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Por Juan Gasalla
- Si quedaban dudas acerca de la dificultad de la Argentina para acceder
al financiamiento en los mercados externos, el amplio avance
del Riesgo País en las últimas ruedas ratificó que en los próximos
años será imprescindible contar con el respaldo delFondo
Monetario Internacional para cubrir los vencimientos.
La política económica impulsada por el gobierno de Mauricio
Macri una vez levantado el "cepo" cambiario fue la de
asumir las pérdidas de los juicios entablados por los holdoutsen la Justicia
de los EEUU y regularizar el estado de esos pasivos.
Aun con tasas de interés internacionales relativamente bajas, el
Gobierno apeló al endeudamiento en el exterior para financiar el elevado
déficit fiscal. La deuda pública, que apenas superaba el 50% del PBI se
incrementó hasta un 60% del Producto en 2017, con una participación creciente de
las emisiones en moneda extranjera.
La caída de 2,5% del PBI de 2018, concatenada con una violenta
devaluación del peso argentino del 50% aumentaron el peso de la deuda pública, que llega a niveles del 90% del PBI,
con un 76% del total colocado en dólares, una moneda que el país no emite
y, por lo tanto, debe fondear las renovaciones de vencimientos en el exterior.
Para encontrar una relación deuda/PBI tan alta, hay que
retrotraerse al canje de 2005, cuando el gobierno de Néstor
Kirchner llevó adelante una reestructuración con fuerte quita de capital,
después de más de tres años de default.
En ese marco se comprende el histórico acuerdo con el FMI por unos
USD 57.000 millones, que concluye en 2020, luego de las cruciales elecciones
presidenciales de octubre próximo.
En las plazas financieras se tiene muy en cuenta ese frágil
equilibrio. Los títulos públicos en dólares de la Argentina
–especialmente los emitidos con legislación doméstica- mantienen
un sendero constante de caída de precios, mientras que la rentabilidad
implícita –que evoluciona en sentido inverso- crece en la misma proporción.
Emisiones como el Bonar 2020 y el Bonar 2024 ya
están rindiendo más de 20% en dólares, una rentabilidad sin par entre los
emergentes y que revela el grado de desconfianza de los inversores: para captar
el interés de los fondos y que estos asuman el riesgo, hay que ofrecer una
renta excesiva.
Justamente este estado de cosas es el que trata de calcular el índice
de Riesgo País. El indicador de JP Morgan mide el diferencial de la
tasa de los bonos del Tesoro de los EEUU, un activo de referencia global,
con sus pares de países emergentes.
Para la Argentina, avanza 103 enteros ( 12%) este miércoles, a unos
963 puntos básicos. ¿Qué significa? Si la Argentina hoy emitiera
un bono soberano en dólares a 10 años, debería ofrecer al mercado
internacional una tasa "extra" de 9,6 puntos porcentuales
(los 963 puntos básicos) por encima de la del Treasurie a 10
años, hoy 2,53 por ciento.
Es decir que un hipotético bono argentino con vencimiento en 2029
debería convalidar una tasa de 12,2% anual en dólares para encontrar
alguna demanda. Son tasas demasiado altas y prohibitivas para el
actual estado financiero del sector público.
El Riesgo País argentino no alcanzaba un umbral tan alto desde
el 19 de febrero de 2014, cuando registró 986 puntos básicos.
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