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Por Pablo Wende
- Cuando se le pregunta a los economistas que frecuentan a Federico
Sturzenegger cuál fue la peor decisión que tomó al frente del Banco Central,
contestan: "haber usado reservas para defender el tipo de
cambio". El año pasado, el BCRA vendió USD 15.000 millones, pero el
dólar igual subió 110%. Ahora que el FMI autorizó a la entidad a vender para
evitar que el dólar se descontrole, los mercados igual plantean dudas: ¿hasta dónde
puede llegar la intervención, cuántas reservas estaría dispuesto a perder el
Central y será realmente efectivo para calmar la presión
cambiaria? Y más aún: ¿cuál sería el momento preciso para empezar a
vender reservas?
Por ahora, ninguno de estos interrogantes tuvo que ser respondido. La
liquidación de dólares del complejo cerealero pegó un salto notable, como se
esperaba para mayo, y eso ayudó a mantener el tipo de cambio a raya. Se pasó
una semana complicada: a la reaparición de Cristina Kirchner se le sumó la
guerra comercial entre Estados Unidos y China. Pero el peso tuvo un
comportamiento razonable: se devaluó prácticamente lo mismo que el resto de las
monedas emergentes.
Fue, pese a todo, una semana sin sobresaltos y el dólar minorista terminó
la semana abajo de los $ 46. Pero en el equipo económico temen que se trate de
un fenómeno transitorio. El calendario electoral empezará en breve a
venirse encima y aumentará la incertidumbre. Esto llevará a una mayor búsqueda
de cobertura, a través de la compra de dólares. Siempre fue así en años
electorales y este año se espera que lo sea mucho más.
El cierre de la semana política tampoco arrojó grandes sorpresas. Todo
se encamina a que la pelea sea entre Cristina, Mauricio Macri y Roberto
Lavagna. Habrá que seguir con atención el resultado de las elecciones de
Córdoba. Una victoria amplia de Juan Schiaretti lo transformaría inmediatamente
en un árbitro de peso para definir la interna de Alternativa Federal.
La tranquilidad de los mercados coincidió además con las nuevas
encuestas divulgadas a lo largo de la semana, que marcan cierta mejora en
las chances electorales del Gobierno. Cristina le sigue ganando a Macri en una
primera vuelta, pero en el ballotage prácticamente no se sacan ventajas.
Pero el proceso electoral entra en tiempo de descuento. Falta poco más
de un mes para que los candidatos presenten sus listas y luego todo se volverá
vertiginoso hasta llegar a las elecciones el 27 de octubre y tres semanas
después la segunda vuelta.
La posibilidad de que el Central venda reservas se mantiene latente. Casi
no hay dudas de que en algún momento tendrá que intervenir, pero es difícil
pronosticar cuándo. Se trata, sin embargo, de un arma de doble filo. Es
posible que los inversores busquen testear cuántas reservas estará dispuesto
Guido Sandleris a perder por día. Además, cuando aparece el Central quienes
ofertan dólares virtualmente desaparecen hasta que quede claro cuál es nuevo
valor de equilibrio de la moneda. Este proceso se vivió no con poco dramatismo
a lo largo de 2018.
¿De qué le sirvió a Sturzenegger o a su sucesor, Luis Caputo, salir a
vender reservas en momentos críticos? El actual titular del Central tendrá que
hacer su propia experiencia si llega el momento. Pero mientras tanto, la
decisión es mantener la tasa de Leliq en niveles muy altos.
Pese al proceso de desinflación por delante (se estima que en mayo
estará en torno al 3% y en un promedio de 2,5% en adelante), el margen de
reducción de tasas será muy estrecho. La propia política monetaria que viene
llevando adelante el Central casi no deja margen para un alivio. La
incertidumbre política también es un factor determinante.
La base monetaria debe mantenerse fija -sin variaciones- hasta fin de
año, según el compromiso asumido con el Fondo. De esta forma, sin expansión de
la cantidad de pesos y sin transferencias del Central al Tesoro, el resultado
es casi cantado: menos inflación en los próximos meses, pero muy altos niveles
de tasas de interés. La pregunta es cómo harán las empresas para enfrentar los
ajustes salariales cuando la cantidad de dinero en la economía no se mueve. La
respuesta es pagando cada vez más tasa.
Las Leliq arriba del 70% y plazos fijos que ahora pagan más del 50% a
los ahorristas son necesarios para contener al menos parcialmente la presión
cambiaria que se avecina. Claro que al mismo tiempo, la falta de pesos y
tasas tan altas impedirán la salida de la recesión. Los datos ya conocidos de
marzo mostraron que la reactivación de los primeros meses de 2019 duró un
suspiro y que casi todos los sectores siguen cayendo. En particular el comercio
minorista.
Con escasos pesos en la calle, las altas tasas de interés, y la
continuidad del proceso recesivo, se apuesta a que haya menos recursos para
correr contra el dólar. La apuesta del ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne, y Sandleris es mantener al tipo de cambio controlado, pero
especialmente con poca volatilidad. Aún cuando la consecuencia sea una mayor
parálisis de la economía.
Ante la cercanía de las elecciones se trata de optar por el mal
menor. Si ya no hay tiempo ni chances de una reactivación, al menos que el
dólar no dé sorpresas en los próximos meses. Dentro del Gobierno también
lo reconocen. Y lo exponen de una manera casi brutal: es mejor
utilizar ahora las reservas disponibles y evitar una nueva crisis cambiaria que
dejárselas a Cristina para que vuelva a hacer populismo si vuelve al poder.
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