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Por Claudio Zlotnik - Desde aquel Mauricio Macri del viernes, que
les comunicaba a sus ministros que habría que acostumbrarse a la volatilidad
del dólar -lo cual era una aceptación tácita de la disminución de chances
electorales- al Mauricio Macri del lunes, que respiraba por una baja del
billete verde, transcurrió apenas un fin de semana. Pero para el Gobierno
argentino fue como pasar del desierto a un oasis.
En intensas gestiones realizadas durante esos dos días, el Ejecutivo
recibió la señal más esperada en el momento que más se la necesitaba. El Fondo
Monetario Internacional hizo mucho más que aprobar un cambio en el acuerdo
"stand by" para permitirle al Banco Central la venta de dólares:
adoptó una política contra la cual estaba explícitamente en desacuerdo, con el
solo objetivo de que Macri lograra paz en la campaña electoral.
Todo el mundo comprendió que para que el FMI tome
una medida que contradice sus estatutos y que desaira a su elenco técnico, es
necesario que haya venido una orden desde muy arriba. Más concretamente, desde
el gobierno estadounidense.
En otras palabras, el cambio comunicado ayer por el
Banco Central deja en evidencia que la mayor fortaleza que tiene el Gobierno es
la decisión estratégica de las principales potencias en el sentido de sostener
el proyecto político macrista.
Se trata de un activo valioso a escasos meses de las elecciones en las
que se podría definir la reelección presidencial. O, como la encuestas
destacan, el posible regreso de Cristina Kirchner a la Casa Rosada. El mercado lo interpretó así con una baja del dólar
y del riesgo país.
Y sin embargo, las dudas no se despejaron del todo. Porque los expertos
creen que, a pesar de todo su peso simbólico, el apoyo geopolítico de Donald
Trump y el FMI puede no alcanzar ante las flaquezas de una economía en la que
la demanda de pesos se derrumba y todavía no se vio lo peor de la dolarización
masiva.
En el momento justo
El anuncio de que el Central podría vender incluso en la zona que hasta
ahora se conocía como "zona de no intervención" llegó en un momento
clave: a escasos minutos del inicio de las operaciones cambiarias, en la cual
-en la previa- se percibía como una jornada de elevada volatilidad, como
sucedió durante la semana pasada.
La medida del Comité encabezado por Guido Sandleris menciona que
"el BCRA podrá realizar ventas de dólares aún si el tipo de cambio se
ubicara por debajo de los $51,45, cuyo monto y frecuencia dependerán de la
dinámica del mercado".
"En segundo lugar, -afirmó el Banco Central- si el tipo de cambio
se ubicara por encima de $51,448, el BCRA incrementará de 150 a 250 millones de
dólares el monto de la venta diaria estipulada hasta ahora".
La clave del anuncio fue que implicó un nuevo giro en la estrategia para
intentar la calma cambiaria. Acaso, ésta sea la modificación más relevante de
las realizadas hasta ahora al programa acordado con el Fondo Monetario.
Básicamente porque se trata de modificaciones que hasta ahora eran
resistidos por el "Board" (Directorio) del FMI, con Christine Lagarde
a la cabeza. El mandato del organismo -y así lo establece su estatuto- radica
en que sus préstamos no pueden utilizarse para realizar intervenciones en el
mercado cambiario, que terminen incidiendo en el precio del dólar.
También este anuncio resulta clave por el contexto
en el que se realiza. La cotización del billete verde venía encumbrándose a
pasos acelerados, y no eran pocos en los bancos de la City que estimaban que
esta misma semana llegaría al techo de la banda.
Que el FMI haya aceptado que el Gobierno argentino realice
intervenciones para evitar la volatilidad cambiaria se convierte en un dato
categórico -uno más- del notable respaldo internacional que conserva Macri. En
especial de parte de Donald Trump.
Lo cierto es que el director estadounidense en el Fondo -David Lipton-
venía siendo de la idea de que el BCRA recién pudiera intervenir una vez
superado el techo de $51,45.
Vía Twitter, el portavoz del organismo, Gerry Rice, respaldó la
decisión: "Apoyamos estas medidas, que están adecuadamente calibradas para
los desafíos que enfrenta la Argentina".
Voceros oficiales admitieron, en diálogo con iProfesional,
que los tiempos se adelantaron. Que la difusión de últimas encuestas dando
triunfadora a Cristina Kirchner en el balotaje, junto con la publicación de un
libro autobiográfico, que fue un claro indicador de que CFK será finalmente
candidata, metió ruidos en los mercados: el "riesgo país" saltó la
semana pasada por encima de los 1.000 puntos y el dólar se acomodó en los $47,
con una suba de 10% en tan sólo una semana.
