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Por Esteban Lafuente -
Calmar el dólar. Aplazar
aumentos de transporte y tarifas de servicios públicos. Congelar precios de
bienes de primera necesidad. Lanzar programas de créditos con tasa subsidiada.
Inaugurar obra pública. Mauricio Macri sumó
su nombre al listado de quienes, desde el sillón de Rivadavia, recurren a este
tipo de medidas en la antesala de una elección presidencial.
Con matices y perfiles particulares, según la realidad que impuso el
escenario macroeconómico y político de turno, estas iniciativas se han repetido
en los sucesivos gobiernos democráticos en la historia argentina, en un intento
de mejorar el clima electoral, apuntalar la imagen del gobierno en contextos
económicos adversos y capitalizar en votos las herramientas que solo tienen a mano
los oficialismos.
"Medidas electoralistas no hay. Son medidas para cuidar a los
argentinos", sostuvo el ministro del Interior, Rogelio Frigerio ,
al defender las iniciativas anunciadas recientemente por el Gobierno en materia
económica, que pretenden contener el tipo de cambio, fomentar el consumo con
estímulos de ingreso y aplacar los efectos de la inflación, que con el
proyectado 4% de abril superaría el 16% en el cuatrimestre.
En materia cambiaria, luego de la suba del dólar en las últimas semanas,
el Gobierno archivó el dogma de la flotación que imperó desde octubre
tras la renegociación del
acuerdo con el FMI. Tras conseguir el aval del organismo, el Banco
Central comunicó que volverá a intervenir
libremente vendiendo reservas para evitar una disparada en la
cotización de la divisa. Fue el tercer cambio en este sentido, luego de
anunciarse la venta de US$60 millones diarios por parte del Tesoro a partir de
abril y el congelamiento del techo de la banda cambiaria en $51,45 hasta fin de
año.
Como estrategia, anclar el dólar en un año electoral no es novedoso.
Tras el estallido de la Convertibilidad en 2001, un esquema de atraso cambiario
que se volvió insostenible aún con abultado endeudamiento y venta de activos
estatales, recurrieron a esta estrategia Cristina Kirchner y
el propio Macri, en 2017. "Es un esquema muy común en años electorales,
porque permite, anclando un solo precio (el dólar), mantener o aumentar el
ingreso real de la población en general y, de ahí, dar una sensación mayor de
bienestar", explica Martín Kalos, fundador de Epyca Consultores.
Con este mecanismo, que permite incrementar el salario real en dólares
que da más aire al consumo y estimula la actividad económica, se intenta además
poner un freno a la suba de precios, dado el fuerte vínculo que existe con el
tipo de cambio en algunos rubros como los combustibles, los alimentos o los
bienes con componentes o insumos importados.
Sin embargo, la última década muestra que esta estrategia genera
consecuencias negativas: luego de apreciar el tipo de cambio en años impares,
los pares trajeron suba del tipo de cambio, repunte de la inflación y caída del
PBI, además de la implantación del cepo cambiario luego de las elecciones de
2011. Además, impacta en la reservas: en 2018 la presión devaluatoria se
consumió US$15.000 millones y no impidió que el dólar superara los $40.
Además del corset al dólar, la batería de medidas incluyó iniciativas
novedosas al manual de Cambiemos, como el congelamiento de precios
de 64 productos de la canasta básica durante al menos 180 días
acordado con 16 grandes empresas ( Precios Esenciales ),
o la postergación de
aumentos de tarifas en servicios públicos. Esta iniciativa, que
pone en suspenso el esquema de recomposición tarifaria gradual impulsado por
Macri desde su llegada a la Casa Rosada, lo acerca a gobiernos anteriores: tras
la crisis de 2001, Duhalde impulsó la Ley de Emergencia Económica y, entre
otras medidas, congeló las tarifas de los servicios públicos, algo que se
mantuvo durante las gestiones del kirchnerismo.
"Estas medidas tienen el objetivo de dar un alivio puntual, pero no
hacen la diferencia. El Gobierno tardó mucho en reaccionar y dar cuenta de las
presiones de sus aliados. En algún punto, son demasiado poco y demasiado tarde,
y no hay mucho indicio de que esto haya funcionado por mucho tiempo en todo el
mundo", apunta el politólogo Sergio Berensztein.
Entre otras políticas de ingresos, el Gobierno reactivó el Procrear con
10.000 créditos subsidiados, prorrogó el Ahora 12 hasta el 31 de agosto, lanzó
un plan de pagos en 60
cuotas para quienes tienen deudas con la AFIP . extendió el
programa del 50% de descuento a compras en supermercados con plásticos del
Banco Provincia y lanzó, entre otras medidas para el sector
hipotecario, un mecanismo de seguros para aliviar el impacto de la
inflación sobre las cuotas. No obstante, la apuesta fuerte es el relanzamiento
de los créditos con fondos de la
Anses para jubilados y beneficiarios de AUH con tasa
subsidiada. En menos de dos semanas, se superó el millón de préstamos
otorgados.
