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Por Jorge Herrera - Tras el error de febrero y
el volantazo de marzo, las tasas de interés del mercado financiero se fueron
acomodando a las nuevas tasas de referencia del BCRA. Vale recordar que el ente
monetario, presionado o inducido, convalidó el descenso de la tasa de
referencia a lo largo de enero y sobre todo en febrero cuando tocó piso en
43,9% anual, ante la creencia de la desaceleración inflacionaria. Pero luego la
realidad impuso reestablecer tasas del 50% para luego ceder nuevamente a
niveles del 68%.
La inflación lejos de ceder sigue escalando. Los
pronósticos de marzo (mañana se conocerá el dato oficial) y abril no son para
nada halagüeños. La tasa de referencia parece haberse estacionado en torno al
67% anual. En este contexto los rendimientos ofrecidos a los ahorristas de
plazo fijo en pesos no ajustables parecen haberse estabilizado.
Cabe señalar que, tras el último giro copernicano
sobre la tenencia de Leliq de los bancos, se esperaba que las elevadas tasas de
referencia se fueran trasladando hacia las tasas pasivas de los plazos fijos en
pesos. Algo de ello ocurrió en la segunda quincena de marzo y continuó en los
primeros días de abril. En promedio, en los últimos treinta días las tasas de
plazo fijo treparon entre 600 y 800 puntos porcentuales (6% y 8%). Todavía el
spread entre la tasa de referencia y las pasivas sigue siendo elevado en torno
a los 2.000 puntos porcentuales (20%). Este año el menor spread se dio por
debajo del 10% a mediados de febrero pasado. De ahí que los deseos oficiales
apuntaban a que los bancos salieran a replicar tasas pasivas similares de ese
entonces, lo que implicaba tasas promedio de más del 50% anual.
Sin embargo, la realidad muestra otra cosa. Por
ejemplo, en los últimos treinta días la tasa de un plazo fijo en pesos para una
persona física de hasta $100.000 pasó del 35% al 43% anual. Mientras que para
una colocación de entre $100.000 y $500.000 se ajustó del 36,5% al 43,8% y para
montos más grandes, de $500.000 a $1 millón de 37,2% al 44,6% y para depósitos
de más de $1 millón del 38,9% al 46,4%. O sea, ninguna se acerca remotamente al
50% anual. Solo en el caso de las colocaciones de empresas, es decir, de
personas jurídicas las tasas pactadas se acercan e incluso superan levemente el
50% anual (50,9%).
De modo que en los últimos treinta días, ajuste
mediante en la tasa de referencia y en la normativa de las Leliq (el tope que
pueden tener los bancos pasó del 65% al 100% de sus depósitos y la tasa se
garantiza en el 62,5% en abril), los rendimientos pactados con los ahorristas,
no empresas, para los plazos fijos en pesos de entre 30 a 60 días (a plazos más
largos las tasas descienden) experimentaron aumentos de hasta 800 puntos
porcentuales quedando lejos del 50%.
Por el momento nada parece indicar que los bancos
saldrán a combatir más agresivamente por los plazos fijos. Las tasas ofrecidas
en la actualidad se mantendrían en el corto plazo. Además, por lo visto hasta
ahora, la estrategia no ha surtido tanto efecto en términos de seducir a los
ahorristas a volcarse más a los plazos fijos. Habrá que ver cómo evoluciona el
mercado cambiario ahora con las subastas diarias de dólares del Tesoro y la
andanada de divisas de los agroexportadores. En el medio hay todavía datos de
inflación inquietantes. Si los ahorristas confían en que el BCRA logra
estabilizar el dólar algo podrían mejorar las colocaciones a plazo fijo. Pero
no puede soslayarse que sigue el imperio del “crecimiento cero” de la base
monetaria, materia prima, para el dinero secundario.
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