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Por Jorge Herrera - El próximo 22 de junio era para la gran mayoría el día “D”. Ahí
finalmente se van a conocer las candidaturas para la carrera presidencial de
las PASO. Ese día operadores e inversores, incluso los pequeños y medianos
ahorristas, esperan despejar los interrogantes sobre si el menú del 22-O va a
ser el polarizado “chicken o pasta”, Macri v. Cristina y viceversa, o habrá
alguna tercera opción. Sin embargo, CFK, que es mano en esta partida,
sorprendió abriendo, tempranamente según su tradición, el juego proponiéndose
como candidata a la vicepresidencia. O sea, parte del rompecabezas electoral se
despejó parcialmente. Pero aún todo es muy prematuro. Recién el próximo 12 de
junio se blanquearán las alianzas que darán lugar a las candidaturas
definitivas para las PASO, que se conocen el 22. Por eso el mercado se estaba
preparando, cautelosamente, para la apertura de los negocios del 23. Ya ahora,
con la manifestación de CFK que participará en las PASO, bajo el rol de
vicepresidenta, desde hoy puede decirse que comienza la temporada alta de test
diarios al BCRAque se extenderá a lo largo del tercer trimestre.
No debe olvidarse que la batalla cambiaria es clave y no solo para el Gobierno.
De modo que es dable esperar que resurjan las tensiones en el mercado
cambiario, testeando la voluntad del BCRA de defender un tipo de cambio ahora
que tiene las manos libres.
Mientras todos los
espacios políticos, ahora con la carta de CFK candidata (a vice), corren con
miras al 12 de junio, los inversores podrían comenzar ya a acelerar la
dolarización de carteras que se esperaba recién para dentro de un mes. No es
dable esperar hoy una hecatombe. Pero más allá de las especulaciones de los
analistas, todo depende de la lectura que hagan los pequeños y medianos
ahorristas de la fórmula “Alberto Fernandez-Cristina Kirchner”, lo que se
reflejará en la pulseada del mercado con el BCRA. Porque el accionar de los
grandes inversores y fondos corre por otro andarivel.
La aceleración de
la dolarización de carteras preelectoral debería ser gradual, sobre todo,
teniendo en cuenta, más allá de las diferentes estimaciones, el “poder de
fuego” del BCRA. Pero la experiencia histórica muestra que sucesos inesperados
detonan sobresaltos cambiarios que retroalimentan las expectativas. Quienes
desestiman una corrida cambiaria destacan que el dólar de hoy es, para empezar,
más alto ($45 vs. $38) que un año atrás. Sin embargo el dólar de hoy es, en
términos reales, equivalente al promedio histórico 1997-2019 (el promedio
1960-2019 o 1980-2019 ronda los $51). O sea, no es un dólar recontra alto. Es
más, según el Estudio Broda, el tipo de cambio real está hoy un 21% más
apreciado que en setiembre de 2018. Y cuando la gente percibe cierto
“abaratamiento” del dólar, no solo demanda más sino que acelera consumos como
el turismo al exterior. Es cierto que la contracción monetaria del BCRA resta
materia prima para la demanda de dólares. Pero lo que más inquieta son los
stocks, fundamentalmente, de plazos fijos y deuda en pesos. Según Quantum el
stock de plazos fijos en pesos privados ronda los u$s24.500 millones (en
setiembre 2018 era de u$s28.900 millones) y hay otros u$s10.000 millones en
Lecap y Lecer. Dos datos a tener presentes: por un lado aumentó la velocidad de
rotación de los depósitos privados (ante la aceleración inflacionaria) y por
otro lado los depósitos a plazo fijo en pesos (el 69% está a menos de 60 días
de plazo) comenzaron a caer (aunque esto vaya en línea con la restricción de
base monetaria) a pesar de las altas tasas.
Pero además está el
contexto externo. La guerra comercial entre EE.UU. y China complica a los
emergentes. A raíz de este conflicto, según datos del IIF, se dio días atrás la
mayor salida de capitales de los mercados emergentes desde octubre 2018. Demás
está decir que si esto empeora, seguramente habrá turbulencias cambiarias en
los emergentes y la Argentina no está del todo inmunizada.
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