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Por Juan Diego Wasilevsky - Una guerra comercial que tiene lugar a
miles de kilómetros de la City porteña le está metiendo presión al tipo de
cambio y, en paralelo, le está pegando de
lleno a la soja, uno de los grandes pilares de la estrategia oficial para
mantener contenido al dólar, de cara a las elecciones.
La pulseada por aranceles e importaciones que están librando Estados
Unidos y China, junto con una grave crisis sanitaria en la industria porcina
del gigante asiático -que a su vez está provocando un desplome de sus
importaciones de granos-, configuraron un cóctel que le está pegando de lleno a
la cotización de las materias primas y también a las monedas de los países
emergentes.
Y este cuadro llega en un mal momento para el Gobierno, dado que está en
plena cuenta regresiva de cara a los comicios, intentando controlar el tipo de
cambio y con un Banco Central que busca mostrarle al mercado que tiene poder de fuego, pero sin intenciones de
tener que sacrificar reservas.
Tal como
diera cuenta iProfesional, el titular de la entidad monetaria, Guido
Sandleris, apuesta a contener las expectativas demostrando que tiene los
dólares suficientes para intervenir, pero esperando no tener que salir a vender
divisas, evitando mostrar una señal de debilidad que empuje al mercado a testear al BCRA, un escenario que podría
gatillar una mayor sangría verde.
Sin embargo, en este complejo juego de estrategia que viene
desarrollando el Central, el mercado internacional viene a complicar el plan oficial:
el anuncio por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, que anticipó
que podría imponer fuertes aranceles a los productos chinos, reavivó una pelea
comercial que parecía saldada y alteró a los mercados.
La reacción fue inmediata: ante el temor de una escalada entre dos de
las más grandes potencias del mundo, los
mercados cayeron y las monedas de los emergentes se devaluaron. Y el dólar en la Argentina volvió a avanzar, hasta acercarse a
los $46. Y si bien la entrada de divisas por parte de los exportadores aquietó
un poco las aguas y le puso un techo a la suba del billete verde, el escenario
que se abre genera incertidumbre entre los analistas.
Sucede que el impacto de la contienda entre EE.UU. y el gigante asiático
tiene un lado B: están sufriendo –y mucho-, las materias primas, comenzando por
la soja. No solo es el primer producto exportado por la Argentina, sino que el
campo tiene la pesada mochila de asegurar la provisión de dólares
"genuinos" en plena carrera hacia los comicios.
Y el escenario no es alentador para el Gobierno: este lunes, en Chicago, la oleaginosa llegó a tocar el precio
más bajo en una década, si bien luego recortó pérdidas.
El problema que enfrenta el macrismo, en plena "temporada
alta" de liquidación de agrodólares, es múltiple: al bajar el precio
también se reduce el valor proyectado de la cosecha.
Así, en plena volatilidad del tipo de cambio y un precio de la
oleaginosa en caída, el contexto empuja a
más productores a apostar por una estrategia del tipo "wait and see";
o, dicho en criollo, a "sentarse" sobre la cosecha.
El director de la consultora Agritrend, Gustavo López, una de las voces
más escuchadas del sector, lanzó un mensaje contundente: "El Gobierno
debería estar preocupado: está bajando el precio de la oleaginosa y con esto se
va a reducir un poco el ingreso fiscal. Pero lo más importante es que está
provocando que haya mucha más cautela por parte de los productores, que ahora
están menos apurados por desprenderse de mercadería".
El mercado internacional "complota" contra el BCRA
Este lunes, los precios futuros de la soja concluyeron la sesión en
baja, alcanzando su nivel mínimo de los últimos siete meses, tras haber tocado
el peor registro en una década.
Lo que gatilló esta caída fue el mensaje de Trump vía Twitter de que
elevaría los aranceles a importaciones de origen Chino por u$s200.000 millones.
"A la amenaza de los Estados Unidos, que provocó una liquidación
masiva en los mercados de acciones y commodities, se sumó la reciente presión
vinculada a las expectativas de que los agricultores estadounidenses cambiarán
parte del área del maíz por soja", agregaron desde la Bolsa de Rosario.
Así las cosas, el mundo podría asistir a una nueva megacampaña de granos
a nivel mundial, lo que elevaría los stocks.
Esto, en un contexto en el que la
economía china se viene desacelerando y que, más preocupante aún, enfrenta una
crisis sanitaria en su industria porcina que hace prever una abrupta caída de
sus necesidades de granos.
Según el economista Gustavo Garzón, del IERAL, en China se desató una
crisis por un brote de Peste Porcina Africana (PPA). Esto generó que estén
cayendo con fuerza las importaciones de harina de soja para alimentación
animal.
En concreto, las compras del gigante asiático del complejo oleaginoso se
desplomaron un 26% entre noviembre y marzo respecto del mismo período anterior,
lo que equivale a unas 10 millones de toneladas menos.
