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Por Manuel Alvarado Ledesma - Cuando las únicas noticias incentivan la
"pálida" que sufre la sociedad, aparece una novedad digna de
resaltar.
Por primera vez en siete años, el sector público nacional revela
un superávit primario, en el primer trimestre. Y no sólo eso: además
muestra un visible sobrecumplimiento de la meta fijada oportunamente.
Lo importante de esto es que, en vez de haber sido el resultado de una
mayor presión impositiva, ha provenido de una reducción en los gastos
primarios, en términos reales. Porque si bien éstos se han incrementado en casi
un 31%, la realidad es que tal aumento ha quedado muy por debajo del
índice de inflación.
Tanto el déficit como el gasto se han achicado. Seguramente, al terminar
este año, el gasto habrá disminuido 5 puntos del PBI en cuatro años.
Si bien, el déficit financiero ha aumentado un 32% en pesos, en
marzo contra marzo de 2018, una mirada racional muestra que, en rigor, ha
disminuido. La baja, en términos reales, representa un 15 por ciento.
Con la reducción del déficit fiscal, que bajaría de 6,5% del PBI en
2017 a 3% este año, se logra un elemento fundamental para bajar la inflación.
Claro que los resultados habrán de darse con el paso del tiempo. Para lo
inmediato, urge quebrar las expectativas negativas y trabajar sobre
la desgastada credibilidad del Gobierno.
Esta noticia es muy alentadora, pues se refiere a un cambio
estructural.
Pero la cosa no termina acá. Ahora pasamos a enfrentar un cuadro
favorable, para los próximos meses. A esta altura de la presente nota, hay que
resaltar lo que está por venir: un aumento muy visible de la
recaudación por impuestos a las exportaciones de productos del agro.
Es cierto que la cosecha no habrá de salvar la situación económica, pero sí
contribuirá, en mucho mayor medida que el año pasado, a mejorar los
ingresos.
Además, aportará una suma extra a la que muestra el Presupuesto.
Con algo así como 145 millones de toneladas por la cosecha, vale aguardar
una contribución próxima a 9.000 millones de dólares en concepto de
impuestos a la exportación.
Las bases macroeconómicas han comenzado a mejorar. Ello permite
vislumbrar, de no haber cambios al respecto, un futuro mejor, con un
crecimiento equilibrado y sostenido.
El problema es la coyuntura con un horizonte eleccionario que,
seguramente, atentará sobre las expectativas.
El desafío para lo inmediato está en sostener una política que
suavice la coyuntura sin abandonar las metas estructurales.
No todo está perdido. Luego de un largo período de tremendos errores en
la política económica, hoy transitamos los últimos meses del actual gobierno
con mayor racionalidad y sin la soberbia que lo ha caracterizado en
sus principios.
(*) Manuel Alvarado Ledesma es Profesor de UCEMA (Maestría de
Agronegocios)
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