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Por Carlos Burgueño - El acuerdo
entre el Gobierno de Mauricio Macri y el Fondo Monetario Internacional (FMI)
es concreto. El Ejecutivo puede utilizar algo menos de u$s9.000 millones
correspondientes a los disponibles de Tesorería. Este dinero podrá ser
administrado con topes de hasta u$s250 millones por día, hasta que la moneda
llegue a la cotización de $51,45. En teoría este programa deberá prosperar y
sostenerse hasta las elecciones del 27 de octubre. Pero si no se logra el objetivo,
el Gobierno ya tiene la habilitación gestual para reabrir las negociaciones y
ampliar el monto y plazos. Todo dependerá de la marcha política del Gobierno
antes del acto electoral, y de qué tan cerca esté el Ministerio de Hacienda de
cumplir con las pautas pactadas con el organismo que dirige Christine Lagarde.
Algo quedó claro en las negociaciones que se mantuvieron con el organismo: el
FMI apoyará en todo lo que esté a su alcance la continuidad de Mauricio Macri
como Presidente. Los aproximadamente u$s9.000 millones, provienen en su mayoría
del disponible en las cuentas del Tesoro desde la época de Luis Caputo y un
saldo de unos u$s1.000 millones que el país acumuló en los últimos dos meses
del superávit comercial. Estos dólares son los que el FMI autorizó para
utilizar para ejecutar política cambiaria restrictiva, luego del abandono de la
zona de no intervención.
La nueva etapa del stand by inaugurada esta semana que se anunció el
lunes será definitivamente aprobada en la próxima reunión del board del
organismo, programada para junio y donde se evaluarán los números de la
Argentina que durante este mes estarán recabando en Buenos Aires el italiano
Roberto Cardarelli y el resto del equipo que tiene a su cargo el caso
argentino. El economista del FMI vendrá al país en pocos días, para su segundo
periplo local del año. El Gobierno confía en que en esta oportunidad sea más
indulgente que lo duro que resultó su informe final, elaborado a partir de los
datos recogidos en su visita de febrero. El paper que luego entregó a los
integrantes del directorio (que igualmente aprobaron el crédito de 10.870
millones correspondientes al primer desembolso del año) incluía la palabra
“decepción” en cuanto a los éxitos del Gobierno en la lucha contra la inflación
y hasta avanzaba en recomendaciones políticamente utópicas de aceptar para el
macrismo: eliminar las exenciones del IVA a los alimentos y la eliminación del
monotributo. Supone el Gobierno que los datos que se le mostrarán a Cardarelli
serán ahora mucho mejores que los que se expusieron en Buenos Aires en febrero
pasado. Ahora, confían en Hacienda, la inflación mostrará un nivel alto pero en
una baja real (se espera 3% en mayo y algo menos en junio), la recaudación
presenta un nivel de incremento similar al alza de precios (en mayo y junio
sería incluso superior) y, lo más importante, el superávit fiscal acumulado
para el primer trimestre del año llegó a los $10.347 millones contra los
$31.000 millones de déficit del mismo período de 2018. Además el saldo de la balanza
comercial, que está arrojando un superávit de algo más de u$s1.000 millones por
año (aunque sea fruto de la demolición de las importaciones y un nivel bajo de
exportaciones), se podrá mostrar como la generación de dólares genuinos. Si la
estrategia resulta, y los visitantes del FMI quedan conformes en la segunda
revisión del año, se supone que no habrá problemas para que cerca del 14 de
junio (cuando se reúna el board), se aprueben los números de la segunda
revisión y el segundo desembolso del año por unos u$s5.400 millones queden
liberados. Si esto sucede, el Gobierno tendrá manos libres para garantizar que
al menos hasta fin de año todos los vencimientos de deuda tienen fondos
garantizados para su pago. Aún si el Gobierno debiera utilizar la totalidad de
los casi u$s9.000 millones negociados con el FMI para sostener el dólar al
menos hasta octubre.
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