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Por Sebastián
Catalano - intencionada se la habría realizado a fines de la semana
pasada el representante de un fondo de inversión de Wall Street –uno de los que
tienen comprada buena parte de la deuda soberana del país– a David Lipton,
el segundo de Christine Lagarde en el Fondo Monetario Internacional.
Como nunca, la incertidumbre política local impactó en Washington: no es una
novedad –el contexto electoral es un clásico entre inversores, analistas y
funcionarios desde hace meses–, pero los vaivenes de la economía argentina
acrecentaron dudas y temores en varias latitudes.
Por esas horas, en la Argentina la volatilidad era extrema: con el
riesgo país y la cotización del dólar en sus máximos el jueves, con un cierre a
la baja y un viernes que parecía de calma, pero no lo fue. Ese tembladeral
y los reclamos desde la Argentina fueron la gota que habría hecho cambiar de
opinión al mayor defensor de la "flotación libre" dentro del
organismo multilateral de crédito (al menos en el caso local).
Así, el fin de semana ardieron los teléfonos entre las autoridades del
FMI y los funcionarios del Banco Central de la República Argentina, en
especial Guido Sandleris, su presidente, y Gustavo Cañonero, el vice.
"Fue una estrategia conjunta entre el Central y Hacienda, como siempre en
los últimos meses, pero esta vez la negociación estuvo liderada por el
equipo de Guido. Ellos hablaron y fueron los más activos el fin de semana,
sobre una base de conversaciones conjuntas que ya había avanzado", detalla
una fuente oficial. Desde Washington, los interlocutores de los funcionarios
locales fueron dos, especialmente: el propio Lipton y Roberto Cardarelli,
el economista italiano que es el jefe de la misión Argentina.
"Se cerró el fin de semana, ayer domingo a última hora. Era una
herramienta que era difícil de conseguir, hubo bastante resistencia de parte
del Fondo, pero entendieron que es el camino", aseguró uno de los pocos
que trabajaron extra el sábado y el domingo. El resto de las autoridades del
Central se enteraron, a medias, ayer por la noche. "Vengan temprano que va
a haber un anuncio", les pidieron.
Lipton –el hombre de Donald Trump en el FMI– era uno de los
más reticentes a modificar las condiciones del préstamo stand by para
la Argentina. Pero la volatilidad la semana pasada parece haberlo
"ablandado" y accedió al pedido sobre el que ya venían insistiendo
las autoridades locales. En las reuniones que tuvieron tanto Sandleris como
Dujovne con él hace unas semanas, en la reunión de Primavera del FMI en la
capital de EEUU, el tema de achicar la zona de no intervención estuvo sobre la
mesa. En esas reuniones, como contó Infobae, la agenda giró sobre tres
cuestiones: inflación, dólar y Cristina Kirchner.
Luego llegó la decisión de fijar el techo cambiario y ahora esta suerte
de "adiós a las bandas" de intervención. El Central podrá vender
divisas para regular la cotización del billete verde aun cuando se encuentre
debajo de los 51,448 pesos, el techo de la ex banda de "libre
flotación", y podrá vender USD 250 millones diarios, en lugar de USD 150
millones, si la divisa supera ese máximo. Y aclara el organismo que
"podrá determinar la realización de intervenciones adicionales para
contrarrestar episodios de excesiva volatilidad si lo considerase
necesario". O sea, cuando le parezca.
"El Banco Central de Argentina introdujo hoy importantes medidas
para abordar la reciente volatilidad del mercado financiero y del tipo de
cambio. Apoyamos estas medidas, que están adecuadamente calibradas para los
desafíos que enfrenta la Argentina", dijo el Fondo, escueto en un
comunicado luego del anuncio. Y nada más, por el momento.
Hace pocas semanas, en Washington y luego de una exposición de Sandleris
y Dujovne en dos eventos con inversores, que organizaron el JP Morgan y Banco
Itaú, los funcionarios locales se mostraron confiados y aseguraron que tenían
las herramientas necesarias para enfrentar eventuales presiones sobre el dólar.
Un inversor presente dijo que prometieron que no habría modificaciones en el
esquema de bandas "salvo que ocurra el Armagedón".
Si bien no se llegó al "Armagedón", sí hubo que levantar el
teléfono. Desde el otro lado, Lipton dio el "ok" y ahora el
Central tiene parte del poder de fuego que reclamó. ¿Podrá Sandleris lo que no
pudieron Federico Sturzenegger y Luis Caputo, sus antecesores
como cabezas de la autoridad monetaria?
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