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Por Juan Bergelín - El aval del Fondo Monetario Internacional a que
el Banco Central intervenga en el mercado para frenar una escapada del dólar es
algo inédito en la relación entre el organismo y sus deudores. Con la medida, el organismo multilateral de crédito
echa por la borda uno de sus principios innegociables, no sólo porque va en
contra de su política de libre flotación de la moneda sino porque además
permite que se usen los dólares que prestó para financiar la fuga de capitales.
Se podría decir que fue gracias a la capacidad de negociación de Guido
Sandleris, que se consiguió por la gestión con el Tesoro estadounidense o que
fue Mauricio Macri quien convenció personalmente a Christine Lagarde, pero sin
dudas lo que está detrás de la medida es un fuerte respaldo del FMI al Gobierno
para que llegue a las elecciones de una mejor manera. O al menos, esa es la
intención.
"El Fondo también entiende que es necesario
lograr un mayor nivel de estabilidad para estabilizar las variables", razona
Gabriel Caamaño, economista de Consultora Ledesma, quien dice que no fue gratis
pasar por todo lo que se pasó para que el FMI llegue a esta conclusión.
"Sangramos bastante para eso", acota.
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En rigor, el FMI, por naturaleza, está en contra de
la intervención en el mercado de cambios. Delimitar una zona de no intervención,
allá por finales de septiembre, en plena corrida cambiaria y con nuevas
autoridades en el BCRA, fue una cesión que hicieron ante la
"excepcionalidad Argentina" en materia de dólar.
"Si es por el Fondo, ni bandas cambiarias hubiera permitido. Luego
fue viendo que la volatilidad acá pega mucho y permitió flexibilizar las
reglas, primero dejando que el Tesoro venda dólares, después con un techo fijo
en la banda y ahora con esto", analiza el trader de un banco extranjero.
En los últimos días, el Gobierno profundizó los
contactos con los funcionarios del FMI para que haga alguna concesión y le
permita usar alguna herramienta que permita contener a la divisa, tras una semana
con un salto de casi el 10% y que sólo pudo ser contenido por la compra de
bonos de algunos privados y de la Anses, que salió a marcar la cancha.
La mano invisible de la Anses
Justamente que la Anses, a través del FGS, o el Tesoro mismo salga a
recomprar bonos era hasta ayer la posibilidad que más chances tenía de tener
luz verde del Fondo. "Era difícil de pensar que iban a avalar que el BCRA
intervenga. En el mercado hasta se
especulaba con que, en caso de ser necesario, Sandleris lo haría, pero
sacrificando su puesto. Nunca se pensó que tendría el visto bueno del
FMI", sostiene el trader.
"Eso muestra la preocupación para que al Gobierno le vaya bien en
octubre", agrega.
Es que, según analizan en la City, de no ser por esta medida que el
Central anunció antes de que abran los mercados, el dólar hubiera seguido con
fuerte volatilidad y el desarme de bonos locales se hubiera acelerado. Y la
suba del billete verde en Argentina no sólo genera un traslado directo a
precios sino que tiene un efecto "psicológico" -por decirlo de algún
modo- en las personas, con la sensación de que "algo está mal" o,
peor, que se avecina una nueva crisis económica.
La historia Argentina fue la que generó ese
pensamiento bimonetario, con crisis recurrentes, fuerte desvalorización de la
moneda y tasas de interés en pesos que históricamente dieron un rendimiento
real negativo.
El otrora presidente del BCRA, Federico Sturzenegger solía mostrar un
gráfico que comparaba el rendimiento de un plazo fijo con el de un inmueble y
el dólar en los últimos 25 años. Obviamente con el depósito el ahorrista
terminaba perdiendo plata y es sólo una parte que grafica la fiebre por la
divisa en el país.
Esa es la "excepcionalidad Argentina" de la que cada
funcionario que se sentó con Roberto Cardarelli, con David Lipton o con Lagarde
intentó explicar. Los últimos que hablaron cara a cara con Lipton, el número
dos del FMI, fueron Sandleris y Dujovne el 11 de abril en las oficinas del
organismo en la calle 19, quienes fueron con el objetivo de pedir una
flexibilización en el esquema.
