|
Por Alfredo Sainz
- Hay vida más allá de la soja y los textiles baratos. Durante décadas, el
comercio entre la Argentina y China estuvo concentrado en unos pocos rubros.
Las exportaciones argentinas a la segunda economía del mundo estaban muy
enfocadas en la soja y sus derivados, y como contraparte el país se limitaba a
importar desde las antípodas productos textiles y electrónicos de una calidad
dudosa.
Sin embargo, el panorama está cambiando a pasos acelerados. Las
autoridades argentinas se entusiasman con el salto que pegó la demanda china de
carne argentina -hoy es el principal comprador en el mundo- y aseguran que
existen muchos potenciales rubros -ligados básicamente a los alimentos y
bebidas- en los que los productores argentinos pueden encontrar nuevos
compradores en China. Desde el otro lado, las marcas chinas ya están dejando
definitivamente atrás la imagen de productos baratos y de una calidad dudosa y
se lanzan a competir de igual a igual en cada vez más industrias con sus
rivales norteamericanos y europeos.
A continuación, ocho claves (el ocho es el número de la suerte para la
cultura china) para potenciar el comercio con el nuevo gigante económico que
promete opacar a los Estados Unidos.
1. Dejar de lado
los prejuicios
Uno de los mayores desafíos que enfrentan las marcas chinas en su plan
de expansión global es dejar atrás la asociación exclusiva con el precio. A
fuerza de inversiones en tecnología y en marketing, este prejuicio fue
perdiendo terreno en casi todos los mercados del mundo y la Argentina no es una
excepción.
"Dejar atrás los prejuicios que existen sobre las marcas chinas es
solo una cuestión de tiempo, y de hecho se está logrando a pasos muy grandes.
No hay que perder de vista que la China moderna tiene menos antigüedad que la
internet y hoy ya les pelea a las marcas europeas y norteamericanas en casi
todos los campos", explica Martín Tibabuzo, el argentino que encabeza el
negocio de marca de deportes china Peak en el mercado argentino. "Peak
decidió desarrollar la categoría y uno de los primeros mercados que eligió es
la Argentina. De hecho, Lanús es el primer equipo importante en el mundo que
está vistiendo", señala este argentino que hace un par de años decidió
dejar su lugar en la casa matriz de Adidas -desde Alemania fue el encargado de
diseñar las camisetas de las selecciones de la Argentina y Colombia y de clubes
como River o el Chelsea- para liderar el desembarco de Peak en el país.
Sin embargo, los argentinos que picaron en punta a la hora de apostar a
las marcas chinas reconocen que no fue tarea fácil. "En 2004 cerramos el
primer acuerdo para empezar a importar televisores de la marca TCL. En ese
momento, las marcas chinas tenían una imagen mucho menos glamourosa de la que
tienen hoy, aunque a la vez estábamos convencidos de que el futuro de la
electrónica iba a pasar por China, y no nos equivocamos: hoy TCL es la marca de
televisores número dos del mundo, solo superada por la coreana Samsung",
explica Enrique Jurkowski, presidente de la empresa argentina Radio Victoria.
El rubro automotriz es otro que implica un desafío importante a la hora
de vencer prejuicios. "Los argentinos tenemos una cultura automotriz muy
ligada a las marcas americanas y europeas y cambiar eso es más difícil por una
cuestión cultural, aunque en su momento se logró con las marcas japonesas y
coreanas, así que también pasará con las chinas", sostiene Roberto Alabes,
gerente de marketing de Lyfan Argentina, que debutó en el país en el Salón
Automotriz de 2015.
"El usuario argentino está sumamente dinámico y cada vez más todo
es importante para la experiencia de marca: además de todas las variables de
análisis duro, como precios o stock, también pesan la estética de las
plataformas digitales, el tipo y tono de comunicación, la disponibilidad de la
información completa y en la nube, el acceso al dato de contacto, la
efectividad de la respuesta ante consultas, la diversidad de material
audiovisual como primer acercamiento", coincide Ximena Castellani, gerente
de Marketing de JAC Motors Argentina, la última apuesta china del grupo Socma
por el mercado automotriz local.
2. Apostar al
largo plazo
El año pasado, la TV Pública argentina firmó un acuerdo con su par china
para explorar el desarrollo de algunas producciones conjuntas. Los primeros
pasos fueron un par de programas especiales para dar a conocer las culturas y
costumbres de cada país. La coproducción que se hizo para China fue un éxito de
audiencia (sumó más de 800 millones de televidentes) y se convirtió en el
puntapié inicial para otros proyectos. "Después del éxito del
programa Amazing Argentina, en el que mostramos las bellezas
del país para los televidentes chinos, ahora estamos negociando la producción
de contenidos pensados especialmente para ese mercado. Lo que más interesa son
los tutoriales sobre tango y fútbol", explica de Emilio Lafferriere,
presidente de la empresa pública Radio y Televisión Argentina (RTA). "La
clave para hacer negocios con China es ir de a poco. Los chinos no te abren
todo el juego de entrada y hay que avanzar paso a paso. No hay que hacer
locuras y la clave es ganarse su confianza demostrando que se cumple con lo
prometido", agrega el funcionario argentino.
