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Sobre las tenues cenizas de los activos argentinos muchos inversores hoy
lamentan haber desoído las advertencias y recomendaciones de expertos como “El
escocés”, uno de los legendarios gestores locales, que les hizo “recoger el
barrilete” a sus clientes hace un año. Hoy todos están “on fire”. Otra vez el
foco de la bronca son los errores del oficialismo, que precipitó las
turbulencias. Todo al cohete. Casi una trampa perfecta. Parece pergeñada por el
enemigo, más que por la propia tropa. El ejemplo más ilustrativo es el del
perro que se muerde la cola: el mercado quiere ver actuar al BCRA para frenar
al dólar, pero si así lo hiciera, sabe que la pérdida de reservas conspira con
la solvencia de la deuda a honrar en los próximos meses, por ende, sube más el
riesgo-país. Son tiempos de mente fría, ánimos calmados, palabras muy medidas
aunque mejor sanos silencios. Ayer la furia del mercado se la hizo sentir a la
mesa del BCRA que salió a locas a intervenir en el mercado del dólar futuro. No
paraba de vender, en todos los vencimientos, así y todo no lograba doblegar a
las huestes que buscaban cobertura. Un asiduo operador del Rofex y MAE explicó
que el BCRA vendía a cuatro manos y no podía alcanzar al mercado. Ofrecía en
cada plazo de a 5.000 contratos y las cotizaciones no paraban de subir. Así los
futuros quebraron los $60 y más también. Todos hacen cuentas y ven que la
oferta genuina de divisas sigue anoréxica frente a la oleada de la demanda. No
bastan los dólares del Tesoro y de los agroexportadores ni el apretón
monetario. En estas febriles jornadas estuvieron faltando entre u$s100 y u$s200
millones diarios, y no hay nadie que los ponga. El BCRA los puede poner recién
cuando el dólar salga del límite superior de la congelada zona de no
intervención, o sea, los $51,448. De modo que debería subir menos de un 12%
respecto del cierre de ayer para ver al BCRA vender en el spot. Si ello
ocurriera, adiós al Pacto de Caballeros. Lo cierto es que habría que ver aún un
salto de casi 12% para que el BCRA oferte sus divisas. Así frenaría al billete
en esos niveles, con el consiguiente impacto inflacionario, y siempre y cuando
la demanda no se exacerbe y no tenga techo, pero esta intervención generaría
además inquietud entre los bonistas que verían el drenaje de las reservas que
llegaron de Washington para afrontar los vencimientos del año, lo que se
traduciría en nuevas subas del riesgo-país. Un contexto complicado para
transitar los próximos 60 días hasta que finalmente se conozca quiénes van a
competir por la presidencia.
Parafraseando a Bill Clinton, el economista Dick Schefer usó la gráfica
de un bono en pesos ajustable por inflación para dejar bien claro que “¡es (culpa
de) la política, estúpido!”. En un almuerzo reservado para banqueros rezaban
porque los estrategas electorales de Cambiemos se despabilen. El inoportuno
revoleo de encuestas ya hizo su daño. Los bancos de inversión internacionales
se regodearon con la lluvia de sondeos, que marcaban ahora el probable triunfo
de Cristina, en sus informes a clientes. Si alguien precisaba una excusa para
vender, encima llegó el libro “Sinceramente”. Por ejemplo, el modelo del JP
pasó la probabilidad del triunfo de la oposición de un 31% a más del 60%. La
locura vivida entre miércoles y ayer, mientras el clima emergente se
deterioraba, vio caer bonos más de 14% y luego lo terminó viendo en verde
gracias a una ANSES muy activa. En dicho almuerzo se comentó el informe del IIF
sobre las lecciones de la venta masiva de activos emergentes del año pasado. La
principal es que “los mercados de capitales globales no están dispuestos a
financiar modelos de crecimiento altamente dependientes del crédito”. Turquía y
Argentina estaban en la mira debido a una gran expansión crediticia que amplió
los déficits de la cuenta corriente a niveles insostenibles. Ambos países se
volvieron vulnerables y sus monedas fueron castigadas como también sus bonos y
acciones. Ahora también están en la mira Colombia, Rusia, Indonesia, Brasil y
Polonia. Ardió el EMTA de Boston con Nathalie Marshik (Oppenheimer), Michael
Cirami (Eaton Vance), Jonathan Kelly (Fidelity), Dave Rolley (Loomis Sayles) y
Juan Manuel Pazos (TPCG). Ampliaremos.
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