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Por Gabriel Rubinstein - Dividamos la pregunta
en dos períodos: cómo bajar el riesgo país hasta el 10 de diciembre y cómo
bajarlo desde el cambio de gobierno. Desde el 10 de diciembre es fácil la
respuesta teórica: políticas sensatas que generen buen grado de consenso
interno, que promuevan el crecimiento económico, con políticas fiscales,
monetarias y cambiarias adecuadas y mostrando una enorme voluntad de pago de
las deudas. Es mucho más difícil llevar eso a la práctica. Y claro está,
dependerá mucho de quién resulte finalmente el presidente elegido en las urnas
para que pueda liderar un proceso así.
Hasta el 10 de diciembre veo dos áreas en las que se debería actuar: la
financiera y la política.
En lo financiero, luego de lo logrado en términos de capacidad de
intervención cambiaria (cuestión que debe profundizarse aún más), una política
que debería ser viable sería constituir un fondo, digamos de unos US$5000
millones (idealmente, del doble), provenientes mayormente de las reservas del
BCRA (excepto si se consiguiera una ayuda extra externa), a fin de desarrollar
estrategias de recompra de deudas. Pueden ser estrategias directas, como
recompra de bonos (títulos que vencen en 2020 o 2021), o indirectas, como poner
dólares en garantía de préstamos bancarios, de modo de poder apalancar compras
de bonos por montos superiores (por ejemplo, poder comprar US$10.000 millones
en bonos, incluyendo algunos de más largo plazo).
El Gobierno debería aprovechar que se escuchan voces opositoras que
dicen: "Se van a gastar reservas del BCRA que se necesitarán para pagar
deuda", y que desde el propio kirchnerismo se dice "vamos a honrar la
deuda". ¿Quién podría entonces oponerse a que el Estado anticipe compras
de vencimientos aprovechando los bajos precios actuales? Sería una manera
concreta de mostrar voluntad de pago, y el riesgo país saldría de la zona
actual tan alta, la que por otra parte tiende a incentivar la compra de dólares
como único refugio antes de las elecciones.
En el campo político tendríamos varias opciones. A mi juicio, la más
contundente sería que pudiéramos vislumbrar desde ahora que podría haber, de
verdad, un gobierno de "unidad nacional" desde el 10 de diciembre.
Una coalición, sobre la base de Cambiemos-PJ Federal invitando al resto de
partidos, pareciera ser lo mejor para llevar adelante políticas consensuadas,
con dirigentes a cargo también consensuados.
Es obvio que un gobierno así debería concordar previamente los ejes
centrales de su política. Sé que sería arduo pasar de las generalidades a un
programa concreto, pero lo veo más posible de lo que normalmente se piensa.
Esta opción, de máxima, no la podemos descartar, pero luce poco
probable, principalmente por la oposición que al menos han mostrado hasta ahora
desde la cúpula de Cambiemos.
Otras opciones incluyen que tenga algún éxito la convocatoria actual del
Gobierno y que el mundo vea que en la Argentina hay más unidad de la que parece
y mayor voluntad de pago de la que se aprecia.
Combinando ambas cosas, acción financiera concreta con acción política
concreta, el riesgo país debería bajar en forma apreciable. Y este largo camino
hasta el 10 de diciembre podría transcurrir con mucha menos angustia. Evitar
que estos meses sean traumáticos es responsabilidad primaria de Mauricio Macri
y su gobierno.
Un paso importante se ha dado en materia cambiaria. Un paso en gestación
es haber convocado al diálogo a las fuerzas políticas en busca de consensos
concretos.
Pero habría que profundizar aún más en lo cambiario, concretar acciones
en el campo financiero, por ahora ausentes, y avanzar más clara y
contundentemente en busca de consensos políticos.
Director de GRA Consultora; exdirector Ejecutivo de la Bolsa de Comercio
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