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Por Julián
Guarino - ¿Fuga y misterio? En medio de una pax cambiaria que parece
extenderse en el tiempo, la genial composición de Ástor Piazzola prefigura la
que ya es una pregunta cada vez más potente con respecto al dólar. El aval
del FMI a la venta de sus divisas para contener la escalada del dólar durante
la campaña electoral y el adiós a la banda de flotación trajo lo que se
esperaba: más fuga (salida neta de dólares del sistema bancario) y más
misterio. Por el lado de la “formación de activos externos” (así se la
llama a la fuga), se disparó 32,2% tomando abril de este año y
comparándolo con abril del año pasado. Los datos del BCRA alarman:
solamente en las cuatro semanas de abril, esa cuenta totalizó u$s 2.341
millones, 13,9% más que en marzo. Son u$s 68.388 millones desde que el
presidente Macri comenzó su gestión.
Conjetura uno, la megadevaluación no desincentivó la demanda de divisas.
Conjetura dos, la intensidad de esta demanda crece a medida que nos acercamos a
la fecha de las primarias presidenciales. Tres; a este ritmo los dólares del
FMI alcanzan, pero dejarán a fin de año una situación dramática en las reservas del
BCRA. Cuatro; la cuenta capital (por donde salen los dólares) hace rato que
levantó la barrera del peaje y no hay control alguno. Cinco; en poco más de un
mes, nos “comimos” los u$s 10.800 millones del último desembolso del Fondo por
el pago de deuda y las subastas a cuenta del Tesoro. Seis; cada vez que se paga
un bono, esos dólares no vuelven. Siete; las “reservas” hoy tienen u$s 67.096
millones pero, atención, solamente un tercio son de “libre disponibilidad”
porque el resto son préstamos varios. Pese a las cifras, en el entorno del
presidente de la autoridad monetaria, Guido Sandleris, mantienen la calma
porque según analizan “la caída de reservas está dentro de lo calculado
por la propia entidad”. En ese sentido explican que las reservas se fueron
moviendo de forma consistente con los pagos que fue realizando el Tesoro y con
las ventas diarias de los 60 millones de dólares. Tal es así, que cuando
ingresan los desembolsos del FMI, las reservas crecen y cuando los fondos se
van utilizando, lógicamente disminuyen.
Una cuenta sencilla aporta. Por ejemplo, hasta el comienzo de esta
semana, los últimos 25 días hábiles habían dejado un retroceso de u$s 10.478
millones en el número de reservas. Son algo así como u$s 291.000 por hora.
Claro está que esa cifra contiene los u$s 1927 millones que bajaron las
reservas, por ejemplo, por el pago de u$s 2250 millones del Bonar 2024. Si bien
los depósitos en dólares en los bancos crecieron casi
u$s 700 millones desde entonces (llegaron a u$s 30.948 millones, récord
histórico), esto dejó un saldo negativo en el BCRA. El próximo 21 de junio el
bono “Dual” paga su último vencimiento, unos $ 98.000 millones. El desafío será
importante: hacer que, una parte importante de eso no vaya al dólar.
La paradoja es que si bien el nivel de reservas que tenía el Gobierno no
se condecía con la inestabilidad cambiaria, ahora que el BCRA parece haber
alcanzado cierta “comodidad” en el manejo del mercado (el dólar se mantiene en
la brecha de los $46 / $46,80), la secuencia de caída de las reservas podría
generarle un daño colateral: el nerviosismo por el rápido descenso. Otro
peligro es que el nuevo esquema cambiario retroalimente los temores de los
inversores especulativos sobre la capacidad de pago de los títulos de deuda que
vencen el próximo año producto de la pérdida de reservas e impulse de nuevo al
alza los indicadores de riesgo. Lo dicho entonces: no sólo se trata de la
“fuga”, también del “misterio” sobre lo que traerá.
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