En la automotriz Lyfan Argentina también destacan que la única forma de
hacer negocios con China es apostando al largo plazo. "Los chinos tiene
una combinación de agresividad comercial y mirada estratégica. Por un lado, se
adaptan muy rápido a cada mercado al que van y no tienen problemas en adecuar
su oferta a las demandas del cliente argentino. Pero no dejan de ser muy
estratégicos y de entender que la constancia es el camino para desarrollar
cualquier negocio aun a costa de ir un poco más despacio", explica Alabes.
3. Buscar los
nichos
Si bien el 80% de las exportaciones argentinas al mercado chino
continúan pasando por la soja y sus derivados, los especialistas en comercio
exterior coinciden en destacar que la segunda economía del mundo ofrece
innumerables oportunidades para las empresas locales que se animen a buscar
nichos de negocios no explotados. "Hoy se están abriendo nuevos mercados
para la Argentina. El más importante fue el de la carne vacuna, aunque también
vemos un potencial enorme en otras categorías, como frutas finas, arándanos,
cerezas, arvejas o carne de cerdo", asegura Patricio Giusto, director del
Observatorio Sino Argentino, que funciona dentro del marco de la fundación
Nuevas Generaciones. Giusto reconoce que el déficit que arrastra la Argentina
en su relación comercial con China -en 2018 el rojo llegó nada menos que a
US$7604 millones- representa un desafío casi imposible de revertir en el corto
plazo, aunque también se muestra optimista en que es posible ir reduciendo la
brecha entre exportaciones e importaciones. "El camino para ir bajando el
déficit no es cerrarse, sino venderle más. China quiere comprar productos
argentinos y nos ve como un gran proveedor de alimentos y no nos está poniendo
cuotas o exigiendo un tratado de libre comercio", explica Giusto.
"A China se le puede vender todo, el tema es que si el producto
funciona, no tenemos capacidad de reposición porque los volúmenes se trabajan
en otra dimensión", explican en la consultora WeChina, que se especializa
en la búsqueda de oportunidades comerciales entre los dos países. "Una
clave es no apuntar al mercado masivo sino a los nichos más exclusivos. Hoy en
China existen entre 25 y 30 millones de millonarios, que consumen productos
ABC1 y que tienen un gusto muy aggiornado. Para entrar en este segmento,
el packaging es fundamental".
4. Adaptación o
muerte
La importancia de saber adaptarse también es confirmada por las bodegas
argentinas que intentan hacerse un lugar en el mercado chino compitiendo contra
jugadores que nos llevan una gran diferencia, no solo de tiempo, sino también
de billetera.
"China está en un proceso de descubrir al vino, impulsado por una
clase media que comienza a viajar y a consumir productos occidentales. En esta
carrera, Francia fue el que pegó primero, pero igual estamos convencidos de que
hay una oportunidad para los países del Nuevo Mundo, aunque sabemos que
contamos con presupuestos mucho más módicos que los de Australia o Chile. La
ventaja es que hay un afán muy grande por consumir vinos y están muy abiertos
no solo al malbec, sino también a los vinos blancos, los dulces o los sparklings",
explica Ignacio Squassini, vice presidente de la bodega Dante
Robino.
Squassini destaca que a pesar de la falta de presupuesto, las bodegas
locales ya están conscientes de la relevancia del mercado chino. "En la
última reunión de Wines of Argentina (la entidad que promueve la imagen del
vino argentino en el mundo) se decidió destinar el 80% del presupuesto en
marketing al mercado chino, porque hoy es el único que sigue creciendo para el
vino argentino".
5. Aprenderde los
errores
Sin subestimar el gran potencial que ofrece el intercambio comercial
entre los dos países y las innumerables oportunidades comerciales, está claro
que a la hora de hacer negocios no todo es tan fácil como parece. Y así como
hay muchos ejemplos exitosos, también se pueden anotar algunos fracasos.
"Con El Noble incursionamos en China en 2010 con un único local en
Shanghái que no funcionó. Uno de los problemas fue el producto. Los chinos
están abiertos a comer pizzas o hamburguesas porque conocen de qué se trata por
las películas norteamericanas, pero la empanada es un poco más difícil. Para
ingresar a un mercado tan grande como el chino se necesitan inversiones muy
grandes, que una empresa argentina difícilmente pueda encarar, y también saber
adaptarse a las costumbres locales. Por ejemplo, a la distancia nos dimos
cuenta de que una de las cosas que tendríamos que haber hecho era incorporar
ingredientes más picantes en nuestras empanadas para adecuarnos al gusto
local", explica Mariano Castagnaro, gerente general de El Noble.
En sentido inverso, también existen otros casos de intentos fallidos de
empresas chinas en el mercado argentino. Uno de los desafíos de la marca
deportiva Peak en el mercado local es remontar el antecedente de lo que pasó
con otra firma china en el mundo del básquet. En 2007 la empresa Li-Ning cerró
un acuerdo con la Confederación Argentina de Básquet para vestir a la
selección, aunque la ropa oficial nunca se comercializó en forma directa en el
país, lo que despertó las quejas de los fanáticos locales.
