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Por Liliana Franco - Después del
balde de agua fría que significó la decisión de la Corte Suprema, el buen dato
de la inflación 3,4% en abril trajo alegría a la Casa
Rosada. Para cualquier país normal tener una inflación anualizada de
55,8% es un desastre, pero el Gobierno prefiere quedarse con el
vaso medio lleno y remarcar que el registro del último mes se ubica
1,3 puntos por debajo de pico de marzo.
Tanto en medios oficiales como privados estiman que continuará la desaceleración.
La mayoría de las consultoras económicas prevé un índice de 3% o algunas
décimas de punto por encima para el presente mayo.
En este sentido, el presidente del Banco
Central, Guido Sandleris se mostró – nuevamente –
confiado en que “las fuerzas económicas que reducen la
inflación ya están en marcha”. Como marco general destacó que “tenemos una política monetaria estricta y estamos recuperando los
equilibrios macroeconómicos básicos: equilibrio fiscal, un tipo de cambio
competitivo y precios relativos no distorsionados”.
A lo largo del discurso, Sandleris fue más preciso al reconocer que
contribuyeron a contener a la inflación dos aspectos clave: “Por un lado, el gobierno nacional anunció que prácticamente no
habrá nuevos aumentos de tarifas residenciales en lo que resta del año (anuncio
al cual se sumaron también algunos gobiernos provinciales). Por otro
lado, “el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable.”
Precisamente, el cierre de mayo traería una nueva desaceleración en
buena medida por la tranquilidad que viene registrando el dólar y, de la mano
de la divisa norteamericana, los alimentos. Mediciones privadas dan cuenta
de una suba del orden de 2% en el rubro alimentos y bebidas, es decir por debajo
del promedio de 3% que arrojaría el índice general.
Este mes habrá suba de tarifas pero no serán tan importantes como las de
abril pasado (teléfonos, transporte). También está previsto un aumento en la
medicina prepaga, pero no incidirán factores estacionales que empujaron al
índice del mes pasado como indumentaria (cambio de temporada) y turismo (Semana
Santa).
Los analistas consideran que, de no mediar saltos bruscos en el
dólar, el Gobierno tiene margen para continuar bajando la inflación. La
mayoría de las consultoras apuesta a que en los próximos meses tenderán a
calmarse los índices y que el año 2019 cerrará con una
variación de precios cercana al 40%.
Dado que en el primer cuatrimestre el promedio de suba fue 3,7%
mensual, en lo que resta del año el índice debería ubicarse en torno de
2,5% mensual para que se cumpla ese pronóstico de 40% hacia fin de año.
El precio que se paga en lo inmediato es una profunda recesión como
acaba de confirmar la Unión Industrial Argentina al señalar que la actividad
manufacturera en el primer trimestre de este año, que acumula una caída
superior al 9% e indicadores a la baja en todos los sectores. En marzo, los datos de empleo registraron una caída del 5,8%
interanual.
Si se mantiene la estabilidad cambiaria, el próximo capítulo importante
para predecir el aumento de precios serán los ajustes salariales. En
este sentido, la intención del Gobierno de mejorar el poder adquisitivo en la
antesala de las elecciones choca con la imposibilidad de las empresas de dar
aumentos en un contexto de profunda caída de ventas y pérdida de rentabilidad.
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