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Por Gustavo Bazzan - Los camiones y trenes cerealeros están empezando a
abarrotar las terminales de descarga de los puertos de Rosario. Y las
cerealeras empezaron a incrementar sus liquidaciones de dólares de las
exportaciones. Esto llevó a que el mercado cambiario se relajara yanotara
cuatro bajas consecutivas esta semana.
Más allá de esas noticias que llevaron cierto alivio al Gobierno, el
escenario está dado para que las empresas exportadoras de granos hagan muy
buenos buenos negocios, a varias puntas.
Es lo que está ocurriendo en estos días. Las empresas que manejan el
mercado de exportaciones de granos le sacan el jugo a un fenómeno propio del
sistema financiero argentino: los bancos están abarrotados de dólares
que prácticamente no tienen a quién prestárselo. Porque la retracción
económica desalienta la toma de crédito y porque esos dólares solo pueden ser
prestados a firmas vinculadas al comercio exterior. Es una regulación pensada
para que no se produzcan los descalces de monedas que pusieron
al borde de la quiebra al sistema financiero en la salida de la
convertibilidad.
Las
cerealeras se aprovechan de la superabundancia de dólares y la escasez de
demanda. Están tomando prestados
dólares a tasas del 3,5% anual (como mucho) es decir un punto por debajo de lo que
paga el Estado por colocar Letes en dólares a corto plazo.
Esos dólares son volcados al mercado cambiario, y con los pesos -los que
no entregan como pago a los productores de granos- se colocan en Letras
en moneda local que rinden en torno al 50/55%. Además, le pueden sacar unos
puntos más alquilando dichos papeles, una práctica habitual.
Si el dólar baja, como está ocurriendo en estos días, el costo
financiero de la operación se abarata, porque les cuesta menos pesos conseguir
los dólares para saldar la deuda (carry trade). Para cubrirse
de una suba del tipo de cambio, toman cobertura en el mercado de dólar futuro.
Hay días en que el desarbitraje de tasas puede dejarimportantes ganancias
con riesgo cero.
Aunque se trate de granos, no es llamativo observar que las cerealeras tienen
la vaca atada. El mercado cambiario se mueve al ritmo de sus
liquidaciones, por lo que podría decirse, también, que es este grupo de
actores del mercado los que definen el rumbo del tipo de cambio. Por cierto,
operando dentro de las reglas del mercado.
En el primer trimestre de este año las liquidaciones de divisas llegaron
a los 4.188 millones de dólares, según la información del Centro de
Exportaciones de Cereales. Es un monto que es casi 11% menor a los
4.680 millones de dólares liquidados en el primer trimestre de 2018, el año
de la gran sequía.
Una explicación posible: “Este año quedó poco remanente de
soja vieja para liquidar por la baja cosecha y ademas vino más demorada la
cosecha de maíz porque la sequía del año pasado cocinó las plantas rápido, en
cambio este año siguieron llenando grano y ganando rinde por mas tiempo. Ese
retraso en la cosecha se empezó a acortar estos días porque el clima ayuda”
dice el analista financiero Juan Manuel Palacio..
La otra discusión que se está dando ahora es qué va a hacer el
productor con sus granos: ¿venderá lo mínimo posible, esperando mejor
precio de granos o del dólar?. Está ganando terreno la opinión contraria. Que
los productores van a vender la mayor cantidad de granos posible -relojeando
desde ya las encuestas preelectorales- porque preferirán ver el
resultado de las elecciones con dólares en la cuenta bancaria antes que con
granos en el silo bolsa. La explicación es atendible: ¿quién querrá tener
soja en su poder si no sabe cuál será el esquema de retenciones (y cambiario)
que tenga en mente el eventual sucesor de Mauricio Macri?
En el Gobierno hacen una lectura parecida. La tensión cambiaria, dicen
en Hacienda, se va a dar más cerca de las elecciones presidenciales, por la
abundancia de pesos que tendrán en su poder los chacareros después de saldar
deudas de la campaña que está terminando y pagar los gastos de la campaña
2019/2020.
Este seguimiento del minuto a minuto del mercado cambiario va en
paralelo a una situación muy frágil del resto de los activos financieros. Los
bonos de la deuda no levantan cabeza y el riesgo país sigue arriba de
los 800 puntos. Un día clave será el martes 16, cuando se difunda el
índice de inflación de marzo. Si no da bien, se notará en las cotizaciones.
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