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Por Pablo Wende
- La caída de ventas, baja de rentabilidad y suba de la tasa de interés impacta
de lleno en uno de los aspectos más sensibles para la banca: la salud de los
deudores. Los datos publicados ayer muestran que la cantidad de morosos en
el sector bancario se duplicó en relación a los niveles de hace un año. Sobre
el total de préstamos, la cartera irregular ya se ubica en el 4% en marzo,
mientras que hace un año era de apenas 1,9%.
Este deterioro en el cumplimiento de préstamos es un fenómeno inédito en
la última década. Y muestra hasta qué punto se complicó en los últimos meses la
situación del sector privado. En marzo, por ejemplo, la suba de los atrasos fue
de 0,2 puntos porcentuales en apenas un mes.
En el desagregado surge que el ratio de morosidad en el caso de las
empresas llega a 3,8%, mientras para que las familias es de 4,5%, incluyendo
tarjetas de crédito y préstamos personales. "La morosidad de los créditos
hipotecarios a las familias permaneció en niveles relativamente bajos en el
cierre del primer trimestre: 0,26% para los denominados en UVA y 0,61% para los
restantes, sin cambios relevantes en lo que va de 2019″, indica el informe
sobre Bancos que describe la situación a marzo.
Aún con este incremento, todo indica que la irregularidad sería mayor
que la expresada por el informe. Esto se debe a que los bancos procuran
refinanciar las deudas impagas,especialmente en el caso de las empresas. En las
entidades reconocen que negocian con las empresas que muestran dificultades
para pagar, ya sea por caída de la facturación o por el aumento de las tasas,
entre otros factores.
Algo parecido pasa con las deudas de las familias. Por ejemplo, para
que un deudor sea considerado moroso no debería pagar el mínimo de la
tarjeta y recién se considera en situación irregular a los 30 días
del incumplimiento original (la fecha de vencimiento del resumen del plástico).
Desde el Central destacan que más allá del deterioro de la cartera
crediticia, las previsiones por incobrabilidad que efectúan los bancos es muy
elevada. De esta manera, no corre peligro los niveles de solvencia de las
entidades.
Otro emergente de la caída de la actividad económica que impacta fuerte
en el sector financiero es la caída en el volumen del crédito. La cartera de
préstamos apenas crece en términos nominales, pero obviamente significa una
fuerte reducción en términos reales. La suba de las tasas hizo evaporar la
demanda de crédito y los bancos dedican la mayor parte de su liquidez a la
compra de las Leliq emitidas por el Central.
En comparación con marzo de 2018, el saldo de financiamiento a las
empresas disminuyó 13% en términos reales. Por su parte, el saldo de crédito a
las familias cayó 3,2% real con respecto a febrero. En términos interanuales
los préstamos a las familias se redujeron 17,7% real. Se trata de un derrumbe
que registra pocos antecedentes en años recientes, sólo comparables con los
registrados tras el estallido del 2001.
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