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Por Claudio Zlotnik - En el Banco Central confían en que, este
miércoles, cuando el Indec divulgue la inflación de abril, el número no sólo se ubicará por
debajo del IPC de marzo (4,7%) sino que, incluso, resultará inferior a las
estimaciones de la mayoría de las consultoras de la City.
El numerito que esperan los funcionarios es 3,6%.
En algunos despachos oficiales arriesgan un par de décimas menos. Igual, entre
ellos manda la cautela. No sería la primera vez que los pronósticos fallan.
Sucedió a comienzos de año, y también el mes pasado. Con lo cual no hay
demasiado interés en hacer apuestas.
El dato, sobre el que el Gobierno pone expectativas, ya fue evaluado
entre Nicolás Dujovne y Mauricio Macri. Será presentado
en público como la confirmación de lo que había adelantado el propio Presidente
un mes atrás: que la inflación de marzo se había tratado de "un
pico".
Si el Indec confirma esta información, la Casa Rosada comunicará que,
efectivamente, a partir de abril se notaría una desaceleración en materia
inflacionaria. "El inicio del camino descendente", como definió un
funcionario del área económica en diálogo con iProfesional. De hecho, la
secreta esperanza de los funcionarios es que para este mes de mayo, el índice
empiece con el número "2".
En efecto, desde el equipo económico argumentan, en base a los cálculos
propios, que existen algunos indicadores que dan cuenta de una desaceleración
de los precios. Sobre todo en el rubro alimenticio y también en la
"educación".
El primer motivo para el optimismo sobre una mejora es que todos consideran
imposible repetir un guarismo como el registrado en abril pasado. El impactante
4,7% es interpretado por los expertos como una situación rara, más justificada
por factores estacionales como los costos de la enseñanza que por una inercia
propia de este momento de la economía.
Pero, además, lo que creen los funcionarios es
que, inexorablemente, el duro apretón monetario empezará a hacer ver su efecto
sobre los precios. Hasta ahora, la consecuencia de la absorción de
pesos por parte del Banco Central no se reflejó en las góndolas, pero los economistas
saben que siempre existe un "efecto delay" en esas políticas.
Hay otras razones que alientan el optimismo sobre una inflación en descenso. Entre ellas, el reciente anuncio
del congelamiento tarifario para el segundo semestre. En una economía en el que
las subas de servicios públicos han sido uno de los principales lubricantes de
la indexación, ese tema puede ayudar a cambiar las expectativas.
Finalmente, el otro gran motivo para esperar una desaceleración de los
aumentos viene de la mano de la propia lógica recesiva. En la medida en que el
consumo siga frío, el mercado deja de convalidar los precios altos, que se
quedan sin demanda.
Todo esto, claro está, condicionado a que el dólar no vuelva a escaparse.
El mercado, expectante
El dato de la inflación es aguardado con ansiedad en la City. Un mal
número (de 4% para arriba) podría desembocar en una venta masiva de bonos de la
deuda por parte de los inversores y en una mayor presión sobre el tipo de
cambio.
Como ya sucedió tanto en enero y abril.
El informe de inflación se ha convertido ya no sólo en un indicador del
(mal) funcionamiento de la macroeconomía. Su difusión, a pocos meses de las
elecciones, se transformó en uno de los principales acontecimiento políticos.
Todas las encuestas de opinión pública coinciden en que el
encarecimiento del costo de vida se encaramó como el tema más preocupante de la
sociedad. Un hecho relevante, de cara a las próximas elecciones. La última
encuesta de la consultora Management & Fit, realizada antes del fin de
semana, lo certifica: el 34,8% de los consultados mencionó a la suba de precios
como la principal preocupación.
Por otra parte, la elevada inflación deja en evidencia la mala praxis del Gobierno
para solucionar el principal problema económico del país. Y, para peor, cuando
sale más arriba que lo esperado, termina por agitar las ya convulsionadas aguas
financieras.
A esta altura, los inversores
observan la aceleración inflacionaria como un impulsor de la imagen negativa de
Mauricio Macri. El evidente malhumor social por las
remarcaciones y la pérdida del poder adquisitivo podría decantar en menores
votos para el oficialismo en las PASO de agosto próximo y, en contraposición,
una mejora en las chances de Cristina Kirchner de convertirse en futura
presidenta, aun cuando CFK no ha revelado si será nuevamente candidata.
Pronósticos privados, ¿demasiado optimistas?
La consultora Elypsis, una de las más relevantes en el seguimiento de
los precios en las góndolas, estima que la inflación de abril dio 4%. Una décima por encima calcula
Eco Go, la consultora dirigida por Marina Dal Poggetto. Lo mismo que el Estudio
Ferreres.
