
Por MATÍAS BONELLI - Los representantes de los gobiernos de la Argentina y Brasil se volverán a ver las caras hoy, desde las 12:30 en el despacho del Secretario de Industria, Miguel Peirano, e intentarán encaminar las negociaciones para poner en marcha las denominada Cláusulas de Adaptación Competitivas (CAC), una propuesta argentina que apunta a a reducir los desequilibrios en el intercambio bilateral y a ayudar a reconstruir ciertos sectores "sensibles" de la industria.
El compromiso de los presidentes Néstor Kirchner y Lula da Silva es tener todo cerrado el 31 de enero próximo, aunque los puntos todavía sin acuerdo hacen dudar de que así sea.
"Todavía tenemos mucho que hablar; nos separan varias decenas de puntos", señaló una fuente bien informada.
Ayer, la influyente Confederación Nacional de la Industria (CNI), la mayor agrupación empresaria brasileña, puso más presión sobre la de por sí delicada negociación al emitir un comunicado de rechazo a la aplicación de salvaguardias. "En caso de que prevalezca el modelo presentado por la Argentina, no ayudará a la recuperación de la competitividad de su industria y traerá impactos económicos negativos para los exportadores brasileños", indicó la CNI.
Según los industriales de ese país, la Argentina propone un mecanismo "automático" de salvaguardas, sin compromiso de reestructurar los sectores amparados por esa medida.
Si bien los focos de conflicto son variados, el gran punto en discusión sería el de la unilateralidad y su forma de aplicación. Dante Sica, presidente del Centro de Estudios Bonaerense (CEB) y ex secretario de Industria, explico que Brasil exige la conformación de una suerte de Tribunal de Notables –que estaría integrado por candidatos que surjan de ambos lados–, encargado de seguir de cerca el proceso burocrático que se iniciaría una vez entablada una demanda, aunque además debería corroborar que los números presentados por el demandante tengan asidero.
La Argentina, en cambio, estaría a favor de la primera parte de ese plan, pero es muy reticente a aceptar la segunda.
Sobre algunos de los puntos que todavía están en discusión, aunque aquí las diferencias serían menores, valen algunas especificaciones:
La duración de las CAC: sería de tres años y se podría prorrogar por uno más.
Su aplicación: el país que necesite usar este instrumento deberá demostrar el daño ocasionado. A partir de entonces los dos países deberán instar a sus empresarios a que lleguen a un acuerdo en el plazo de 60 días.
El control: los empresarios brasileños pretenden que su gobierno controle el programa de adaptación competitiva.
Las garantías: en Brasil quieren que una vez aplicada una salvaguarda, sus productos no se vean desplazados por importaciones de terceros países.
El encuentro de hoyLa reunión de hoy estará encabezada por Miguel Peirano, por el lado argentino. Del lado visitante, una media decena de directivos brasileños acompañará a Mauro Vieira, embajador en la Argentina.
El viernes próximo cambiarán los roles y serán los brasileños quienes recibirán a los argentinos, en Río de Janeiro. De ese encuentro debería salir el acuerdo final.
La semana pasada, en Brasil, Kirchner puso énfasis en la importancia de llegar a un acuerdo para el desarrollo mutuo, en tanto que Lula exigió más profundidad en la integración y reconoció la necesidad de un desarrollo industrial equilibrado.