de debate sobre economía global dentro de la reunión del G-20, donde Argentina
tiene aún un rol de coordinador. Será la primera vez que en este tipo de
encuentros, dentro de la cumbre del FMI, el caso argentino sea debatido como
componente general de la marcha de la economía mundial. La idea de incluirlo en
el temario fue además de la propia Lagarde, que aún ve a la marcha del stand by
firmado con Argentina como un ejemplo de los nuevos vientos del organismo.
Luego de esta participación, y dentro del edificio
del Fondo, será el momento en que Sandleris y Lipton tengan su bilateral.
Se trata de viejos conocidos. Lipton fue en
septiembre de 2018 el que le dio el visto bueno final a la propuesta de
implementación de la zona de no intervención que el dúo Sandleris y Gustavo
Cañonero había diseñado como mecanismo de contención del dólar para la era pos
Luis Caputo.
Sandleris, con el aval del director gerente para el
Hemisferio Occidental, el mexicano Alejandro Werner, llevaron la idea de las
bancas mínima y máxima hasta Washington durante las negociaciones para cerrar
el stand by 2.0.
Lipton es un defensor técnico e ideológico de la
libre flotación cambiaria y del uso estricto del dinero del Fondo para liquidar
deudas contraídas y que los estados no caigan en default. Todo esto a cambio de
un ajuste fiscal lo suficientemente duro como para que rápidamente esos países
encuentren su equilibrio macroeconómico.
Eran tiempos en los que Lipton y sus colegas de
Washington se horrorizaban con los mecanismos utilizados durante la gestión de
Luis Caputo el BCRA, donde se combatían las diarias corridas contra la suba del
dólar, enfrentando a los especuladores con la colocación de divisas
provenientes de las reservas del Central. Dinero que desde el FMI se
consideraba como propio y, en consecuencia, prohibido para utilizar como
herramientas de combate a la pérdida diaria de valor del peso. Lipton es un
heredero ideológico de Anne Krueger, execonomista en jefe del Banco Mundial y
ex directora gerente del FMI en tiempos en que la Argentina cayó en default en
2001; y una de las muchas “enemigas” que dejó el país luego de la salida de la
convertibilidad dentro del organismo. Krueger dejó la enseñanza dentro del
organismo de que a la Argentina no se le debe prestar dinero para ejecutar
política monetaria, dada su pulsión histórica a financiar corridas en combates
siempre perdidosos contra la suba del dólar en situaciones de desequilibrios
fiscales.
Lipton, norteamericano como todo número dos del
FMI, tomó este credo desde el primer momento del regreso del país al organismo
y lo llevó como bandera durante todas las negociaciones del stand by vigente,
tanto en su primera versión de junio como en la de septiembre del año pasado.
Como gran parte del Fondo Monetario, considera que
la única política cambiaria válida es la de dejar que las reglas de la oferta y
demanda impongan un precio. Esto es, aplicar una libre flotación y que sea la
relación cantidad de pesos sobre oferta de dólares la que determine ese valor.
Desde la Casa Rosada se considera que esta visión casi medieval de la política
cambiaria no sirve para un caso como el argentino, donde el principal problema
de la economía (reconocido por el propio FMI como decepcionante) es la aceleración
inflacionaria; y donde una suba abrupta del dólar provoca inevitablemente un
aumento en los precios que no se soluciona con posteriores reacomodamientos a
la baja de la divisa.
La misión de hoy de Sandleris no será, obviamente,
la de convencer a Lipton, tarea imposible en las actuales circunstancias.
Más, luego del informe leído el viernes en la
reunión del board del FMI, donde se explicita desde Washington que Argentina
tiene hoy armas vigentes y útiles para enfrentar una corrida cambiaria.
Lo que sí podría obtener Argentina en esta cumbre
conjunta del FMI y el Banco Mundial es algún tipo de promesa de volver a
reabrir la discusión, en el caso en que el mercado del dólar se complique
cuando el proceso electoral esté en plena ebullición.
Y cuando el precio del dólar sea un factor decisivo
en el momento de elegir si Mauricio Macri continuará en la Casa de Gobierno o
si será otro u otra quien asuma la presidencia. Se sabe desde
Buenos Aires que la alternativa de una victoria de
Cristina de Kirchner sería un argumento lo suficientemente fuerte y convincente
como para hacer torcer una posición ideológicamente tan dura como la de Lipton.
Lo cierto es que de los u$s77.478 millones de las reservas del BCRA, el país
tiene libre disponibilidad por unos u$s25.000 para intervenir libremente en el
mercado cambiario.
El resto del dinero son los aportes del FMI, los
fondos del swap de China y del banco de Basilea y otros aportes
internacionales.
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