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Por Francisco Seminario - El Fondo Monetario Internacional apoyó hoy los
cambios introducidos en el esquema monetario anunciados
hace minutos por el titular del Banco Central, Guido Sandleris,
y consideró que el congelamiento de los parámetros de la banda cambiaria por la
que podrá moverse el dólar de aquí a fin de año sin gatillar una intervención
oficial "debería ayudar a anclar las expectativas de inflación".
Contener la inflación es la prioridad en este momento, y el aplanamiento
de la banda cambiaria podría contribuir en este sentido, un objetivo en el que
el Gobierno y el Fondo están absolutamente alineados.
Según indicó el vocero principal del FMI, Gerry Rice, "los últimos
datos del índice de precios al consumidor muestran que romper
con la inercia inflacionaria es todavía un desafío difícil para las autoridades
argentinas". Agregó, sin embargo, que "el marco actual de la política
monetaria está diseñado de manera apropiada para hacer frente a ese
desafío".
El funcionario del Fondo expresó el respaldo del FMI en un breve
comunicado difundido en la capital norteamericana luego de que
se conociera el salto que pegó la inflación en el mes de marzo, del 4,7%,
y momentos después de que Sandleris anunciara el congelamiento de la banda
cambiaria.
"Saludamos el cambio en los parámetros del marco anunciado hoy.
Junto con la reciente decisión de extender el cero crecimiento de la base
monetaria hasta noviembre, deberían ayudar a anclar las expectativas de
inflación", señaló Rice.
El dato de inflación no sorprendió en las oficinas del Fondo, que hace
muy poco había expresado ya su "decepción" ante el aumento
persistente de precios en los primeros meses del año. Además, los funcionarios
que siguen de cerca el caso argentino habían anticipado en los últimos días que
los números no venían bien para marzo y abril y que la baja del índice sería
sólo "gradual".
Buena parte del equipo económico que conduce Nicolás Dujovne, así
como el presidente el Banco Central y su número dos, Gustavo Cañonero,
estuvieron en Washington la semana pasada, donde mantuvieron encuentros
reservados con los máximos responsables del organismo multilateral,
incluidos David Lipton, el segundo de Christine Lagarde, y el jefe de
misión para la Argentina, Roberto Cardarelli. De esos encuentros, que
tuvieron lugar a puertas cerradas, no trascendieron detalles en la capital norteamericana.
El hermetismo de los funcionarios argentinos fue prácticamente total.
En un brevísimo intercambio con Infobae y otros medios en un
pasillo del Fondo, Dujovne negó de manera rotunda el domingo que se estuvieran
negociando modificaciones al programa con el FMI o cambios en el esquema de
bandas establecido en el marco de la política monetaria del Central. En los
días previos se había especulado de manera insistente con que el Gobierno
buscaba una flexibilización de ese esquema, para contar con un mayor margen de maniobra
en caso de que crezcan las presiones cambiarias a medida que el calendario se
acerque a octubre.
Los anuncios de Sandleris finalmente fueron en la dirección de un
congelamiento del techo y piso de la banda por la que puede fluctuar el dólar
sin intervención, lo que permitirá que hasta diciembre la moneda
estadounidense se mueva en una flotación acotada entre los 39,75 y los 51,45
pesos actuales. Ese corset cambiario debería a su vez estabilizar otras
variables. En primer lugar la inflación, principal fuente de preocupación tanto
en Washington como en Buenos Aires.
El pronóstico original del FMI para la inflación de este año en la
Argentina era del 20 por ciento. Debió corregirlo dos semanas atrás, al dar a
conocer el staff report de la tercera revisión del acuerdo stand-by por
57.000 millones de dólares.
Pero esa corrección, que elevó las previsiones a 30,5% para todo 2019,
podría quedarse corta también, por más que en el organismo confían, al igual
que el presidente Mauricio Macri, que el índice va a tender a caer en los
próximos meses. Hasta ahora, la realidad se encargó de desmentir todos los
cálculos oficiales.
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