Lo único que se trajeron de ese encuentro en
Washington fue que les permitan congelar el techo de la zona de no
intervención, algo que el BCRA anunció a los cinco días de aquel encuentro.
"Se demuestra (una vez más), que se pueden llegar a renegociar
aspectos del acuerdo con el FMI, lo que habilita a pensar que podría haber
alguna flexibilidad adicional si fuese necesario", escribió en su cuenta
de Twitter Gabriel Rubinstein, quien fuera representante de Economía en el BCRA
cuando Roberto Lavagna era ministro. El economista ve que el anuncio fue
positivo, aunque sugiere que para complementarlo, "harían falta ahora
medidas que permitan al Tesoro disponer de fondos para recompra de bonos".
Para Caamaño, este giro del FMI en su relación con Argentina responde
pura y exclusivamente a la coyuntura. "Se cansaron de forzar el esquema
para lograr reducir la volatilidad del tipo de cambio sin intervenir y ahora el
Central logró capacidad de intervención", explica a iProfesional.
Lo que puede generar esta medida
Dar una señal al mercado de fortaleza para contener al dólar en un año
electoral es clave. En primer lugar, los agentes económicos empiezan a actuar
bajo un escenario de un billete verde con una suba a priori acotada y eso
reduce la expectativa de devaluación del peso.
Eso genera que las cerealeras, que en contexto de
volatilidad y dólar en alza caen fácilmente en la tentación de retener divisas
a la espera de un mejor precio, mantengan su ritmo de liquidación constante.
Además, la "garantía" del BCRA de evitar que la divisa se
escape también abre el juego a que vuelvan las operaciones de carry trade,
aportando más dólares financieros de lado de la oferta. En este punto, hay
quienes creen que el Central permitirá que la moneda estadounidense dé algún
salto para dar la señal de que no garantiza un precio fijo y que esa apuesta
tiene su riesgo.
Una de las claves está en la letra chica de la nueva medida, ya que no
se informó ni cómo serán las intervenciones ni hasta cuánto podrá sacrificar el
BCRA. "Mi primera impresión es que le permitieron usar los casi u$s1.000
millones que el BCRA había comprado durante los primeros dos meses del año,
sobre todo porque el acuerdo con el FMI tiene un piso de reservas netas y eso
no parece que eso se había modificado", asegura Caamaño.
Federico Furiase, director del Estudio Eco Go
destaca que "tiene todo el sentido aumentar la discrecionalidad en la
intervención en este contexto de volatilidad cambiaria en una economía que
piensa en dólares".
Sin embargo, agrega, debería ser un complemento con mayor poder de fuego
en las reservas líquidas y ampliar ese poder de fuego con el swap con China.
"Si no puede ser un arma de doble filo en un contexto donde las reservas
líquidas están en torno a u$s20.000 millones y donde los dólares del FMI son
para pagar la deuda", agregó en diálogo con iProfesional.
Rubinstein, por su parte, no lo ve así. "Hay reservas
potencialmente usables del orden de los u$s48.000 millones, mucho más que lo
que podría llegar a necesitarse", aseguro, aunque aclaró: "Resta
saber si hay o no acordados topes con el FMI para uso reservas del BCRA".
Mientras tanto, el Banco Central ya empezó a
guardar sus cartas y desde ayer dejó de informar el detalle de la variación de
las reservas como hizo diariamente hasta el último viernes. La justificación
oficial es que ahora quieren ser "más cuidadosos en no revelar la
estrategia diaria de intervención cambiaria".
Como sea, con esta medida el FMI se lanzó de lleno a la campaña
electoral, con un fuerte respaldo al Gobierno. Aún resta saber cuál es el poder
de fuego que efectivamente tendrá el BCRA, que hará el mercado si las encuestas
le siguen dando más chances a Cristina Fernández de Kirchner que a Macri y, lo
más importante, cuánto puede durar esta pax cambiaria.
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