|
Por Juan Manuel Barca - El
Gobierno busca por estas horas frenar un eventual desbande en las paritarias,
provocado por las propias dificultades que enfrenta para controlar la
inflación.
Sucede que cada vez son más los gremios que pujan por ajustes salariales
en función del Indec, una suerte de cláusula gatillo para evitar que los
ingresos queden rezagados frente a los retoques de precios y los incesantes
movimientos del dólar.
Por estas horas, el líder del Sindicato de Empleados de Comercio,
Armando Cavalieri, insiste en aplicar un esquema de aumentos mensuales
actualizados por el costo de vida. El principal argumento del
"Gitano" son las fuertes remarcaciones registradas en los
supermercados previas al lanzamiento de Precios Esenciales, el "pacto de
caballeros" para congelar los precios por seis meses que arrancó este
lunes con faltantes y un tope de compra.
"Los supermercados lloran a lo bonzo pero son nuestros empleados
los que remarcan antes de los topes a los precios", explicaron a iProfesional cerca
del mercantil, que celebró el 1° de mayo con sus afiliados en el predio de
Parque Norte. El sindicalista exige además una suma compensatoria del 5%
por la pérdida del 2018, pero cree que las cadenas de retail con Coto a la
cabeza son el principal obstáculo para abrir la paritaria.
Del otro lado del mostrador, los empresarios
ofrecen un porcentaje fijo por mes desenganchado de la inflación y de carácter
no remunerativo. Lo había autorizado el Ministerio de Producción y Trabajo, Dante Sica,
pero ahora hay dudas por el decreto del año pasado del presidente Mauricio
Macri, que prohíbe las sumas sin pagar cargas sociales.
Como resultado, la última reunión fue hace 15 días. "No hay
ventas", repiten en la Cámara de Comercio (CAC), sin perder la diplomacia:
"Armando es un dirigente espectacular".
Cavalieri y el efecto dominó
El modelo de Cavalieri se inspira en parte en las
subas trimestrales atadas el IPC del Indec que acordó la gobernadora María
Eugenia Vidal con los docentes de la Provincia y, por otra parte, en el
reciente entendimiento alcanzado en la construcción.
Allí se estableció un 10% en compensación por el 2018 y un 5% desde mayo
a cuenta de la inflación de entre abril y junio. En agosto habrá un nuevo
aumento a cuenta, que se ajustará al final del tercer trimestre de acuerdo a la
inflación oficial, y así se repetirá en el siguiente trimestre.
Si bien el Ministerio de Producción y Trabajo todavía no homologó el
acuerdo entre el gremio y la cámara de la construcción, la principal
preocupación del Gobierno ahora son las otras paritarias en camino que acortan
aún más los plazos de la negociación salarial.
Los petroleros, por caso, se sentarán de nuevo este viernes con las
operadoras con la propuesta de saldar la diferencia del 14,8% registrada entre
el aumento del 40% obtenido el año pasado y la inflación, del 54,8%.
"Una vez que tengamos resuelto lo del 2018, después hablaremos del
futuro, pero siempre en línea con lo que tiene que ver con el Indec",
anticipó a iProfesional, el titular de los petroleros jerárquicos de
Chubut, José Lludgar.
Las petroleras sostienen que ese criterio equivale a convertir el
esquema de revisión acordado el año pasado en una cláusula gatillo, como la que
estuvo vigente hasta 2017. Mientras tanto, Shell subió el martes las naftas un
4,3% en promedio y se sumó así a los retoques efectuados por resto de las
competidoras.
Los bancos también resisten la presión del
sindicalista Sergio Palazzo para reinstalar ajustes automáticos mensuales por
inflación.
El titular del Banco Nación, Javier González Fraga, lo sorprendió el
viernes pasado con una advertencia: "La paritaria no puede tener un dos
adelante", le dijo en una reunión a solas en la sede de la entidad. Y
completó la propuesta durante una audiencia posterior en Trabajo, con una
rebaja de la escala inicial, la conversión en suma fija del plus por el Día del
Bancario y la extensión de la jornada, junto con la quita del aporte solidario
del 0,5%.
A su vez, las tensiones empezaron a trasladarse a la paritaria de los
camioneros. El secretario adjunto del gremio, Pablo Moyano, adelantó el martes
pasado durante el paro general que en 15 días se sentará a discutir la
renovación del convenio que vence en julio con la cámara del transporte de
carga (Fadeeac).
"Pedimos 45 a 50% de aumento, con
corrección por inflación", aseguraron a este medio en el entorno
del camionero.
Las negociaciones salariales estarán cruzadas por otras cuestiones: el
Ministerio de Seguridad encabezado por Patricia Bullrich presentó en las
últimas horas una demanda penal contra Moyano y Palazzo para que paguen $23
millones. La denuncia alcanza a Hugo Yasky (CTA), Omar Plaini (Canillitas) y a
quienes convocaron a la huelga general del martes pasado. Lejos de retroceder,
los sindicalistas ya preparan nuevas medidas de fuerza.
La paradoja del "modelo Vidal"
Desde el punto de vista del Gobierno, la generalización de paritarias
regidas por cláusula gatillo en frecuencias cada vez más cortas, hasta llegar a
los ajustes mensuales, atenta contra una máxima del FMI: reducir la fijación de
precios y salarios "hacia atrás", es decir, teniendo en cuenta la
inflación pasada.
Lo paradójico de la situación es que el disparador para las nuevas
propuestas lo dio María Eugenia Vidal, al anunciar el acuerdo con los docentes.
En esa ocasión, la gobernadora bonaerense dio un giro de 180 grados, al aceptar
un esquema que había combatido tenazmente en sus primeros tres años de gestión.
Pasó de defender acuerdos salariales de 18 meses, con ajustes por
inflación futura –siempre alineados a las metas del Banco Central- a aceptar la
cláusula gatillo por inflación pasada cada tres meses, previo reconocimiento de
lo perdido en 2018 (un 10%, más el pase de sumas fijas al básico).
Lejos de asumirlo como una contradicción, lo presentó como "una
buena noticia" en un anuncio oficial. De hecho, en su equipo lo celebraron como un método
"inteligente" para evitar huelgas durante las elecciones, en
contraposición con los acuerdos semestrales que impulsaba hasta hace poco Sica.
Así como en otras épocas hubo referencias para el resto del mercado –el
"techo Moyano" en el gobierno de Néstor Kirchner o el "techo
Caló" durante el de Cristina Kirchner-, ahora el acuerdo con los docentes
de Buenos Aires empieza a ser visto como un "piso" para el resto de
la dirigencia sindical.
De hecho, se habla de un
"modelo Vidal" para justificar las propuestas de estos días en las
mesas de negociaciones.
Este antecedente mete más presión a la secretaría de Trabajo, en donde
rechazan la cláusula gatillo y el ajuste salarial por inflación pasada. De
todas formas, el ánimo reinante es el de atenuar en lo posible las señales de
indexación, en un contexto en que el Gobierno se debate entre reactivar la
economía y evitar una espiralización de la inflación.
|