Las marcas de celulares también enfrentan un proceso de adaptación que
no siempre es fácil. Huawei, que a nivel mundial le disputa a iPhone el segundo
puesto en ventas desmartphones, llegó al país hace tres años con un
muy agresivo plan de expansión que incluyó la puesta en marcha de una red
comercial propia y el sponsoreo de la camiseta de Boca Juniors. Sin embargo,
hace unos meses en la casa matriz de la compañía admitieron que están
posponiendo sus proyectos de inversión en el país en el negocio de los dispositivos
debido a la devaluación y la fuerte presión impositiva, y en el último
trimestre la marca suspendió la producción de teléfonos en Tierra del Fuego.
"Actualmente, Huawei está estudiando el panorama local para determinar
cuál de los posibles modelos de cooperación comercial aplicará",
precisaron en la filial local.
6. Encontrar el
socio ideal
Al existir tantas barreras culturales entre los dos países, tanto los
chinos como los argentinos coinciden en que encontrar un socio local es
fundamental para asegurar el éxito de un proyecto. "Con la gente de TCL
empezamos a negociar en 2003 y un año después llegamos a un acuerdo para
comenzar a importar televisores de la marca. Después comenzamos la producción
en Tierra del Fuego y fuimos sumando nuevas líneas como audio y celulares. Es
una relación que fuimos construyendo de poco en la que la continuidad es
fundamental y que terminó derivando en el acuerdo que hicimos a fines del año
pasado por el que TCL se asoció con nosotros y adquirió el 15% de Radio Victoria",
señala Jurkowski.
En el grupo Peñaflor también destacan la importancia de contar con una
contraparte china para manejarse a una distancia tan grande. "Hoy el
producto argentino tiene una presencia reducida en el mercado chino y
representa el 1% de las ventas totales de vino. Muchas veces la principal
dificultad que tienen las bodegas argentinas es el poco conocimiento que
tenemos de la contraparte importadora", explica Pablo Aranda Hynes,
gerente de Exportaciones Asia del grupo Peñaflor, el mayor exportador de vinos
de la Argentina y el número uno en China.
7. Aprovechar la
conexión local
Si bien no hay números oficiales, se calcula que la comunidad china en
la Argentina -tomando en cuenta tanto a los inmigrantes provenientes de China
continental y a los de Taiwán como a los hijos de padres chinos nacidos en el
país- ya suma más de 200.000 personas. De ese total, un poco más de la mitad de
los chinos que llegaron al país provienen de una única ciudad: Fujian, en el
sur de China. "Somos una generación de transición, que no nos terminamos
de sentir ni como argentinos ni como chinos", explica Fernando Hung, un
taiwanés de 46 años que llegó al país con sus padres en la década del 70 y hoy
está al frente de China Pass, la principal agencia de turismo de la
colectividad china en la Argentina, que comercializa más de 10.000 aéreos por
año.
"El fuerte de nuestro negocio es llevar argentinos a China para que
participen de ferias internacionales como la que se organiza todos los años en
Shanghái. Queremos ser el puente de negocios entra la Argentina y China. Pero
ahora también armamos viajes más temáticos, pensados para los turistas argentinos,
como una salida en torno al té, y también trabajamos con cada vez más chinos
que quieren conocer la Argentina", explica Hung.
La principal actividad de la comunidad en el país continúa siendo el
comercio, con una presencia muy marcada en el rubro de los autoservicios y los
locales de comida al peso. Esta actividad también representa una oportunidad
para las marcas argentinas que cuentan con una carta de presentación a la hora
de hacer pie en las antípodas.
"El mercado chino más fuerte para el vino argentino está en el sur,
donde la Argentina tiene buena imagen", explican en Peñaflor. "Los
autoservicios chinos de la Argentina nos ayudaron a consolidar la imagen,
especialmente en la región de Fujian, que hoy concentra el 60 o 70% de las ventas
de vino argentino en China. Hay muchos familiares que viajan entre los dos
países y que reciben un feedback sobre las marcas que son relevantes en la
Argentina, como Trapiche y las Fincas Las Moras y otras de la competencia, como
Rutini. Ahora, el objetivo es extender el negocio a otras regiones",
explica Aranda Hynes.
8. Acostumbrarse a
vivir a contramano
Más allá de las barreras culturales e idiomáticas -no todos los
ejecutivos chinos manejan el inglés-, los empresarios argentinos que están
haciendo negocios con China reconocen que uno de los principales problemas en
el día a día de la relación es el tema de los horarios.
Trabajar con una contraparte comercial o industrial con las que les
separan una docena de usos horarios es un motivo de desvelo (literal) para los
empresarios de las dos partes. "Lo que más me complica la negociación con
la casa matriz son los horarios. Cuando trabajaba en Adidas Alemania, con todos
los clubes europeos nos manejábamos prácticamente en la misma franja horaria y
con la Argentina estábamos con solo cinco horas de diferencia. Pero lo de China
es muy distinto. El horario invertido es lo más difícil y los viajes que hago
cada tres meses también son desgastantes", explica el número uno de Peak
Argentina.
|