En todo caso, la pregunta que cabe a esta altura de la crisis refiere a si el Gobierno logra encauzar la
dinámica inflacionaria, de cara a las elecciones.
Dal Poggetto asegura que "todo depende de la
suerte del dólar". Y que ese recorrido está supeditado, a su vez,
por "la política". En concreto: del reflejo que marquen las encuestas
a medida que se acerquen las PASO, primero, y las elecciones generales de
octubre, dos meses después.
Así como están las cosas, Eco Go viene midiendo un mes de mayo un poco
más tranquilo en materia inflacionaria, "como producto de la severa recesión
que atraviesa la economía y golpea el consumo", explica Dal Poggetto.
Para la consultora, mayo debería apuntar a un 3%
de inflación siempre y cuando el tipo de cambio se mantenga
en el actual andarivel. Que no tenga otro sobresalto. A esta altura de la crisis, los economistas suelen advertir que la volatilidad
cambiaria puede regresar a pesar de las medidas restrictivas tomadas por el
BCRA y el Gobierno.
Mientras tanto, a punto de finalizar la primera quincena de mayo, en las
góndolas se nota una moderación en la suba de las carnes, sobre todo en las
"rojas". No así en la carne aviar y en los fiambres, que continúan
con alzas más fuertes (del 5% promedio en este último rubro).
También vuelven a encarecerse algunos lácteos y, en cambio, las frutas y
las verduras funcionan como un moderador de la inflación del mes.
Lo mismo ocurre con los panificados y farináceos, que registraron leves
aumentos en los primeros días de mayo.
De todas formas, Dal Poggetto cree que es poco factible que se cumpla el
pronóstico publicado por el último REM del Banco Central, que marcó un 40% para
este año. La economista la ve más cerca del 45%. Siempre y cuando, el dólar no dé una nueva sorpresa. Algo que, justamente,
nadie puede descartar bajo las tensiones del proceso eleccionario.
Dal Poggetto utiliza un simple cálculo: para que la inflación de 2019 llegue al 40% (como dice el REM),
debería dar un 2,4% mensual hasta fin de año. La economista considera esto como
optimista. En cambio, prefiere hablar de
una inflación mensual más cerca del 2,8% y, si fuera así, la
escala anual treparía al mencionado 45%. "Algo que a esta altura
luce más real", pondera.
Recesión y precios
Para algunos economistas, la severa recesión debería jugar, en algún
momento, como un ordenador de los precios. Hasta ahora eso no se ha verificado,
ni siquiera con la "ayuda" de una política monetaria durísima, que se
propuso dejar de incrementar la cantidad de pesos en circulación, en un intento
por no convalidar la inflación.
En algunos rubros, la caída en el consumo luce
estrepitosa: en el caso de las bebidas gaseosas, la merma llega al 20% promedio, con un severo
castigo sobre las primeras marcas, que son las que más han subidos los precios
en los últimos meses. En el caso de los yogures, la baja de las ventas alcanza
al 25%.
Pero esta vez, el Gobierno confía en que la tasa inflacionaria irá, de
aquí en más, en declinación (leve). Y sería así por el efecto negativo de
la crisis, la recesión y el apretón monetario, que deja a los
argentinos sin pesos en los bolsillos y con pérdida de poder adquisitivo.
De aquí en adelante, no obstante, quedan al menos dos puertas abiertas,
que echan dudas sobre el optimismo oficial.
Una, la más evidente, tiene que ver con el panorama financiero: un salto
del dólarobligaría a hablar de otra realidad. No sólo en la
cuestión de los precios. Habría un nuevo orden político también.
Y la otra variable refiere a las próximas paritarias. En las próximas
semanas varios de los gremios más grandes del país cerrarán actualizaciones
salariales. Gran parte de ellos lo harán planteando revisiones obligatorias
trimestrales. Algunos, como los bancarios, podrían hacerlo cada mes.
¿Cómo influirán esas mejoras salariales en los precios? En algunas
empresas líderes se muestran escépticos. Y dejan trascender que no podrían
absorber esos mayores costos, en un contexto donde debieron reducir al máximo
las tasas de rentabilidad.Incluso más: algunas
empresas alimenticias aseguran que aún no han trasladado a los precios la
totalidad de la devaluación.
¿Son justificables, entonces, las perspectivas positivas del Gobierno?
"Siempre y cuando no se dispare otra vez el dólar", repite Dal Poggetto.
Será cuestión de aguardar a que pasen las semanas. La economía argentina
se vino acostumbrando a que los escenarios se evalúan, prácticamente, en el día
tras día.
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