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Por Rubén Rabanal - Mauricio Macri
se anticipó a las malas noticias que el INDEC le dará hoy al país como una
estrategia para avanzar sin sorpresas hacia el paquete de medidas que anunciará
mañana el Gobierno y
que actuará como una relanzamiento de campaña. No hay forma que esos anuncios
tengan otra lectura que esa ya que no son muchas más las herramientas que
aparecen hoy en el horizonte de Cambiemos para
intentar torcer la mufa económica que no se va. Todos saben que, aunque sea
abril y falten dos meses para inscribir las candidaturas, en términos de la
economía ese tiempo es mínimo como para que el cambio de tendencia en la caída
que puede darse, o inclusive que ya puede estar teniendo efecto, llegue a la
percepción popular.
No está mal la estrategia presidencial de reconocer el espantoso marzo
que tuvo la inflación (ayer se lo medía en las estimaciones en un número
superior a 4 %) e inclusive alertar que abril no será mucho mejor. El Gobierno
nunca pensó en iniciar la campaña de esta forma. No estaba en los planes de
nadie, ni quiera de Jaime Durán Barba que, como anticipó este diario hace dos
semanas, le llegó su diagnóstico sobre la situación al Gobierno tras analizar
los resultados del más grande estudio de focus group y mediciones que haya
tenido registro en Cambiemos.
Ese dictamen fue el que habló de la necesidad de salir de la Casa Rosada
y Olivos a la calle y atender reclamos de bolsillo de los argentinos de a pie y
las pymes antes que fuera definitivamente tarde.
Para la interpretación interna de Cambiemos esos paliativos que se
conocerán hoy llegan, de todas formas, demasiado tarde como para renovar a todo
vapor el affectio societatis sobre el que nació el grupo. Sobre todo para los
radicales que vienen alertando desde hace un año, en algunos casos con posturas
que hasta alimentaron y precipitaron la crisis de confianza en el Gobierno como
el caso de los planteos de Alfredo Cornejo por tarifas, sobre la necesidad de
un cambio o al menos de una mano amable que morigere las alternativas del
necesario ajuste que se lleva adelante.
En todo este trámite de lanzamiento de medidas que el Gobierno adelantó
al último día hábil antes de Semana Santa hay algunas ausencias notables. Una
de ellas es la de Elisa Carrió. Es curioso: la chaqueña no se involucró en el
debate de los anuncios económicos de mañana, como si lo hicieron los radicales
que, aunque más beligerantes con la Casa Rosada por este y otros temas en su
relación con el PRO, terminaron siendo mas orgánicos al grupo y pusieron la
cara para sentarse junto a María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta para
debatir con el macrismo, pero siempre en un acto de ratificación de su
pertenencia al grupo. En el caso de la Coalición Cívica eso se vio en estos
días solo en un comunicado que emitió el ala bonaerense de ese partido
ratificando su pertenencia a Cambiemos. Más frío, podría decirse.
Todavía no está armado el minué de los anuncios de mañana. Es decir, en
el Gobierno aún se debate si estarán el Presidente o sus ministros a cargo de
anunciar el relanzamiento de precios cuidados reforzados, los beneficios para
créditos UVA, financiamiento barato para compras con tarjeta, obras e
inversiones que comenzarán a ejecutarse y beneficios fiscales y financieros
para pymes. Algo más se prepara sobre lo que dará explicaciones el Banco
Central, que desde hace unos días goza de un relax cambiario incrementado desde
ayer (con un dólar que retrocedió a $42,65) gracias a las ventas del campo y la
subasta diarias de u$s 60 millones. Como se dijo, estamos en abril, tarde para
algunas consideraciones y temprano para otras. El acertijo queda entonces en
saber cuán temprano sigue siendo para que Macri tome otras decisiones y hasta
dónde estará sujeto a dos decisiones que no puede manejar: la candidatura de
Cristina de Kirchner y la unidad del peronismo, dos situaciones que pueden
cambiar todo.
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