"Si este motor desacelera o, peor aún, se apaga, como está
sucediendo este año, es una mala noticia
para los proveedores mundiales de proteínas vegetales, entre los que se
encuentra Argentina", alerta Garzón
"Esta combinación de oferta abundante con ralentización de las
compras de granos por parte del gigante asiático se siente en los precios
internacionales de este año. Y para Argentina no es un tema menor, dado que se
trata de su principal complejo exportador", agrega el experto.
La cotización sufre el impacto
El tuit de Trump fue suficiente para darle una estocada final a la soja,
que en Chicago llegó a rozar los u$s295 por tonelada, el peor nivel en una
década, si bien luego recortó pérdidas.
Y la realidad es que en el plano doméstico el cultivo estrella hace
tiempo que está dejando de brillar: el año pasado, cuando se estaba iniciando
la campaña en la Argentina, la tonelada en el recinto de Rosario cotizaba a
u$s280. Sin embargo, en enero, el precio para entrega en mayo ya se pactaba
a u$s250, según detalla López.
"Lo peor es que ahora se están
pagando poco menos de u$s210 por tonelada. Es una caída muy importante, con un valor
actual que está muy por debajo de las expectativas iniciales. Por eso hay más
productores esperando a que mejore el precio o a que aumente el dólar", apunta.
En este contexto, el consultor Salvador Di Stéfano, con fuerte prédica
en el sector rural del área del Gran Rosario, también alerta que "la soja
no para de bajar y no sabemos si se trata del piso".
Muchos granos por vender
El problema es que esta contracción está operando cuando todavía queda
la mayor parte de la producción por comercializar y en un contexto en el que
las estadísticas todavía no dan tranquilidad al mercado, incluso cuando este lunes ingresaron divisas que
calmaron un poco las intranquilas aguas de la City:
-Según CIARA, en abril se liquidaron u$s1.915 millones. Si bien se trata
de una cifra un 39% superior al mismo mes de 2018, este nivel se encuentra casi
13% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
-Si se considera el acumulado desde enero, las cerealeras llevan
liquidados u$s6.100 millones. Es un buen dato, pero que no se corresponde con
la megacosecha que se logró este año, dado que implica una caída de casi 1%
respecto al mismo período de 2018 y una contracción de más del 10% en relación
con el promedio de los últimos cinco años.
"Esto es consecuencia de que los
productores optaron por desprenderse primero del maíz y del trigo y están
aguantando lo más que puedan la soja", agrega López.
Y estas declaraciones encuentran sustento en los datos oficiales,
brindados por la Secretaría de Agroindustria, que confirman la lentitud con la
que el sector rural se está desprendiendo de la mercadería:
-En concreto, según el último dato publicado, los exportadores y la
industria llevan compradas 16,9 millones de toneladas de soja, frente a una
producción de 56 millones.
-De este modo, la relación compra sobre producto es del 30%, unos dos
puntos por debajo del promedio del último lustro.
-No solo eso: con casi 20 millones de toneladas más que la campaña
anterior, el volumen vendido por los
productores es casi exactamente igual que el del año pasado.
Así las cosas, en la actualidad quedan más de 32 millones de toneladas
de soja para comercializar en el mercado doméstico, a lo que se suman casi 27 millones de
maíz.
"El hombre de campo ve un precio muy bajo y espera un rebote que es
difícil que diga presente. No quiere usar los mercados de futuro, y teme que el
Gobierno no controle al dólar. Esto inmoviliza y
hace que se posterguen decisiones", alerta Di Stéfano.
Se abarata la cosecha
Según estimaciones del IERAL, cada 10 dólares que cae la oleaginosa en
el mercadointernacional el valor de la cosecha se achica a razón
de u$s550 millones.
Considerando el precio que se pactaba a comienzos de año, esto implica que en el lapso de los últimos cuatro
meses, el complejo exportador ya estaría resignando más de u$s1.600 millones.
Es verdad que existe un respaldo concreto de una mega cosecha por detrás
y que los productores tienen ciertas urgencias financieras que hacen prever que
en breve se podrá acelerar el ritmo de liquidación. Sin embargo, para los
expertos, son varios los factores que deben preocupar al Gobierno.
La foto al día de hoy muestra que los dólares que han ingresado hasta el
momento están por debajo del promedio de los últimos años; que las ventas por
parte de productores también están retrasadas y que el precio internacional
viene en baja, abaratando el valor estimado de la cosecha.
Como marcan algunos analistas, la tensión no surge tanto por el flujo
concreto de divisas, sino por las expectativas y el temor a que el Banco
Central tenga que salir a intervenir para contener al tipo de cambio y que esto
dispare las luces de alerta sobre el verdadero poder de fuego de la entidad.
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