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Por Jorge Herrera - Para el Banco
Central, los u$s9.600 millones que el FMI le dejará vender al Tesoro en el
mercado cambiario son suficientes para afrontar el proceso de dolarización del
año electoral. Según manifestó días atrás el propio titular del BCRA, Guido Sandleris, la
demanda por atesoramiento que aún resta afrontar este año la estiman en unos
u$s7.000 millones. De modo que con los dólares del Fondo más que sobraría para
equilibrar al mercado. El consenso de los principales analistas proyecta, con
algunas diferencias, un panorama más o menos similar.
Sin embargo, estas simulaciones parecieran subestimar el comportamiento
de los agentes económicos, sobre todo, de los residentes. Es cierto que la
estrategia de apretón monetario erige un fuerte dique de contención a las
potenciales presiones cambiarias. Pero todavía falta confirmar si el derrumbe
de la demanda de dinero se desaceleró. Al respecto, es sin duda aleccionador
observar el comportamiento del circulante sobre el agregado monetario M2 en la
era Macri. No quedan dudas de que algo pasó a fines de diciembre de 2017. Ello
fue el fatídico “28-D”. Hasta ese momento este ratio estaba estabilizado en
torno al 30%. A partir de ahí comenzó la debacle y en un año este ratio cayó a
menos del 22% y ahora apenas está en torno al 23%. Vale recordar que en un país
bimonetario como Argentina, que convive hace décadas con una alta inflación, la
caída de la demanda de pesos es sinónimo de mayor demanda de dólares. Donde la
tasa esperada de inflación y del nivel de actividad doméstico explican la
demanda de dinero no remunerado (billetes y monedas y depósitos
transaccionales) mientras que la demanda de dinero remunerado, depósitos a
plazo fijo por excelencia, depende de la tasa de interés real y de las
expectativas devaluatorias. A lo largo de los últimos meses se viene observando
la sostenida caída, en términos reales, de ambos componentes de la demanda de
pesos. Sobre el primer componente no se pueden albergar muchas expectativas de
recuperación, de modo, que sólo la “demanda de plazos fijos” es lo único que el
BCRA puede influir para evitar un mayor drenaje.
Pero de cara a la esperable volatilidad cambiaria de este particular año
la historia es rica en ejemplos de que hay circunstancias en las que no alcanza
ya una mayor tasa de interés en pesos para desincentivar la dolarización de los
depósitos privados.
Sin necesidad de remontarse a episodios anteriores, lo visto desde que
asumió Cambiemos es una muestra clara de lo que puede venir. En 2016 la demanda
de billetes para atesorar sumó u$s12.326 millones, salida de capitales que fue
compensada por el ingreso de inversiones por parte de residentes (blanqueo
etc.); así la fuga bajó a u$s9.951 millones. Fue el año del advenimiento de
Cambiemos, donde todo era casi color de rosa. Luego en 2017, un año electoral
que marcó el claro triunfo de Macri sobre el kirchnerismo, vio un salto en la
fuga vía billetes a u$s17.757 millones, más otros u$s4.400 millones en
inversiones en el exterior. Así se fugaron u$s22.148 millones. Claro que
sobrevino el “28-D” y se aceleró la fuga. Ese año electoral experimentó una
bisagra en la salida de capitales entre el primer y segundo semestre. Cuando
parecía que el kirchnerismo se fortalecía en las encuestas la fuga se
profundizó. Luego vino el remate del “28-D”.
El año pasado confunde las comparaciones debido a que sobrevino una
crisis cambiaria que llevó la salida de capitales a u$s27.230 millones. Lo peor
pasó en el primer semestre, donde vía billetes se fueron u$s11.541 millones y
vía inversiones en el exterior u$s5.000 millones más. A pesar del salvataje del
Fondo la fuga en el segundo semestre sumó u$s10.600 millones.
A seis meses del triunfo de Trump, de Macron, del “brexit”, de la Liga
Lombarda, de Bolsonaro y de otros casos internacionales ninguna encuesta los
daba por ganadores. Por ello es prematuro guiarse por los sondeos que
trascienden. Sólo crean clima. La verdad empezará el 22 de junio. Y sólo cuando
el hoy “holograma Cristina” se corporice finalmente se irá viendo la reacción
de los tenedores de activos en pesos. Ahí habrá que mirar bien no sólo las
licitaciones de Letes, Lecap y Lecer, sino también lo que pase sobre todo con
los depósitos a plazo, e incluso con parte de los transaccionales.
Los que creen que tienen todos los medios para domar a la bestia del
atesoramiento sólo miren el primer trimestre del año: se fueron u$s2.719 vía
compra de billetes y casi u$s2.000 millones al exterior.
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