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Wall Street tiene la misma sospecha que el Gobierno: sin estabilidad
cambiaria y sin una inflación a la baja no hay reelección posible para Mauricio
Macri. Es casi una certeza. De la que se desprende la percepción
compartida de que de acá hasta las elecciones de octubre esa estabilidad del
dólar está casi garantizada, salvo que un golpe de mercado le tuerza el brazo
al Banco Central.
Otra coincidencia entre los analistas es que no fue tanto la política
con sus primeras definiciones de candidaturas sino algunos datos económicos
positivos lo que en los últimos días calmó las aguas del mercado. En
primer lugar la baja de la inflación. Esa lectura augura también una
situación cambiaria que puede mantenerse sin grandes variaciones en el mediano
plazo.
"La estabilidad del tipo de cambio no proviene del escenario
político, porque ha habido mucho ruido desde ese lado, positivo y negativo,
sino que tiene que ver más con la caída de la inflación, que ha sido
importante, y la política fiscal y monetaria del Gobierno, que ha drenado la
plaza", le explicó a Infobae Walter Molano, principal estratega para
mercados emergentes de BCP Securities, de Nueva York.
Benjamin Gedan, responsable del Argentina Project del Wilson Center, en
Washington, destacó otros datos que Wall Street siguió con atención. "El
Gobierno está alcanzando las metas presupuestarias acordadas con el Fondo
Monetario, y la devaluación y la recesión están produciendo un superávit
comercial", dijo.
Al mismo tiempo, sin embargo, "el statu-quo es sumamente frágil y
vulnerable a una variedad de shocks que van desde temblores en otros mercados
emergentes a datos inflacionarios que no dejan de ser preocupantes",
señaló Gedan.
En el océano de dudas que rodea al futuro de la Argentina los analistas
neoyorquinos creen que todavía no es momento de apostar al largo plazo. Pero
advierten que la volatilidad de los papeles argentinos ofrece oportunidades
interesantes para quienes estén dispuestos a correr riesgos en el corto. La
tasa norteamericana a diez años está en su punto más bajo desde 2017 y eso,
entre otros factores, "empuja" los bonos de los países emergentes,
incluidos los argentinos. "Es un mercado para traders",
graficaron desde uno de los grandes bancos estadounidenses.
Para los inversores más cautos, en cambio, es tiempo de espera, hasta
que la política local despeje los nubarrones del horizonte y pueda entreverse
algún escenario postelectoral.
"Técnicamente, la Argentina está en el piso de cotizaciones, con
precios buenos para comprar, pero no hay una tendencia clara ni se ve un
elemento que pueda gatillar una suba", dijo a Infobae un
operador del mercado. "Esperar y ver" es la consigna, completó.
Una duda central tiene que ver con la orientación que le dará a la
gestión económica el gobierno que asuma en diciembre. "Estamos ante una
elección reñida y polarizada, con riesgos para la continuidad de las políticas",
observó Alberto Ramos, analista para América latina en Goldman Sachs.
El ánimo de los inversores en el futuro cercano, agregó Ramos, "va
a depender de manera crítica de las señales que provengan de las encuestas y de
lo que los candidatos que van a competir con Macri digan sobre el mix de
políticas que van a impulsar, el respeto de los contratos y la relación con el
prestamista de última instancia de la Argentina, el FMI".
En el mercado no le otorgan a Alberto Fernández más
credibilidad que la que puede ofrecer Cristina Kirchner, de modo que esa
continuidad del esfuerzo fiscal, que el próximo gobierno deberá apuntalar con
reformas estructurales, está atada a un triunfo de Cambiemos o –en Wall Street
ya no la descartan como opción market friendly– del candidato que
surja de la interna de Alternativa Federal.
De hecho, la estabilidad de los últimos días es leída como un efecto
secundario de la designación de Alberto Fernández al frente de la
fórmula kirchnerista. "Algunos ahora creen que Macri gana seguro y por eso
se calmó el mercado y otros creen que gana un tercero, cosa que el mercado no
ve como algo tan negativo", señaló en off un estratega de
inversiones.
En cualquiera de los casos, opinaron en reserva los expertos consultados
por Infobae, habrá una negociación con el Fondo Monetario
Internacional para estirar los plazos de cancelación del crédito stand-by por
57.000 millones de dólares, lo que a su vez redundará en exigencias muy claras
por parte del organismo multilateral acerca de los plazos y la profundidad de
las reformas que el actual gobierno no pudo hacer o hizo parcialmente:
impositiva, previsional y laboral, casi con seguridad en ese orden.
Hasta ahora el FMI reiteró una y otra vez que el programa acordado en
2018 fue diseñado por las autoridades argentinas e incluso admitió sobre la
marcha varias modificaciones al acuerdo original sin apretar las clavijas. Una
alteración del calendario de pagos daría paso a una relación de otro tipo, que
vendría acompañada de una lista de exigencias, anticipan los analistas en la
capital norteamericana. Lo que no pueden predecir es con qué gobierno tendrá
que negociar el Fondo esas exigencias.
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