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Por Diana Mondino
- La Argentina pretende ser un supermercado para el mundo. Ese es un gigantesco
desafío, y no solo por los vaivenes macroeconómicos. Hace pocos días se realizó
en San Pablo el APAS Show 2019, un gigantesco congreso para supermercados, el
más grande de América Latina. Contó con más de 900 expositores y lo visitaron
más de 100.000 personas. Tuvo representación de empresas brasileñas, por
supuesto, y también de muchos otros países, entre ellos, la Argentina.
Exportadores e importadores tenían una fiesta de opciones, con productos
de la mayor variedad, dedicados tanto al consumidor final como a productos
intermedios o para mejorar la gestión de los propios supermercados. Los
productores argentinos llevaron productos tan variados como miel, aceitunas,
cerveza artesanal, dulce de leche, ajo o pulpa de frutas y vinos.
En el mundo hay más de 7500 millones de personas, todas con diferentes
costumbres, requerimientos y poder adquisitivo. Millones de proveedores
intentan satisfacerlas. De la misma manera que no hay un solo consumidor
típico, tampoco hay un solo supermercado, sino muchísimos, que requieren de
diferentes combinaciones de productos, precios y calidades.
Un evento como APAS Show deja muchas enseñanzas: la más elemental y casi
obvia es que la cantidad de productos similares es apabullante. Distinguir por
calidad y origen es extremadamente difícil. No existe un producto que satisfaga
a todos.
Por ejemplo, la carne argentina tiene ya de por sí diferentes niveles de
calidad y los consumidores tienen diferentes gustos: elegirán por cantidad de
grasa, tipo de corte y su acondicionamiento, como las versiones "fresca",
"congelada" o "al vacío".
Es decir, no se vende "carne" ni se vende a "X"
país. Solo se vende a un cierto comprador que requiere cierta mercadería. Las
indispensables gestiones del Gobierno para abrir un mercado no significan que
tengamos compradores, sino que esos compradores no tendrán obstáculos
regulatorios en su país. Al mismo tiempo, solo se puede lograr que el
consumidor esté interesado en los productos si están disponibles y son mejores
o más baratos.
Cuestión de gustos
Dadas las similitudes entre muchos productores, el comprador elegirá por
precio o por disponibilidad. Hay desde productos básicos de bajísimo precio y
con calidad simplemente aceptable hasta productos premium que atienden un nicho
extremadamente exigente. APAS Show mostró una abrumadora variedad.
También crecen en importancia las nuevas tendencias en nuevos productos,
como los nutracéuticos o las comidas "funcionales", dedicadas
especialmente para ciertos mercados. Esos productos tienen mayores precios y el
trabajo de encontrar el nicho apropiado no es nada simple.
Al mismo tiempo, los sistemas de gestión crecen en complejidad y son de
necesidad imperiosa. Desde control de stocks hasta administración fiscal, nada
escapa a la posibilidad de mejorar procesos. La libreta del almacenero tiene
poco lugar en el siglo XXI.
Quienes estudian el comercio internacional analizan las ganancias de
bienestar de los países al mismo tiempo que los patrones de movimientos de
bienes, servicios y capital. Desde los grandes clásicos, como Adam Smith o
David Ricardo, hasta varios premios Nobel, como Paul Krugman, Bertil Ohlin,
James Meade o Robert Mundell, los economistas han estudiado las implicancias
del comercio.
La conclusión es unánime desde hace 250 años: el comercio mejora el
bienestar tanto de compradores como de vendedores. La discusión debe centrarse
entonces en cómo transitar la apertura de la economía que tanto necesita la
Argentina y cómo asignar los recursos o distribuir los costos.
Inserción en el mundo
Sin tanto conocimiento ni teoría económica los productores del mundo
están aprovechando los cambios revolucionarios en comunicaciones y logística
con drásticas reducciones de costos de transporte y de acceso a la información.
Desde hace ya más de dos décadas es muy difícil analizar la exportación
de un producto "terminado", sino que hay que considerar las cadenas
globales de producción. Es un mundo muy cambiante en lo político y en la
tecnología: basta ver las relaciones entre Estados Unidos y China en los últimos
años. Lo que ayer funcionaba puede no ser tan práctico mañana.
En todo proceso se requieren insumos internacionales, las cadenas
logísticas suelen tener actores internacionales y, por definición, al exportar
se deben utilizar servicios del país de destino o intermedios (puertos,
despachantes, logística interna y la propia red del comprador). Por ello, es
imposible considerar que un producto es totalmente argentino. De la misma
manera, la exportación de energía o productos industriales es impensable si no
hay integración con nuestros proveedores y clientes. Tampoco puede creerse que
simplemente exportaremos sin importar otros productos.
Justamente porque ningún producto es totalmente creado y producido en un
solo país es que tenemos una muy buena oportunidad. El aprendizaje que se
obtiene de una feria como APAS Show, y de lo que otros países hacen para
fomentar sus propias exportaciones, es vital para lograr crecer rápidamente.
Tanto en el sector privado como en el público, las experiencias e historia de
otros países no podrán ser reproducidas por el nuestro, pero nos sirven de
guía.
La acción de las agencias gubernamentales argentinas, menos tibia que
hace unos años, es de gran ayuda. Sería insensato pretender que sea la única
forma de acercarse a otras naciones: se deben eliminar barreras, pero cada
empresa debe recorrer el difícil camino de la credibilidad y confiabilidad por
sí misma. Las alianzas ayudan mucho y ya hay varios ejemplos en la Argentina.
Los empresarios presentes en San Pablo están orgullosos de sus productos y
apabullados por la competencia. Intentaron y lograron superar muchas barreras.
¡Esperemos que pronto haya muchos ejemplos más!.
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