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Por Claudio Zlotnik - Un arma de
doble filo. Una movida arriesgada. Y, al mismo tiempo, necesaria. Así perciben
los inversores extranjeros el tema que por estas horas acapara la atención del
ambiente político argentino.
Un rápido sobrevuelo por la sede
de los principales fondos basados en Wall Street deja a la vista la
preocupación con la que es percibido el actual escenario. La gobernabilidad en
los meses que faltan para las elecciones son monitoreadas bien de cerca por los
principales bancos de inversión. Lo mismo que las encuestas que calientan el
camino hasta las PASO, en el mes de agosto.
Se sabe: el gran "cuco"
para las elecciones se llama Cristina Kirchner. Y, luego de ver las últimas
encuestas, en las que CFK mide más que Mauricio Macri en el balotaje, los financistas no quieren correr
riesgos: por eso mismo, el índice de "riesgo país" se estableció por
encima de los 900 puntos.
En Wall Street, cada vez se
escuchan voces más críticas hacia la estrategia de polarización de la Casa
Rosada; y ahora crece el temor a que esta movida para rubricar un acuerdo con
las figuras de la oposición no pase de una movida electoralista. En el sentido
de que vuelva a profundizar la grieta y agrande, todavía más, la figura de la
expresidenta.
El economista
de un banco europeo, con presencia en Wall Street y con bonos de la deuda
argentina en su cartera de inversiones, lo pone en estos términos: "Si
sale mal, el Gobierno se habrá gastado la bala de plata que tendría para el
caso de que vuelva a recalentarse el mercado cambiario", afirma, en
diálogo con iProfesional.
"Ojo que puede dinamitarse
un pacto político en serio, en caso de que la desconfianza empeore",
sugiere otro analista, también desde Wall Street.
El escenario en la Argentina es
analizado con rigurosidad por los principales bancos y fondos de inversión
instalados en Nueva York. La mayoría de ellos fueron grandes compradores de las
emisiones de títulos públicos entre 2016 y principios de 2018.
Uno de ellos resultó ser uno de
los mayores suscriptores del bono "centennial", a mediados de 2017.
Hoy en día, reconocen en esa institución, existe una gran preocupación por la
economía argentina y por el desarrollo político. Y admiten que, más de una vez,
aprovecharon una recuperación de los precios para vender algo de sus tenencias
en Argentina.
"No nos
sentimos cómodos con lo que está pasando. Y muchas veces no podemos justificar
ante los directivos nuestra posición en una Argentina tan convulsionada. Y
entonces vendemos a pérdida", comenta
uno de los analistas que, cada mañana, poco después de sentarse en su
escritorio y observar la apertura de los mercados globales, tiene dos
reuniones: una con el "desk" (la mesa de operaciones) y otra con su
jefe. Y ahí se definen la estrategia diaria.
El acuerdo político, motivo de
desconfianza
Resultó interesante lo sucedido
justo antes del último fin de semana en Los Angeles. Un grupo de fondos de
inversiones mantenía un cónclave para analizar la situación argentina. En
simultáneo, comenzaron a trascender los primeros detalles de la intención de la
Casa Rosada por convocar a un acuerdo de gobernabilidad a los líderes de la
oposición.
La mayoría de esos operadores no
comprendía el motivo que llevaba a Macri a ese llamamiento. Y, al contrario de lo percibido
por el propio Gobierno, esa movida llevaba más confusión al mundillo de los
negocios financieros.
"Desde que ganó
Mauricio Macri en 2015, esta es la primera vez que me mantengo al
margen. Es la primera vez que soy vendedor en un momento en el que se acomodan
los precios", confiesa uno de los asistentes, según supo iProfesional de
fuentes que asistieron a esa serie de reuniones entre financistas.
La cuenta que
sacan esos operadores luce sencilla: "Mientras Macri tenga chances de perder la reelección, nosotros
preferimos observar el proceso desde afuera. No queremos ser protagonistas aun
sabiendo que los precios de los bonos resultan tentadores. Seguimos como
testigos de lo que pasa. Aguardaremos a conocer el resultado final", afirma otro de los protagonistas.
Para terminar de comprender la
postura y el desconcierto reinante en Wall Street respecto de las últimas
decisiones de la Casa Rosada, vale la apreciación de uno de los fondos que
intentó infructuosamente vender los títulos de deuda argentina: "No les
creen a los candidatos de la oposición. Ni a Cristina Kirchner y tampoco a
Roberto Lavagna, de quien los inversores conservan un mal recuerdo por la
reestructuración de 2005".
