|
Por Carlos
Burgueño - El Gobierno esperará a junio
para tomar una decisión: si vuelve a reclamar ante el Fondo Monetario
Internacional (FMI) para
poder utilizar parte del dinero que el organismo le desembolsó a la Argentina
para, eventualmente, combatir corridas cambiarias. Desde la Casa Rosada se cree
que hasta ese mes el mercado del dólar tendrá la suficiente cantidad de oferta
como para abastecer a la demanda temporal. La oferta será provista desde tres
fuentes seguras, según la visión oficial: los sojeros (que desde la semana
anterior comenzaron a acelerar sus liquidaciones), las subastas del Tesoro de
u$s60 millones y los aportes que el superávit comercial ya comenzó a acercar.
La visión oficial es que este ritmo de ingresos de divisas deberá provocar una
cierta tranquilidad cambiaria, al menos durante lo que queda de abril, todo
mayo y gran parte de junio. Pero se reconoce que el clima podría comenzar a
complicarse desde finales de ese mes y todo julio. Será un tiempo donde la
oferta sojera comenzará a languidecer y, lo fundamental, el cronograma
electoral empezará a hacerse sentir en el ritmo de la economía. En el Gobierno
suponen que serán tiempos en los que en la economía doméstica habrá cierto
clima a mejora y esperanza de crecimiento; un panorama muy distinto a lo que se
verifica en estos meses. Y que esto se debería reflejar en una mejora en las
encuestas donde la imagen del Gobierno hoy se ve castigada y hasta muy
amenazada la posibilidad de una reelección de Mauricio Macri. Serán tiempos muy
cercanos a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), donde el
país vivirá el primer test electoral cierto y concreto sobre las verdades
posibilidades para que el actual Presidente siga en su cargo; o, por el
contrario, sea real la alternativa de un regreso de Cristina Fernández de
Kirchner al poder o la aparición de una tercera opción. Como las encuestas
comenzarán a hacer su juego ya semanas antes de esa elección, se cree que el
clima político afectará al insumo básico de toda economía: la confianza.
Si los tiempos son duros, y si los mercados financieros comienzan a
comportarse de manera volátil y con mayor voluntad dolarizadora será el momento
clave en que el Gobierno deberá ponerse firme ante un mercado cambiario que
amenaza ser turbulento. En ese punto el Gobierno tendrá que resolver si
enfrenta eventuales corridas con las herramientas ya conocidas y aplicadas
hasta hoy, y con un nivel de reservas del BCRA más sólido que el actual, o si
comienza a pensar en otras alternativas menos ortodoxas. Y, quizá, no
permitidas por el FMI. Dependerá de la gravedad de la demanda de dólares y los
alcances de una eventual corrida. Pero, lo seguro, es que la visión de Mauricio
Macri compartida por casi todo su Gabinete es la certeza de que una corrida
importante durante julio, y su inevitable correlato inflacionario, sería una
situación demasiado corrosiva en el electorado de clase media, donde Cambiemos
tiene su necesario caudal para pensar en la reelección.
Este panorama fue debatido en Washington con la principal barrera que
esta política tiene en el FMI. Su número dos, David Lipton, fue el encargado
durante el fin de semana de advertirle a los funcionarios argentinos que lo
visitaron durante la reunión de primavera del organismo, que el FMI no está
dispuesto a negociar la prohibición de utilizar dinero del préstamo stand by
para enfrentar una corrida cambiaria. A cambio le abrió una ventana a la
discusión: que si se encuentra otro mecanismo similar al que en septiembre del
año pasado se planteó con la aplicación de la “zona de no intervención”, está
dispuesto a escucharlo. Mientras se diseñan estas posibles alternativas, hay
otra que ya comenzó a discutirse dentro del Gobierno. Que sea una nueva llamada
personal de Mauricio Macri a su colega norteamericano, Donald Trump, lo que
destrabe el debate.
|