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Por Julián Guarino - El Banco Central
acaba de cambiar las “reglas de juego” con el aval del FMI, que se mete así en
la campaña electoral a darle un espaldarazo al Gobierno. A groso modo, la
entidad que conduce Sandleris podrá intervenir en la Zona de No Intervención
(ZNI), a partir de los $ 51,45 podrá hacerlo incluso por un monto de hasta u$s
250 millones diarios pero incluso se reserva la decisión de incrementar ese
monto de ser necesario.
Pasando en limpio, a partir de ahora prácticamente no existe el esquema
anterior del BCRA, desaparece la función para la que habían sido utilizadas las
bandas cambiarias y se reconoce, implícitamente, que la estrategia
utilizada hasta ahora no sólo no ha servido, sino que ante una eventual
incremento de la demanda de dólares, era peligroso sostener ese
esquema porque la cotización del dólar podía escalar rápidamente (como
sucedió la última semana) y generar un shock inflacionario que retroalimente la
demanda de dólares.
Sin embargo, todo dependerá de cómo se lleve a cabo esta estrategia.
Recuérdese que el ex titular Luis Caputo ya aplicó esta receta “conteniendo” la
suba del dólar durante algún tiempo hasta que ya no pudo hacerlo porque el FMI
le bajó el pulgar. La razón de fondo fue que durante unas pocas semanas, Caputo
dilapidó unos u$s 20.000 millones posibilitando que fondos de inversión vendan
sus activos locales y compren dólares a un valor que rápidamente después saltó
más del 100%.
Si bien hay numerosos abordajes que realizar, uno que quiero destacar es
que la suerte del BCRA dependerá exclusivamente de la reacción de los
mercados, cuyos fondos de inversión quieren vender los bonos de la Argentina, y
hace unos días le venían pidiendo modificaciones al BCRA, especialmente, la
posibilidad de “salir” de los bonos locales y que hubiese garantizada oferta de
dólares suficiente para esto. Como ahora se venderán más dólares, es probable
que los fondos se pongan en fila para comprarlos. Pero también será una
instancia clave, ya que las reservas irán bajando rápidamente desde los u$S
71.000 millones, lo que podría alimentar los temores sobre las posibilidades
del Gobierno para hacer frente a los repagos de la deuda en dólares emitida y
de los compromisos que haya que afrontar.
Si la lectura es por este lado, entonces el riesgo país tenderá a
seguir subiendo, lo que decantaría mayor incertidumbre y por ende, mayor
demanda de dólares con menor reservas disponibles. Esto es así porque podría
pensarse que en un año electoral, el BCRA no sólo venderá dólares para los
fondos de inversión, sino que incrementa la velocidad a la que los propios
inversores, ahorristas y empresas podrían tender a dolarizarse, financiando esa
fuga de capitales.
Por último, recuérdese que para administrar esta fuerte salida de
divisas, el Gobierno podría hacer tomado la decisión de restringir los
plazos en los que liquidan los exportadores sus divisas en el país (hoy no
tienen obligación de hacerlo) o administrar, al menos en parte, la
política de importación que utiliza los dólares tan necesarios en este momento.
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