Es más. Los financistas -tras las
críticas de Sergio Massa y del propio Lavagna antes del fin de semana-
interpretaron que fueron los dirigentes de la oposición los que rompieron los
puentes hacia el acuerdo político. No están atentos a los detalles; por eso
mismo, algunos banqueros locales interpretan como riesgosa a la jugada del
Gobierno.
Puertas adentro, para el consumo
mediático local, la búsqueda del consenso con los referentes de la oposición
puede ser interpretada como una jugada audaz de la Casa Rosada, para aprovechar
la quietud del mercado cambiario.
De hecho, no parece una mala idea
reemplazar los carteles con la cotización del dólar en las pantallas de televisión por un debate sobre
política donde se juega una posible reunión entre Cristina y Macri.
No hay dudas de que el Gobierno
ha logrado sacar del medio el vértigo y la angustia por el precio del dólar y ganó el centro de la agenda pública con otra
cuestión menos estresante.
Ahora bien: a
los ojos de Wall Street, ese recambio no resulta tan lineal. Para los
financistas, la credibilidad de la clase política argentina -post default 2001-
se ha reducido a un número parecido a cero. Es bajísima.
Y, contra lo
que podrían argumentar en el primer piso de la Casa Rosada, la movida podría
traerle algún dolor de cabeza adicional ya que -interpretan- "la
estrategia le va a dar más centralidad a Cristina Kirchner", justo lo
contrario de lo que les gustaría apreciar a los inversores internacionales.
De hecho, en algunas oficinas de
Nueva York, ponen como ejemplo lo sucedido, días pasados, con Máximo Kirchner.
El hijo de la expresidenta
aseguró en un acto público:"No me interesa el humor de los mercados
financieros ni del Fondo Monetario Internacional. Van a tener que esperar en la
Argentina, primero tenemos que poner por delante la enorme deuda interna que
está generando este Gobierno".
Muchos analistas interpretaron de
inmediato esa frase como la insinuación de un canje compulsivo de bonos y una
renegociación hostil del acuerdo con el FMI.
Esos dichos contrastan con los
que, en las últimas semanas, transmitieron -frente a inversores
internacionales- Axel Kicillof y Emmanuel Álvarez Agis, los dos principales
referentes económicos del espacio político kirchnerista.
Para los financistas, ese juego a
dos bandas del kirchnerismo puedo ser un buen juego político (un discurso hacia
adentro, para la militancia) y otros bien distinto para el consumo de los
bonistas.
En ese juego de espejos, el
diagnóstico de Wall Street es unívoco: bajo un mandato de Cristina, la crisis se espiralizaría ante la desconfianza inversora. Y
que, ante esa situación, no quedaría otro camino que la reestructuración de la
deuda.
El riesgo de un efecto boomerang
En definitiva,
se da la paradoja de que la jugada política ideada por el macrismo con el
declarado objetivo de devolver tranquilidad a los inversores externos pueda
tener un "efecto boomerang".
Acaso, quien haya dado la mejor
explicación haya sido el propio Macri, quien durante la "semana
histérica" de abril, en que el dólar se disparó y el riesgo país superó la marca de los
1.000 puntos, dio su visión sobre una volatilidad que consideraba
injustificada: "Internacionalmente tuvimos apoyos de todos los países y
líderes, pero los mercados son distintos. Son tipos sentados en una oficina con
visión de oportunidad, que no conocen Argentina ni tienen por qué conocerla. Lo
que pasa con el riesgo país es que dudaron de nuestra convicción a seguir
nuestro camino. Pensaron que podemos volver atrás".
Desde aquel momento, el Gobierno
intentó varios golpes de impacto en la opinión pública -entre los que
sobresalen el permiso del FMI para vender dólares cuando el Banco Central lo
juzgue necesario- pero el riesgo país no ha mejorado ostensiblemente. Hubo una
caída marginal hasta la zona de los 920 puntos, algo que todavía no alcanza
como para decir que los fantasmas del default están disipados.
Y, efectivamente, los operadores
están haciendo exactamente lo que Macri temía que harían. Tienen medio de que Argentina
pueda volver a sus peores prácticas. Y al ver que Presidente convoca para un
acuerdo a los opositores no juzgan que eso sea una postura de fortaleza, sino
de debilidad.
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