En la City tuvieron repercusión declaraciones del fin de semana del
analista y consultor político Rosendo Fraga: "Si hoy fueran las
elecciones, la ganadora sería Cristina", mencionó.
La pregunta que, hasta anoche, se hacían en la City y en Wall Street
refería a si estas intervenciones servirían como un puente hasta las
elecciones. Es decir, si el Gobierno lograría, por fin, ganar oxígeno para
llegar a esa instancia decisiva con una pax cambiaria.
El primer resultado puede interpretarse como positivo, por el lado del
tipo de cambio: el dólar bajó $1,70 y cerró en $45,30 en el Banco Nación. Los
bonos, sobre todo los de corto plazo, gozaron de una recuperación. Mientras que
la tasa de interés de referencia (Leliq) volvió a escalar: de 71,8% a 73,2%
anual, a pesar de la "buena onda".
Por ahora, ni el Banco Central ni el Palacio de Hacienda dieron detalles
del nuevo acuerdo. Por lo que pudo establecer iProfesional de fuentes
extraoficiales, el esquema incluiría:
La disposición de unos u$s17.000 millones (que
podrían alcanzar a un techo de u$s24.000 millones dependiendo de la
contabilidad que se realice) para intervenir en el mercado cambiario. Se trata
de las "reservas propias" del Banco Central. Es decir, si a las
reservas "brutas" de u$s71.744 millones se las "limpia" de
lo que el Fondo prestó para que la Argentina cumpla con los vencimientos de la
deuda.
Las intervenciones se realizarían mediante subastas sorpresivas,
dependiendo de la necesidad del BCRA de equilibrar el mercado cambiario.
Esas ventas serían por un monto inferior a los u$s250 millones diarios.
Ese es el monto máximo para intervenir en caso de que el valor del billete
verde supere los $51,45.
Esta medida excepcional sería acompañada por otras: tasas de interés
elevadas, tal como existe ahora, y un tipo de cambio que se mueva, en el mejor
de los casos, algo por debajo de la inflación.
Por ahora no se conocen que el Fondo Monetario ni otro organismo
internacional haya aprobado o esté próximo a enviar fondos adicionales.
El mercado, a la espera de precisiones
Para analistas de bancos de inversión internacionales y consultoras
locales, todavía no está claro si, con esta medida, el Gobierno logró comprar
tiempo, a la espera de que se vaya regenerando la confianza. O si, por el
contrario, habría que esperar turbulencias para las próximas semanas.
La visión optimista hacía eje en que, por fin, ahora las autoridades
tenían "desanudadas las manos para intervenir" y así alejar el peor
escenario, de descontrol cambiario. Nada menos que en medio de la campaña
presidencial.
Y que la pax cambiaria, además, alejaba el peor
escenario, con parte de los depósitos bancarios dolarizándose, una demanda
minorista de dólares en ascenso y una retención de granos por parte de los
exportadores sojeros.
De hecho, ayer lunes, esas exportadores liquidaron
u$s197 millones, monto récord para el año, el doble del promedio de la última
semana.
Los más críticos, o -mejor dicho- los menos optimistas planteaban que,
aun con el nuevo acuerdo, en los próximos días habrá que monitorear la
evolución de algunas variables claves. Obviamente, el primero será el valor del
dólar.
De ahora en más, será determinante la evolución, ya que marcará el ritmo
de dolarización de la economía. Como dato negativo, vale destacar que el BCRA
eliminó de su resumen financiero diario la variación de las Reservas. Y el
detalle de las licitaciones cambiarias. Algo que va en contra del espíritu que
dejó la crisis México ‘95: que los bancos centrales deben proveer de
información al mercado y no retacearla.
En el caso de los depósitos, va en línea con el punto anterior: su
evolución es clave para determinar el comportamiento de los ahorristas. Por
ahora, lo único que se vio fue un estancamiento de los plazos fijos (leve
retroceso en términos reales), pero que no genera incertidumbre adicional.
En lo que respecta al riesgo país, tras tocar los 1.000 puntos, ayer
lunes terminó en 940, con una caída del 2,8% respecto del viernes último. Un "riesgo país" en estos niveles marca la
desconfianza los inversores en el cumplimiento de los pagos de la deuda por
parte del país.
Otra variable clave serán el contexto externo: como se pudo apreciar a
lo largo de esta crisis, el escenario internacional resulta clave para explicar
la dinámica.
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