Según el politólogo Luis Tonelli, estas medidas apuntan al sector que
puede definir la elección. "La clase media baja 'pendulea'. Votó contra el
kirchnerismo en 2017 y hoy está en un intríngulis porque no le gusta ninguno de
los dos", sostiene.
La estrategia replica el esquema de 2017, cuando el Gobierno entregó más
de tres millones de créditos, y se construyó sobre el esquema Argenta creado en
la gestión anterior. En esa oportunidad, el lanzamiento de la AUH, en octubre
de 2009, luego de la derrota en las elecciones legislativas, le permitió al
gobierno recuperar la iniciativa y apuntalar su camino a la reelección de 2011.
Según Marina Dal Poggetto, el paquete de medidas choca con la rigidez
del programa monetario. "Ya en 2017, cuando se prestaron $50.000 millones
entre julio y octubre con los créditos de la Anses, tuviste una política
expansiva inconsistente. Son medidas que intentan mostrarle al electorado que
el Gobierno está haciendo algo, pero que chocan con la política monetaria, que
retira pesos y contrae el crédito, y se vuelve más contractiva cuando se genera
desconfianza y la inflación no baja", afirma la economista.
La caja de herramientas a disposición de Cambiemos este año no ofrece,
sin embargo, muchas opciones en un factor que cada oficialismo, a nivel
nacional, provincial y municipal, explota ante cada elección: la obra pública.
Según el Presupuesto aprobado para 2019, las partidas para este rubro cayeron
un 30% en términos reales, como consecuencia del programa acordado con el FMI,
que impuso un ajuste del gasto del 2,5% del PBI para llegar al equilibrio
fiscal primario. Según los números del Ministerio de Hacienda, el gasto de
capital en el primer trimestre del año creció un 27% en términos nominales,
frente a una inflación acumulada en 12 meses del 54,7%.
A su vez, los proyectos de participación público-privada (PPP),
destinados a ocupar este año el lugar vacante por el recorte de fondos nacionales,
quedaron truncas tras el avance judicial de la causa de los cuadernos de las
coimas y la suba del riesgo país. Con el Estado Nacional con la billetera
ajustada, el mayor margen de maniobra para hacer obras este año estará en los
presupuestos provinciales.
"En general, todos los gobiernos aumentan estas partidas. Ejecutan
o aceleran obras que generan empleo en un sector vulnerable como es la
construcción y tiene carácter federal. Difícilmente se vayan a ver obras de
largo plazo, porque generalmente no son visibles y no resultan prioritarias en
un año electoral. Se suelen priorizar obras que se pueden ver en la vida
cotidiana y dan una sensación de buena gestión, aunque este año se mantienen
obras poco visibles, como la instalación de cloacas", apunta Kalos.
De las ambiciosas iniciativas de Fernando De la Rúa, que a mediados de
2000 presentó su Plan Federal de cinco años por US$21.000 millones, o Eduardo
Duhalde, quien en 2003 incluyó 14.000 proyectos en su plan Manos a la Obra -que
luego no se ejecutó-, este año la apuesta de Cambiemos tiene otra faceta,
aunque buscan mantener la iniciativa con la presencia sus principales figuras.
Desde el Gobierno, se entusiasman con que, en los meses previos a las
elecciones, Macri pueda inaugurar casi 1000 obras en diferentes puntos del
país.
Además de iniciativas más sencillas y que menos presupuesto demandan
como la pavimentación de calles o el metrobús, el emblema urbano de esta
gestión, la apuesta es inaugurar proyectos que hace tiempo están en marcha,
como la extensión de la línea E del subte, el Paseo del Bajo o los viaductos
ferroviarios en la ciudad de Buenos Aires, que se financiaron en parte con la
venta de terrenos y bienes estatales.
Fernando de la Rúa
Presidente 1999-2001
Sostuvo su promesa de campaña y extendió la convertibilidad que
establecía la paridad peso-dólar, que demandó privatizaciones y un alto
endeudamiento
Anunció un plan de obras públicas de cinco años por US$21.000 millones,
pero quedó trunco
Eduardo Duhalde
Presidente 2002-2003
Asumió en un contexto de transición, devaluó y pesificó deudas y
depósitos para allanarle el camino a su sucesor
La ley de emergencia económica, sancionada en enero de 2002, congeló las
tarifas de los servicios públicos, entre otras medidas
Néstor Kirchner
Presidente 2003-2007
Asumió con superávits gemelos (público y de cuenta corriente) y un tipo
de cambio alto que permitió impulsar las exportaciones
Mantuvo el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y pagó
US$9800 millones al FMI con reservas del Banco Central
Cristina Kirchner
Presidenta 2007-2015
Luego de su derrota en las legislativas de 2009, creó la Asignación
Universal por Hijo con fondos de la Anses
Continuó con el congelamiento de las tarifas, en un contexto de
aceleración de la inflación y manipulación del Indec
Mauricio Macri
Presidente desde 2015
Al igual que en 2017, acaba de lanzar un programa de créditos para
jubilados y beneficiarios de la AUH con tasa subsidiada
Congeló precios en 64 productos básicos, postergó aumentos de tarifas y
relanzó Procrear para otorgar 10.000 créditos
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