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Por Carlos
Burgueño - Cuentan en el Gobierno, que el hombre más intransigente del Fondo
Monetario Internacional (FMI) está
pensando seriamente rever, aunque sea en parte, su pétrea posición en contra
del uso de los dólares del organismo para contener corridas cambiarias. Pero
que no aceptaría la liberalización completa y simple de una intervención
directa, sino que se evaluaría una participación “indirecta” y a través de
mecanismos “de mercado”. Del conjunto de ideas que se enviaron al FMI, la que
más voluntad de análisis tiene en el Fondo es la eventualidad de una compra de
títulos públicos a precio de mercado, con el financiamiento del dinero del
organismo; para sostener los precios y evitar que las corridas cambiarias
tengan además una contrapartida extrema en la demolición de los valores de
los bonos; tal
como sucedió la semana anterior. Esta operatoria fue ensayada desde la Anses,
con Bonar 2020 y 2024; y desde el equipo económico se consideró de las mejores
intervenciones del miércoles y jueves pasado para contener la corrida contra el
peso.
La idea de ampliar el abanico de armas para sostener al dólar
-incluyendo parte del dinero del FMI- viene negociándose desde febrero pasado,
cuando comenzaron las inestabilidades cambiarias y financieras del 2019. Sin
embargo, desde Washington, se desestimó siempre que cualquier alternativa que
implique el uso del dinero del FMI para contener el precio de la divisa. O,
dicho de un modo más directo, para financiar corridas. Las experiencias del
Fondo en el 2001 y, mucho más acá, de agosto y septiembre del año pasado con
Luis “Toto” Caputo en la presidencia del Banco Central, fueron suficientes
argumentos como para que esa posibilidad se haya cerrado con candados
inviolables. El carcelero del uso de las divisas, y principal defensor de la
libre flotación, fue el número dos del FMI, el norteamericano David Lipton. Sin
embargo la posición del economista comenzó a cambiar, leve y lentamente, luego
de la reunión del 11 de abril pasado en la sede del organismo en Washington,
con el presidente del Banco Central, Guido Sandleris. Lipton, más conocido en
Buenos Aires como el artífice ideológico de la prohibición explícita de que el
gobierno de Mauricio Macri utilice parte del dinero del organismo para frenar
una eventual escapada del dólar; recibió al funcionario argentino y habló
largamente de la situación política, además de la cambiaria. En ese encuentro
el funcionario argentino sondeó nuevamente la posibilidad de algún tipo de
flexibilidad, recibiendo una nueva negativa. Sólo aceptó el cambio en la
confección de la Zona de No Intervención, considerando como válida la
suspensión de la indexación de los techos y pisos y la fijación de los valores
en un límite inferior de $39,75 y el límite superior 51,45 pesos. Reconoció
Lipton que las medidas podrían no ser suficientes y que ante una inestabilidad
cambiaria fuerte, se debería trabajar en una apertura de las herramientas
posibles.
Lipton pidió que se le enviaran al FMI opciones diferentes, pero con una
condición innegociable: cualquier flexibilización dependería de la aprobación
por parte de la Argentina de las metas monetarias y fiscales pactadas para la
segunda revisión del año. Estos números quedaron claros desde Buenos Aires
cuando la semana pasada el ministerio de Hacienda confirmó el sobrecumplimiento
de las metas en el primer trimestre del año en $10.347 millones. La próxima
misión vendrá al país en mayo, y en junio debería tratar el caso argentino el
Board del organismo financiero internacional; avalando esos números fiscales.
El dinero tendría entonces que estar liberado el 15 de junio, por un total
aproximado de u$s5.400 millones. Debería ser en ese marco que el FMI termine de
avalar la posibilidad de una mayor flexibilización del dinero del organismo. De
lograrse, será uno de los grandes logros políticos en esta nueva etapa de
relacionamiento con el FMI. Lipton es un defensor técnico e ideológico de la
libre flotación cambiaria y del uso estricto del dinero del Fondo para liquidar
deudas contraídas y que los estados no caigan en default. Todo esto a cambio de
un ajuste fiscal lo suficientemente duro como para que rápidamente esos países
encuentren su equilibrio macroeconómico.
Lipton y sus colegas de Washington se horrorizaban con los mecanismos
utilizados durante la gestión de Luis Caputo en el BCRA, donde se combatían las
diarias corridas contra la suba del dólar, enfrentando a los especuladores con
la colocación de divisas provenientes de las reservas del Central. Dinero que
desde el FMI se consideraba como propio y, en consecuencia, prohibido para
utilizar como herramientas de combate a la pérdida diaria de valor del peso.
Lipton es un heredero ideológico de Anne Krueger, execonomista en jefe del
Banco Mundial y exdirectora gerente del FMI en tiempos en que la Argentina cayó
en default en 2001; y una de las muchas “enemigas” dentro del organismo que
dejó el país luego de la salida de la convertibilidad. Krueger dejó la
enseñanza de que a la Argentina no se le debe prestar dinero para ejecutar
política monetaria, dada su pulsión histórica a financiar corridas en combates
siempre perdidosos contra la suba del dólar en situaciones de desequilibrios
fiscales.
Lipton, norteamericano como todo número dos del FMI, tomó este credo
desde el primer momento del regreso del país al organismo y lo llevó como
bandera durante todas las negociaciones del stand by vigente, tanto en su
primera versión de junio como en la de septiembre del año pasado.
Como gran parte del Fondo Monetario, considera que la única política
cambiaria válida es la de dejar que las reglas de la oferta y demanda impongan
un precio. Esto es, aplicar una libre flotación y que sea la relación cantidad
de pesos sobre oferta de dólares la que determine ese valor.
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