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Por Alejandro
Colle - El principal precio cuidado de la economía en los próximos seis meses
será sin lugar a dudas, el del dólar. No va a estar en la lista con el medio
centenar de productos que participarán de este nuevo intento para calmar la
inflación. Pero será el primero que vigilarán diariamente desde el Ejecutivo.
Ayer comenzaron las subastas de dólares del Tesoro y, a través del Banco
Central, se colocaron los primeros u$s60 millones, a un precio promedio de
$41,60 (ver página 3). Es 4% menor al valor con que la divisa norteamericana
cerró marzo.
En rigor de verdad, la baja fuerte comenzó la semana pasada. Desde el
análisis técnico, un gráfico revelaba el martes una figura sugestiva: doble
techo al precio de $43,70. Si no subía ese día, el dólar podía ingresar en una
suerte de tobogán. Y fue lo que sucedió.
Un incremento, por ahora fugaz, en el ritmo de liquidación de
exportaciones del complejo agroindustrial, a u$s152 millones el viernes pasado,
contribuyó a reforzar la tendencia, mientras la demanda se corría de escena a
la espera de dos definiciones. La venta de dólares del Tesoro, y el resultado
de las conversaciones que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, mantenía en
Washington con el número dos del FMI, David Lipton, para negociar un
relajamiento en las reglas de intervención cambiaria. La respuesta, fue más o
menos la siguiente: “Si surgieran problemas con el dólares, vamos a estar allí
para ayudar. Pero esperemos a ver si aparecen”.
Por ahora se mantiene todo como está. Tasa de interés, absorción
monetaria y venta de futuros. Pero el trascendido de que en caso de
dificultades el Fondo podría considerar una flexibilización de las normas,
ayudó al escenario de calma cambiaria.
La perspectiva de un dólar cuidado, relativamente quieto, y para algunos
analistas tendiente al piso de la zona de no intervención, volvió a abrir una
ventana de aire fresco para las inversiones en moneda
local. El horizonte no es demasiado amplio. Tal vez unos 60 días, hasta que se
definan las listas electorales el 22 de junio próximo. Pero suficiente para
destinar parte de la cartera a algunas alternativas que prometen buenos
rendimientos.
En el primer escalón figuran las colocaciones a plazo fijo en bancos,
con rendimientos que van desde 46% para los más comunes a 30 días, hasta 52%
para aquellos que superan los 20 millones de pesos. Otra variante son los
plazos fijos ajustables por UVA. El capital (mínimo $1.000) se convierte en
UVA, y de alguna manera acompaña a la inflación, más una tasa que depende de
cada banco. Tienen más liquidez que los depósitos ajustables por CER, ya que en
este último caso hay que inmovilizar el capital por un mínimo de 365 días.
Entre los expertos se recomienda tener, dentro del portafolio, bonos en
pesos de mediana duration. Y, asimismo, las Letras Capitalizables (Lecap), un
instrumento de corto plazo y bajo riesgo, que en la última licitación del
Tesoro Nacional se colocaron con un rendimiento de 55% anual. También pueden
ser adquiridas en el mercado secundario.
Otra opción para la porción en moneda local de las carteras son los
Boncer, títulos que siguen la evolución del Coeficiente de Estabilización de
Referencia (CER), que elabora diariamente el Banco Central en base a la
variación del índice de precios al consumidor nivel nacional del INDEC. Es
decir, acompañan a la inflación.
Desde la puesta en marcha en octubre del programa monetario de control
de agregados el IPC nacional acumula una variación de 24%, hasta marzo, mes en
que el propio presidente Mauricio Macri admitió que hubo un pico de inflación.
Hoy tras el cierre de los mercados se conocerá el índice, cuya variación
superaría 4%. Y aún no hay certeza de que el nuevo esquema de precios cuidados
vaya a tener efecto sobre el IPC. Por el momento, la única certeza es que el
primer precio cuidado por el Ejecutivo será el del dólar. Aunque el avance del
calendario electoral y la dosis de incertidumbre que conlleva, tampoco permite
asegurar que tendrá éxito.
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