La Argentina y Brasil zanjarían temporalmente una de sus principales diferencias el próximo 31 de enero, cuando está previsto que ambos países suscriban la Cláusula de Adaptación Competitiva (CAC) un mecanismo reclamado por el país para frenar el ingreso masivo de productos del socio mayor del Mercosur.
Luego de finalizar su visita a Brasil, el presidente Néstor Kirchner aseguró que se alcanzaron acuerdos que representan un salto cualitativo en la relación bilateral. "La idea es que el 31 de enero se firme la CAC", confirmó el mandatario.
El gobierno brasileño aceptó el miércoles verbalmente los límites que proponía la Argentina para evitar que las exportaciones de un país dañen la industria del otro, y disipó el malestar surgido en el gobierno y el empresariado argentino por el creciente déficit comercial bilateral. El último año, los intercambios entre ambos países dejaron un saldo favorable de u$s 3.000 millones para el país vecino, lo que no hace más que despertar señales de alarma a nivel local.
En los últimos años, Brasil se mostró reticente a aceptar que sus exportaciones pudieran estar dañando a las industrias argentinas. Sin embargo, el malestar al interior del Mercosur por los disparidad de beneficios obtenidos entre los socios llevó en el último tiempo al gobierno del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva a reconocer que debe equilibrar el desarrollo del bloque.
Propuesta argentina
En septiembre del año 2004, la Argentina propuso la creación de un mecanismo automático que permita a cualquier miembro del Mercosur elevar los aranceles a la importación de un determinado producto cuando se registre un riesgo para su propia industria. Luego de superar la resistencia inicial, Brasil condicionó la creación de la CAC a que ésta sólo pueda aplicarse luego de una concienzuda investigación que demuestre perjuicio, y no de manera automática, tal como pretendía la Argentina. Además, el país vecino exige que en ningún caso la medida pueda tener un plazo de vigencia mayor a los tres años, un tiempo que considera prudente para que una industria pueda mejorar su competitividad.
Ayer, Kirchner no ocultó su satisfacción por haber avanzado durante su viaje en el principal conflicto comercial con Brasil. El mandatario reconoció que la integración de ambas economías no es fácil pero destacó las coincidencias políticas con el gobierno de Lula.
A pesar de que la mayor parte de la comitiva presidencial retornó ayer a Buenos Aires, un pequeño grupo de funcionarios encabezado por el secretario de Industria, Miguel Peirano, permaneció en Brasilia para terminar de definir el acuerdo. La posta de las negociaciones después del encuentro entre Lula y Kirchner había sido tomada primero por la ministra de Economía, Felisa Miceli, quien se reunió el miércoles con su par brasileño de Industria, Luiz Furlan, con quien coincidió en que el entendimiento ya está logrado "en un 80 por ciento".
Los negociadores todavía no logran ponerse de acuerdo sobre quién será el encargado de determinar con independencia cuándo se produce el daño sobre una rama industrial y en qué plazo corresponde aplicar la medida.