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Por Juan Strasnoy Peyre
- La megadevaluación y la consecuente recesión empezaron a mejorar el
preocupante rojo de las cuentas externas. Según estimaciones del BCRA, el déficit de cuenta
corriente pasará a representar el 2,2% de la economía este año, 3,2 puntos
menos que en 2018, cuando se ubicaba en un insostenible 5,4%. Es decir que
seguirán saliendo más dólares del país de los que entran, pero menos que antes.
La contracara es un salto en el peso de la deuda sobre elPBI, un indicador de
sustentabilidad financiera, que pasó del 57,1% a fines de 2017 al 86,2% al
cierre del año pasado. La eterna manta corta de las divisas en el país volvió
al centro de la escena y puso en evidencia los pros y contras de tener un dólar
alto en términos reales, como proponen la mayoría de los economistas que asesoran
a los candidatos presidenciales.
Hoy por hoy, los referentes económicos del oficialismo y de los
opositores con más chances electorales, incluidos los de Alberto Fernández,
coinciden en que el dólar no debe apreciarse y que debe moverse por encima de la
inflación para evitar que crezcan los desequilibrios externos y se repitan
escenas como la del año pasado: que un déficit de cuenta corriente
insostenible, con el grifo del endeudamiento cerrado, termine en un shock
cambiario.
Es que, cuando el dólar se atrasa respecto del IPC, el alza de las
importaciones y del turismo al exterior genera una sangría de dólares que lleva
a endeudarse o devaluar. Pero cuando el tipo de cambio real sube en forma
abrupta genera dispara el peso de la deuda sobre el PBI. Más aún ahora,
después de que el actual Gobierno impulsara un fuerte endeudamiento en dólares
a punto tal que los compromisos en moneda extranjera superan el 70% del total.
Esto aumenta la tensión financiera al despertar temores de default en los
acreedores.
El cuadro actual es el mejor reflejo. Tras el salto cambiario de más del
100%, el primer cuatrimestre dejó un superávit comercial de u$s3.150 millones
(en el mismo lapso de 2018 hubo un rojo de u$s3.300 millones). El rojo
turístico no se revirtió pese a la devaluación aunque empezó a achicarse.
Mientras, los bonos argentinos se desploman y el riesgo país supera los 900
puntos porque los fondos especulativos descuentan una reestructuración de deuda
en el próximo mandato.
Amilcar Collante, economista de Cesur, lo explicó así: "Al subir,
el dólar ajusta el desequilibrio de cuenta corriente por las malas: como ahora,
caen las exportaciones alrededor del 30% y también se achica el déficit de
turismo al viajar menos los argentinos al exterior. Eso es lo que pide el FMI:
No consuman más dólares de los que producen. Al mismo tiempo, la deuda externa
argentina está altamente dolarizada y al tener saltos del tipo de cambio real
sube el ratio de deuda PBI porque
el tamaño de la economía medido en dólares se achica".
El analista señaló que este es un problema clave a considerar en el
próximo Gobierno. Y planteó: "Hoy, hay un tipo de cambio competitivo pero
hay que ver cuán sostenible es. Se necesita exportar más para generar divisas
genuinas y hay que resolver el problema de la inflación, que es lo que lleva a
atrasar rápidamente el dólar. Y entonces, en Argentina se repite que crece el
rojo externo y, si no se puede cerrar, termina licuándolo el mercado con un
proceso de devaluación y caída del PBI".
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