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Por Eduardo
Aulicino - Difícil cerrar al mismo tiempo asuntos tan variados como
el paquete de medidas que Mauricio Macri se apresta a presentar, las
conversaciones internas en Cambiemos, los contactos con empresarios, las
negociaciones con los jefes sindicales y las tratativas con movimientos
sociales. Todo a la vez, como si las señales de alerta en medio del desgaste
que produce la economía hubiesen llegado de golpe y juntas. No es la primera
vez que ocurre. Y la reacción múltiple incluye tensiones en el propio
gabinete, que de todas maneras debe resolver en estas horas la versión pulida
del anuncio presidencial.
El último capítulo de crujidos propios remite a Dante Sica, cuyo
lugar en el gabinete fue ratificado con insistencia por voceros del Gobierno.
El ministro está comprometido en dos cuestiones sensibles: la definición de
parte de las medidas para tratar de contener precios y empujar el consumo, y
las negociaciones con los jefes cegetistas para distender el frente sindical o
al menos amortiguar una escalada de sectores moyanistas y kirchneristas.
Nunca las versiones de salidas son buenas para un funcionario. Y
menos cuando, como ahora, aparecen en medio de de gestiones relevantes. No es
la primera vez el ministro enfrenta cuestionamientos del ala más
política. Elisa Carrió, por su lado, y los dirigentes radicales, incluso
en las últimas citas del oficialismo, aportaron lo suyo frente a la alta y
persistente suba de precios. No le apuntan personalmente, dicen. El agregado de
peso lo constituyen las miradas críticas de los principales referentes
macristas, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.
Las necesidades electorales van dominando el panorama: la demanda sobre
Sica es propia pero no original. Lo sabe y vive, casi en el día a día, Nicolás
Dujovne. El ministro de Hacienda fue ganando poder en el área económica y
fue reafirmado varias veces por el Presidente. Por supuesto, maneja el
área más sensible a los resultados. Y está lejos de haber ganado simpatía en el
terreno político.
Precisamente allí, se destacan dos elementos. El primero, es la mayor
sintonía entre el jefe de Gabinete y el ministro del Interior. Marcos Peña
y Rogelio Frigerioson percibidos de distinto modo por el resto de los
actores internos, pero parece algo diluida la imagen que asocia automáticamente
al jefe de Gabinete con Jaime Durán Barba y que colocaba al ministro
del Interior casi como solitario exponente del "ala política" en el
gabinete.
En paralelo, Macri habilitó una especie de recreación de la mesa
política del oficialismo, que junto a Peña y Frigerio, como funcionarios,
integran Vidal, Rodríguez Larreta y los tres gobernadores radicales, Alfredo
Cornejo, Gerardo Morales y Gustavo Valdés. La reactivación de este ámbito en el
oficialismo fue un modo de descomprimir la interna frente a los reclamos
radicales -sobre todo, de los que trabajan con mayor compromiso para ratificar
Cambiemos-, aunque habrá que ver si esta vez supera la prueba de una puesta de
compromiso.
Por ahora, quedó expuesto que el tema de las candidaturas sólo podría
ser abordado seriamente si se despeja al menos en parte el horizonte económico.
Esta "mesa" se ha reunido con ministros y lo vuelve a hacer en estas
horas, con un punto único de interés: los anuncios presidenciales.
Parte de esas medidas involucran a la Anses y a Desarrollo Social. Carolina
Stanley es una pieza de peso en estos días de tantas conversaciones en la Casa
Rosada. La ministro suma para sustentar el mensaje del Presidente y
además, de manera menos visible, sostiene la relación, siempre complicada, con
los jefes de los movimientos sociales. Esas líneas, nunca del todo cerradas, se
han reactivado sensiblemente en la última semana: hay citas escalonadas con los
dirigentes de Ctep, CCC y Barrios de Pie.
Del mismo modo que en el frente social, los contactos son intensos con
los principales operadores y referentes cegetistas. Sica fue ocupando el
principal lugar en ese intercambio, después de la salida de Jorge Triaca,
aunque no es el único interlocutor. El intento fallido de tratamiento del
blanqueo laboral, en el Senado, encendió una luz de alerta –además de fastidio
en despachos oficiales y legislativos-, después de avances con la CGT en las
negociaciones por fondos para las obras sociales y la creación de un organismo
que sin demoras permitiría ir bajando el nivel de litigios que enfrenta el
sistema sindical de salud.
Los mensajes para tratar de distender el panorama sindical no se agotan
allí, ni son uniformes. Incluso, algunos generan impacto interno. Vidal cerró
acuerdo con los docentes bonaerenses. Por supuesto, eso repercute en otros
ámbitos estatales, de la provincia y también nacionales: se negoció con UPCN la
recomposición parcial de 2018 y en mayo comenzar la paritaria de este año. En
Buenos Aires, hay más de treinta gremios con distinto peso, algunos con
proyección amplia –administración central- y otros sectoriales, en algunos
casos divididos: desde docentes, el más numeroso, hasta médicos y judiciales,
pasando por representantes de un solo organismo, como el personal de ARBA. Con
tos ellos hay que negociar.
Nada se resuelve en un solo acto ni en solitario. La crisis además anuda
y tensa decisiones. En medio de todo, parecen sobresalir dos pinceladas
gruesas: la necesidad de contener los precios y mover el consumo, y el
objetivo de prevenir y bajar la conflictividad social. De eso hablan también
las tensiones internas, cuando el año electoral va ofreciendo sus primeras
estaciones.
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