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Néstor O. Scibona
(LA NACION - 2/06/19) - La disminución de la volatilidad cambiaria
desde hace algo más de un mes es una buena noticia para el gobierno de Mauricio
Macri, ya que contribuye a desacelerar el ritmo de aumento de precios y -junto
con la suspensión de nuevos ajustes de tarifas- de las expectativas
inflacionarias en el tramo decisivo de la campaña electoral.
El punto de inflexión
fue el aval del FMI a las intervenciones del Banco Central con ventas no
programadas de reservas dentro de la extinguida banda cambiaria móvil, para
evitar saltos bruscos en las cotizaciones como los que se produjeron en abril
(de hasta 6% en una jornada). Evidentemente, el mercado creyó en el poder de
fuego del BCRA, que hasta ahora no debió intervenir para estabilizarlo, salvo
con ventas a futuro.
En mayo, el tipo de
cambio prácticamente no tuvo variación entre puntas (arrancó y finalizó el mes
en torno de $45,5), lo cual implicó además una revaluación frente a otras
monedas emergentes. También se mantuvo en términos reales el stock de depósitos
a plazo fijo en pesos, con tasas que ahora se ubican en torno de 51% anual pese
a la baja marginal en las de Leliq (de casi 74% a 70,7% anual), a costa de
mantener el consumo y la actividad económica con el freno de mano. Para la Casa
Rosada, un dólar estable es preferible a tasas más bajas, ya que la volatilidad
cambiaria pasó a ser un sinónimo de incertidumbre económica asociada a la
incertidumbre electoral.
Sin embargo esto no
significa que se haya frenado el drenaje de reservas del BCRA, otro flanco
sobre el que ponen la lupa los analistas. Desde el último desembolso del
créditostand by del Fondo (US$10.835 millones en la
segunda semana de abril), el stock de reservas brutas se redujo en US$12.778
millones a fines de mayo (de US$77.478 a US$64.700 millones), pese al arranque
de la liquidación de agrodólares de la cosecha. También hubo pagos importantes
a organismos internacionales y de servicios de bonos de deuda. Un dato saliente
del mercado cambiario fue que en abril la formación de activos externos del
sector privado (compras de divisas para atesoramiento) ascendió a US$2341
millones, el mayor monto desde agosto de 2018. En cambio, la salida de dólares
para viajes y turismo al exterior se redujo en 50% interanual (a US$394
millones). Los datos de mayo se difundirán en la segunda mitad de este mes.
Según la consultora
Econviews, que dirige Miguel Kiguel, en el primer cuatrimestre de este año la
compra neta de dólares billete por parte de residentes argentinos resultó
similar a la del mismo período de 2011 (última elección anterior al cepo
cambiario) e inferior a la de 2017 (elecciones legislativas). Pero si se
incluyen las inversiones de cartera de residentes y no residentes, la
dolarización es superior en ambos casos, pese a la mayor restricción monetaria
y la menor actividad económica. La explicación es que los no residentes ahora
están fuera de juego, a diferencia de 2017 cuando generaron un importante
ingreso de divisas para la compra de activos locales que fue revertido durante
la crisis cambiaria de 2018.
Kiguel sostiene que
la estacionalidad de las liquidaciones agrícolas, las licitaciones de dólares
del Tesoro (US$60 millones diarios) para hacerse de pesos y la facultad latente
del BCRA para intervenir en el mercado, permitieron hasta ahora mantener la
estabilidad cambiaria. No obstante, repara en que la evolución de los próximos
meses dependerá de factores políticos, ya que la incertidumbre electoral puede
repercutir en una suba de la volatilidad y la dolarización.
Por su parte, con el
mismo antecedente de abril, el Estudio Broda elaboró una simulación de lo que
podría ocurrir hasta fin de año con la oferta y la demanda privada de dólares
en el mercado único y libre de cambios (MULC).
