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Por Pablo Wende
- Con el nuevo peldaño que bajó ayer, el descenso del dólar ya supera el 5% en
lo que va de abril. La paz cambiaria a fuerza de liquidación de divisas
por parte del campo y el inicio de las ventas del Tesoro tranquilizaron los
ánimos en el equipo económico, principalmente el ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne y el titular del BCRA, Guido Sandleris. Sobre todo luego de la
disparada (inesperada para el Gobierno) de la cotización en marzo, cuando subió
11%.
Esta mayor tranquilidad de la divisa permite empezar a proyectar un
escenario razonable de desinflación a partir del mes que viene. En mayo se
acumulan varias razones que permiten entusiasmarse a cuentagotas: el hecho
de que el dólar no siga subiendo le baja presión a los precios, pero además no
hay ajustes de tarifas previstos. Y otro factor que juega a favor es que
estacionalmente no hay aumentos importantes, como puede suceder en marzo por el
inicio de clases o en julio por las vacaciones de invierno.
El resto del "trabajo" lo hace el enfriamiento de la economía:
se estima que el consumo en el segundo trimestre seguirá cerca de 6% abajo en
términos interanuales. Este bajón contrasta con el repunte del PBI, que
llegaría a 1,3% en buena medida por efectos de la cosecha récord.
¿A cuánto podría caer la inflación luego del "pico", como lo
definió el propio presidente Mauricio Macri, que se conocerá
hoy con datos de marzo? Si se ubicara en mayo por debajo del 3% sería
presentado como todo un triunfo por parte del Gobierno. Aún cuando el
resultado resulte por demás modesto. Y será difícil llegar a índices menores al
2% mensual al menos hasta las elecciones.
Pero para mayo todavía mucho y los números todavía no son buenos en
materia de precios. Más allá del dato que divulgue hoy el INDEC de marzo, las
perspectivas de abril no son buenas. No sólo hubo aumentos tarifarios
significativos como el gas o el incremento de la nafta a principio de mes.
También los precios de los alimentos aumentaron significativamente en el
arranque del mes. Según la consultora Elypsis, en la primera semana se
registraron las mayores remarcaciones en alimentos desde septiembre.
Básicamente producto del nuevo salto del dólar del mes pasado.
Por eso, la definición sobre una reducción de la inflación en el corto
plazo depende casi exclusivamente de la evolución de los precios de los
alimentos. Si bien un dólar más estabilizado al menos de corto plazo juega
a favor, todavía hay un traspaso pendiente de la devaluación del año pasado. Y
por otra parte, con un consumo deprimido no es tan sencillo el traslado de los
aumentos de costos a precios.
Claramente la inflación del primer cuatrimestre será mucho más elevada
que la del año pasado y podría superar el 15 por ciento. Pero la expectativa es
en general que la evolución anual resulte inferior que la del año pasado. Ayer
el BBVA estimó que en 2019 el dólar terminará en $49 y los precios aumentarán
35 por ciento. Un escenario a esta altura benigno, si se tiene en cuenta
que en el medio ocurrirán las elecciones presidenciales más indescifrables de
las últimas décadas.
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