|
Por Jorge Herrera - Si bien la compra de divisas por parte de
las familias mostró en marzo pasado un retroceso frente a los niveles de un año
atrás y el desarme del “canuto” (venta de divisas) se aceleró, el Balance
Cambiario del BCRAmuestra que la “Formación de Activos Externos del
Sector Privado no Financiero” (FAE) o “atesoramiento” se mantiene elevado.
Según datos oficiales en marzo el FAE, que en la jerga se lo califica como fuga
de capitales, ascendió a u$s1.771 millones. Si bien esto representa una
disminución del 28,1% frente a marzo del año pasado, tanto el FAE total como la
compra de billetes registró un fuerte aumento frente al mes anterior, del 84% y
30% respectivamente. Cabe recordar que las comparaciones interanuales pierden
dimensión dado que en 2018 hubo una corrida cambiaria de magnitud. Basta con
señalar que la fuga de capitales fue de u$s27.230 millones el año pasado, el
récord histórico. Pero para tener una lectura acabada de marzo 2019 vale
mencionar que es un 80% mayor al de marzo 2017 y un 78% al de marzo 2016.
De esta manera en el primer trimestre de 2019 la compra de divisas para
atesorar ya suma u$s4.695 millones. Esto es un 32% menos que en el mismo
periodo de 2018, pero sólo un 2% inferior que en 2017 y un 29% más que en el primer
trimestre de 2016.
Si todo evoluciona dentro de lo previsto por el FMI y el Gobierno, la
fuga de capitales podría rondar entre los u$s15.000 millones y los u$s18.000
millones (replicando el primer trimestre al resto del año).
Por lo tanto a lo largo del Gobierno de Cambiemos la fuga de capitales
habrá ascendido a no menos de u$s80.000 millones, muy similar al acumulado en
las dos administraciones de Cristina Kirchner. Al respecto vale recordar que,
según la serie histórica del BCRA, en el Gobierno de Néstor Kirchner la fuga de
capitales sumó u$s17.250 millones, mientras que en los de dos de Cristina
totalizó u$s84.909 millones. Hasta ahora, en la era Macri, suma u$s64.023
millones. Para simplificar el análisis se adjudicó el dato de diciembre 2015
(u$s2.024 millones) a la administración K. Más allá de eso, en el primer
mandato de Macri el nivel de atesoramiento marcará registros preocupantes.
Ocurre que con toda la bonanza del advenimiento del nuevo Gobierno los
argentinos siguieron fugando capitales, tanto a nivel local como al exterior.
Solo hubo un registro negativo, es decir, que en lugar de fugar los argentinos
trajeron capitales. Ello se dio en diciembre de 2016, seguramente asociado al
efecto blanqueo.
En 2017, un año electoral clave para la gobernabilidad de Cambiemos,
como el oficialismo se ocupó de transmitir, la fuga fue de u$s22.148 millones a
pesar del rotundo triunfo de Macri que parecía sepultar el temor a la vuelta de
un gobierno populista. Y en 2016 había sido casi de u$s10.000 millones pese al
furor de los mercados e inversores con el nuevo gobierno. El año pasado, la
crisis cambiaria dejó un saldo de u$s27.230 millones de atesoramiento. De ahí
que comparar contra ese año confunde la evaluación de 2019. Lo cierto es que si
todo sale bien, o sea, no hay una dolarización de carteras desbocada a medida
que se acercan las elecciones, el costo para la economía habrá sido perder un
nivel de ahorro a valores de hoy $800.000 millones de oferta potencial de
crédito para el sector privado, o sea, el equivalente a la mitad del stock
actual de préstamos en pesos. Si tomamos todo lo fugado el sistema local habrá
perdido en la era Macri más de $3 billones, es decir, el doble del total de
crédito en pesos actual.
|