La estimación indica
que la demanda excedente de divisas sería de US$3200 millones en el segundo
trimestre (que podrían cubrirse con las ventas de dólares del Tesoro) y
alcanzaría su pico en el tercero, antes de las elecciones presidenciales, con
US$8274 millones. Su conclusión es que, en este período, el BCRA debería vender
alrededor de US$4500 millones que, sumados a las subastas diarias del Tesoro
por un total de US$3840 millones, serían suficientes para evitar un salto
brusco del dólar. Luego, a la espera del resultado electoral, retrocedería en
el cuarto trimestre a US$3126 millones que también serían atendidos por la
oferta del Tesoro (US$2560 millones) más ventas del BCRA (por US$566 millones).
De cumplirse esta
proyección, la demanda excedente en el MULC totalizaría US$13.622 millones en
todo 2019, como resultado de una oferta privada de US$58.481 millones y una
demanda de US$72.103 millones). Así, resultaría sustancialmente inferior a la
de 2018, cuando ascendió a U$S25.180 millones por la crisis cambiaria.
Otra derivación de la
quietud cambiaria con mínimas oscilaciones fue planteada en un informe de la
consultora Quantum, dirigida por Daniel Marx, en el que advierte en mayo una
apreciación del peso de 2,1% promedio frente a las monedas de Brasil, Chile, los
Estados Unidos, México y Uruguay, que se eleva a 14,1% si se la compara con
octubre de 2018. El trabajo destaca que la estrategia de limitar la volatilidad
del tipo de cambio para alinear expectativas de inflación, tiene ciertos
beneficios de corto plazo pero implica ciertos riesgos si se extiende en el
tiempo y, a medida en que se conozcan las encuestas electorales, pueda quedar
sometida a stress por cambios de portafolio de los agentes económicos y menores
liquidaciones de divisas por exportadores.
"Como ejercicio,
si se supone un tipo de cambio nominal constante y una tasa de inflación
mensual promedio de 2,2% en el período de junio a noviembre, la apreciación
real acumulada promedio pasaría de 14% actual a 29%, con lo cual el tipo de
cambio real retornaría a niveles de mayo de 2018, previos a la fuerte
depreciación de ese año. Si, en cambio, el tipo de cambio nominal se depreciase
a la mitad de la tasa de inflación promedio, a fines de noviembre de 2019 el
nivel de tipo de cambio real promedio con esas monedas retornaría a niveles de
julio/agosto de 2018".
La incertidumbre
cambiaria pre y poselectoral también tiene su correlato en los mercados
externos, donde la posibilidad de un eventual triunfo de Cristina Kirchner se
entremezcla con el "prontuario" argentino de devaluaciones, defaults,
incumplimientos de contratos y cambios de reglas. Por caso, en la edición del
27 de mayo del Financial Times pueden
encontrarse tres referencias poco auspiciosas sobre la Argentina.
Una de ellas, datada
en Londres bajo el título "Factor Fernández", recoge la opinión de
Gordon Bowers, analista de Columbia Threadneedle para mercados emergentes, para
quien Macri ganó la confianza de los inversores por su respuesta a la crisis,
pero el potencial retorno al poder de CFK ha introducido un "descuento
democrático" sobre el valor del peso pese al atractivo que pueden
representar tasas de 70% anual. De hecho, ese fondo de inversión global dejó de
incluir desde abril en sus carteras a participaciones en moneda argentina. En
la misma nota también se indica que una inversión en bitcoins resultó desde
diciembre de 2017 mejor reserva de valor que el peso argentino, a pesar de la
volatilidad de esa criptomoneda.
En otra página, el FT
refleja declaraciones del magnate ucraniano Igor Kolomoisky, presentado como
sostén económico del nuevo presidente de ese país, el humorista Volodymyr
Zelensky, a quien recomienda seguir los pasos de Grecia, para rechazar la
austeridad del FMI y defaultear la deuda de casi US$4000 millones con el
organismo. "¿Cuántas veces la Argentina ha defaulteado y reestructurado su
deuda? Eso está bueno", dice. Quizás debería documentarse y advertir que
ese camino la obligó a transitar un desierto de 15 años sin acceso al crédito
voluntario en los mercados, más allá del destino de los fondos obtenidos cuando
lo recuperó y a los que estará obligado a volver a partir de 2020 para no
recaer en otra crisis en el sector externo de la economía.
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